El cambio por Realmuto continúa la triste tradición de los Marlins

1. Los rumores de un cambio por J.T. Realmuto comenzaron a aparecer en septiembre de 2016, como este:

"Con frecuencia se le pregunta a los Miami Marlins acerca de Christian Yelich y J.T. Realmuto, pero son reacios a separase de cualquiera de las dos estrellas en ascenso”.

No parece mucho, pero hay dos hechos claves. La primera es que esto ocurrió aproximadamente dos meses y medió después de que Realmuto se recuperara. Antes de eso, por ejemplo, hasta el 17 de junio de 2016 -él había estado bien, pero no era nada especial-: “Perfectamente adecuado lo que es probablemente su techo”, escribió Baseball Prospectus antes de la temporada del 2016 y hasta el junio de 2017, eso era lo que era, un bateador de contacto con poco poder y poca disciplina en el plato.

Pero el 18 de junio de 2016, él se calentó y nunca se enfrió. Su disciplina en el plato mejoró y eso continúa. Su poder sobre sobre las bolas mejoró y eso continúa:

Él ha liderado a todos los preceptos en WAR durante las últimas dos temporadas, tiene el “tiempo pop” más rápido que cualquier receptor, corre más rápido que cualquier otro receptor, y batea como un jardinero derecho. No sabrías que estaba sucediendo de inmediato, pero para septiembre del 2016 estarías convencido que era legítimo. Estaba con el sueldo mínimo de las Grandes Ligas y faltaban más de cuatro años hasta la agencia libre.

El segundo hecho clave es que era un Marlin. Para los Marlins, negar un rumor de un cambio es la certificación oficial del valor del jugador, y cuando ese hecho se certifica oficialmente, no importa lo que ellos digan: Lo están cambiando. En junio de 2017, los Marlins estaban “escuchando”. Para el próximo invierno, la otra mitad de esa negociación original, Christian Yelich, se había ido. Y ahora, Realmuto también.

De los 25 mejores jugadores de todos los tiempos de los Marlins en el WAR -Realmuto se ubica en el puesto 16- 23 fueron cambiados, en lugar de mantenerse hasta que llegaran a la agencia libre. Los otros dos fueron excepciones que prueban la regla: A.J. Burnett y los Marlins se odiaron hasta el final, pero Burnett llegó a la agencia libre porque el “muy discutido” acuerdo de enviarlo a Baltimore Orioles “tuvo un obstáculo” cuando intentaron meter más jugadores en el cambio. El otro, José Fernández, falleció en un accidente en un bote antes de llegar a la agencia libre. Los Marlins también intentaron cambiarlo, según el expresidente del equipo, David Samson, quien añadió que fue el otro equipo el que detuvo el acuerdo.

Esto no es normal. Los Colorado Rockies, que debutaron como franquicia al mismo tiempo que los Marlins, han mantenido a nueve de sus 25 mejores jugadores de todos los tiempos a través de la agencia libre o el retiro, y cuatro de esos 25 aún están en su roster. Los Arizona Diamondbacks han cambiado a solo 14 de sus mejores 25, e incluso los Tampa Bay Rays notoriamente proféticos, han mantenido a siete de sus 25 mejores de todos los tiempos en la agencia libre. Los Marlins son genuinamente extraños. Ellos cambian a todos.

Cada cambio es una historia. Pero estos 23 cambios juntos cuentan tres historias más grandes. El primero: Los Marlins son raros todo el tiempo. A su manera, son la franquicia más estable del béisbol porque su rareza es un estado permanente. Cada uno de estos cambios, por si solo, podría justificarse por razones económicas o de béisbol, pero ninguno de estos cambios se mantiene por sí solo. Todos son parte de la historia en curso de los Marlins: Quien los posee, quien los dirige, se convierte, por definición, en el Hombre de Florida.

2. Es un poco más complicado que eso. Las razones que dan los Marlins cuando cambian a sus jugadores han cambiado.

Regrese a la primera ola de cambios de los Marlins, justo después de su primer título de Serie Mundial, en 1997. La famoso venta de Wayne Huizenga en ese invierno incluyó cambios por Jeff Conine (número 11 en la lista de WAR en la franquicia) y a Kevin Brown (número 20). Los movimientos se justificaron por completo por necesidades financieras: Huizenga afirmó haber perdido $34 millones el año anterior, que no había manera de aumentar los ingresos en Florida sin un nuevo estadio y recordó la nómina para poder vender al equipo. Los Marlins estuvieron abiertos al hecho de que estaban empeorando un buen equipo. Ellos solo dijeron que tenían que hacerlo. No fue culpa de los Marlins, fue Miami.

Esta historia fue contada en los cambios de Gary Sheffield (número 15) y Charles Johnson (número 18) la siguiente primavera y por más de una década. Cuando ellos cambiaron a Luis Castillo (número 3) antes de la temporada del 2016, fue “un intercambio difícil por hacer pero necesario dada la corrección del mercado a nuestra nómina”, dijo Larry Beinfest, su presidente de operaciones de béisbol. Cuando cambiaron a Josh Beckett (número 19) y Mike Lowell (número 9), Beinfest dijo “este cambio es difícil pero es necesario debido a la corrección del mercado a nuestra nómina”. Ellos afirmaron que realmente querían mantener a Dan Uggla (número 7) pero no podían pagar la extensión que él quería. Después cambiaron a Miguel Cabrera (número 5) y Dontrelle Willis (número 10) el próximo año, el dueño Jeffrey Loria dijo en un comunicado: “No podemos ignorar las realidades económicas que enfrentamos, que cambiarán en el momento que estemos en la nueva instalación”.

Esa fue la historia: Realidades económicas. A ellos les gustaron a todos estos chicos. Ellos querían mantenlos. Simplemente no podían pagarlos sin más apoyo de los fans, sin más apoyo de la región, sin un nuevo estadio. Triste.

3. Pero el estadio financiado por los contribuyentes se inauguró en 2012 y la forma en que los Marlins hablaron de estos movimientos cambió. Esto es lo que han dicho después de cambiar a jugadores franquicia desde entonces:

  • Al cambiar a Hanley Ramirez (número 2 de todos los tiempos): “No sé cómo calificarlo, una venta por liquidación a los jugadores que están teniendo un desempeño espectacular. Cuando unimos al equipo, ninguno de nosotros tenía la menor idea que tendríamos un bajo rendimiento en masa”.

  • Al cambiar a Anibal Sanchez (número 22): “Seamos realistas. El grupo actual que estaba aquí no estaba ganando. No estamos ganando, así que también podemos intentar otra cosa”.

  • Al cambiar a Josh Johnson (número 4): “Terminamos en el último lugar. Descúbrelo”.

  • Al cambiar a Marcell Ozuna (número 14): “Vamos a construir esto de la manera correcta desde el principio”.

  • Al cambiar a Giancarlo Stanton (número 1): “Estamos tratando de arreglar algo que está roto”.

Estos son cinco ejecutivos diferentes -Samson, Benfest, Loria, Michael Hill y Derek Jeter- representando dos diferentes grupos de dueños pero que cuentan la misma historia. Ya no es “no hay suficientemente dinero aquí”, sino que “los jugadores no son lo suficientemente buenos aquí”.

Una forma de obtener mejores jugardores es ayudar a los jugadores a mejorar. Eso es lo que esa gran organización de jugadores, analistas, nutricionistas, entrenadores físicos y ejecutivos están teóricamente para: Son parte de este gran esfuerzo de colaboración para ayudar a los jugadores a mejorar. Cientos de jugadores importantes superan las expectativas cada año y una visión optimista del béisbol dice que es una razón más que suficiente para esperar.

Esta no es la historia sobre el béisbol que los Marlins han contado en la última década. Su visión del béisbol ha sido que los muchachos que contrataron son malos y que la franquicia debería comenzar de nuevo. Y más. Y más. Yelich estaba bajo control durante cinco años más cuando fue cambiado. Dee Gordon por cuatro, Stanton por al menos tres, Ozuna por dos y Realmuto por dos. Es una asombrosa falta de imaginación que no puede considerar otra salida de ese escenario que no sea un desmantelamiento.

Es una lástima porque muchos de los 25 mejores jugadores de todos los tiempos de los Marlins son fantásticos ejemplos de cuán impredecible es el béisbol y que cosas increíbles pueden pasar cuando un jugador trabaja duro, tiene buenos entrenadores, tiene algunas oportunidades y algunos buenos desarrollos inesperados se convierten en algo que realmente nadie vio venir. Realmuto, por ejemplo.