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Ancelotti firma divorcio por cuadruplicado

LOS ÁNGELES -- Carlo Ancelotti empezó a firmar su divorcio del Real Madrid. Y lo hizo por cuadruplicado ante el que ha sido la envenenada manzana de la discordia entre la Casa Blanca y sus eventuales mayordomos en la banca: el Barcelona.

¿Por qué levanta el acta de divorcio por cuadruplicado? Muy simple.

1.- A Ancelotti la angustia de una muerte anunciada lo llevó a mover piezas de un ajedrez que aún no ordena. Y desacomodo lo ya de por sí mal acomodado.

2.- Y como sus antecesores, Ancelotti alteró el orden alfabético del principio táctico ante el Barcelona: deber, poder y querer. Porque no quiso ir al tete-a-tete ante el Barcelona, y sólo lo hizo cuando ya no debía, porque ya no podía bajo el conjuro del 1-0 adverso, un marcador que les permite a los catalanes activar las ratoneras.

3.- Y pierde el único partido, se estrella con el único iceberg, que los capitanes del buque merengue saben que no pueden hacerlo, porque sin siquiera vivir Luna de Miel, empieza a divorciarse. Ahora, para lavarse la cara, debe ganar competencias.

4.- Lo que Ancelotti perpetró con Sergio Ramos, el homicidio en dos tiempos del hombre más poderoso e incómodo en el vestuario madridista, le significa ya y le significará largo tiempo, un espinoso Purgatorio. ¿Mediocampista? ¿Exhibido en el relevo? Carlo, con ese recurso obsceno sólo facilitó, además, esa reducción en la burocracia táctica que poco a poco consigue Tata Martino imponer en el Barcelona

Y el equipo catalán estampa de nueva su firma en la sentencia de muerte del Real Madrid, pero por rutas inconexas: un gol de Neymar en complicidad con la casualidad, y por otro lado, el mejor gol, finalmente, de Alexis, en el apostolado inconsistente con los azulgranas, cazando a Diego en sus redes con una mariposa envenenada que flota y lo supera.

Desahuciado, en la parcialidad dolorosa y agorera del 2-0, Real Madrid se atreve finalmente a desterrar los miedos ajenos y vestirse de audacia propia. Se suelta las riendas de las temblorinas de Ancelotti, para obligar a Víctor Valdés a ser figura, especialmente a un balazo de CR7 y con el padrinazgo del larguero a un zapatazo rencoroso de Benzema.

En momentos en que el Madrid quiso, cuando lacerado del 2-0, se atrevió, el zaguán del Gulliver blanco fue asaltado por los enanos catalanes, que como Elfos en bandolera pudieron hacer más holgado el marcador con la prestidigitación acumulada de sus habilidades, su inventiva y sus talentos.

Este Barcelona alcanza a ser más inmediato en la posesión y en la posición de ataque. Menos rococó, pero igual le pueden tejer traje de difunto a cualquiera, mientras van entendiendo los tiempos de penetración en las jugadas, los cuales, curiosamente, quien ya mejor los entiende, es Neymar.

Y Messi, Neymar, Iniesta, Alexis y Alves tuvieron la posibilidad de agregar más cuentas para el rosario de la Macarena Sevillana en la penitencia merengue, pero al final, el siempre notable CR7, quejumbroso aún de penalti que le incautó el temor arbitral, traza un mapa de tesoro desde la izquierda, para que Jese la firme con el 2-1.

Eran reflejo del fuelle furioso de esos momentos en los que Real Madrid ratificaba que en su Regimiento no hay jadeos nerviosos por enfrentar al Barcelona, sino que la histeria, nace, crece y se contamina desde la banca.

Y al final, Ancelotti entendió que ante el Barcelona primero debe atreverse, porque siempre puede atreverse con el plantel que tiene y que siempre quiere atreverse. A Mourinho le tomó tiempo descifrar el espíritu de potro salvaje de su grupo. Tal vez Ancelotti no tenga ese mismo tiempo.

Porque el entrenador italiano firmó ya el divorcio por cuadruplicado, y la única forma de reconquistar al madridismo será llevarle flores frescas de todas las competencias, peor hay que atreverse a hurtarlas, y parece que sus mejores pasajes de osadía como entrenador murieron entre tantas viejas y nuevas canas.