LOS ÁNGELES.-- En el futbol mexicano se es ateo del éxito ajeno y devoto de los fracasos propios.
Prefiere, el directivo mexicano, venerar las ruinas de sus errores que adoptar y adaptar los éxitos de sus semejantes.
Hacen del fracaso propio una teología que no tolera doctrinas distintas.
Pero lo más grave, lo más lamentable, lo verdaderamente obsceno de los directivos de clubes mexicanos es que cuando se les rompe el modelo de éxito -cuando lo encuentran, claro- no son capaces de aprender de sus errores, sino que se sienten capaces de inventar el hilo negro y el agua hervida.
Vayamos a ejemplos recientes. Chivas encontró su propia Meca. Organizó una pirámide perfecta de entrenadores capaces, de refuerzos adecuados y de respaldo a sus Fuerzas Básicas.
Claro, Jorge Vergara lo arruinaría al paso del tiempo. La ignorancia en manos de un soberbio es más peligrosa que un simio con metralleta el último viernes de noviembre.
Pero en sus momentos de lucidez, cuando incluso llegó a jugar y dominar y asombrar y seducir con 11 canteranos, ninguno de sus rivales se atrevió a pedir el recetario.
Pachuca incluso encontró un modelo distinto y se convirtió en un equipo dominante por varios años, mientras se suponía que la Universidad del Futbol dejaría ejemplares egresados, pero hasta hoy ha sido, en general, un referente de regresados y reprobados.
Hoy, al igual que Chivas, los Tuzos causan lástima, a pesar de ser seguramente los equipos que más han dilapidado millones de dólares en jugadores que no han sido refuerzos, y en la contratación e indemnización de técnicos oportunistas. Hoy a Vergara y a Jesús Martínez, si compran un circo, se les queda lampiña la mujer barbuda, los trapecistas enferman de artritis y los enanos les crecen.
Y así como en su momento encontraron cúspides Pumas, Cruz Azul, Monterrey, y hasta el Atlas, sin ganar títulos, pero formando jugadores, después, torpezas dirigenciales, terminaron dinamitando, desde sus cimientos, la fragilidad de esos andamios.
El ejemplo referencial de momento es el América.
Es el equipo con la mejor producción acumulada de los últimos cuatro torneos, incluyendo un título.
Además, tras la contratación más escandalosa del futbol mexicano, la del inolvidable Chucho Benítez, eligió después firmar a jugadores de mediano perfil, algunos de los cuales incluso no habrían despertado apetito entre sus antagonistas. ¿Hobbit Bermúdez? ¿Oswaldito? ¿El indisciplinado e inconsistente Sambueza? ¿Narciso Mina o el Riflecito Andrade?
La aritmética no miente: todos los refuerzos recientes del Nido no alcanzan los 10 millones de dólares pagados por Benítez, sin dejar de reconocer que el ecuatoriano fue el patriarca de ese título del torneo anterior.
Lo habíamos comentado hace semanas: América tenía el privilegio del colectivo. Salían uno, dos o tres jugadores de la alineación y el equipo no sufría.
No sólo logró superar la dependencia de Chucho Benítez sino además consolida la idea futbolística, el compromiso profesional y la disciplina ajedrecista que corrobora.
Cuando América es enviado como regimiento de rescatistas para la reclasificación de la selección mexicana ante Nueva Zelanda, y Miguel Herrera se lleva a 10 Águilas, se pensó que el nido había quedado abandonado, desprotegido, fragilizado y expuesto al asalto y saqueo.
Puebla era la primera prueba. 3-1 a un equipo que dirige Rubén Omar Romano y que de momento tiene las mismas aspiraciones intactas de clasificar que al menos otros cinco equipos.
Ahora se viene Tigres, en partido pendiente, y que tiene los mismos 18 puntos de Puebla, y que es una calamidad conforme al plantel de que dispone, este mismo que hace casi dos años fue campeón. ¿Entonces será o no una referente para de nuevo catalizar al América?
Hoy, las Águilas, como antes otros equipos, son un ejemplo pertinente para organizar un proyecto a mediano plazo. Había más dudas que certezas cuando empezaron a desfilar los nombres de Ricardo Peláez y Miguel Herrera. Paciencia y apego a objetivos, con resultados incluidos, claro, permiten ese desarrollo.
Hoy, las cifras, les respaldan plenamente: en el acumulado de tres torneos completos y este cuarto en marcha, son el equipo con más puntos conseguidos; con mejor índice de eficiencia; combinan la delantera más efectiva y la defensa más sólida en este lapso, e incluso puede agregarse la mejoría en el aspecto disciplinaria, pues es el segundo mejor en ese rubro, con sólo una roja, aunque con dos amonestaciones más (22) que las 20 de Santos.
Pero, alguien se atreve a nivel directivo, a recomendar al América como ejemplo. Nadie, como antes tampoco se atrevieron a usar como referencia los mejores momentos de Chivas, Pumas, Cruz Azul, Pachuca y Toluca.
Es entonces cuando se pregunta por qué Pachuca y Chivas montan en capítulos desbocados de histeria y yerran en contrataciones de entrenadores y jugadores, y hasta en la elección del proyecto correcto.
Habría una explicación fácil: creen saber todo, y en verdad, sólo demuestran que saben muy poco.
Si pudiera -imposible pues-, el filósofo Séneca entendería que uno de sus mandamientos de sabiduría en el futbol mexicano no aplica, ni de una ni de otra manera: "Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos".
En México, los directivos no creen en más teorías que las suyas cíclicas hacia el fracaso.
¿Y el ejemplo?
Antes seguir en ruinas, en el fondo de los cimientos, que salvarse con escalera ajena.
