LOS ÁNGELES -- Los Pumas llegaban resignados a vender cara su zalea. Sorpresa. América eligió el suicidio y entregó, con su propio plumaje, un penacho de finalista a su verdugo.
América 0-3 Pumas. Y además dos expulsados. ¿Sospechosos de traición? Al menos, tanto Samudio como Pablo Aguilar se esforzaron más en ganarse la segunda amarilla que en jugar al futbol.
Parecían, ambos paraguayos, más dispuestos al indecoro de la expulsión que a la gallardía de la batalla. Cierto: recordemos, no es la primera vez que la locura les rebasa la cordura.
Y Pumas, súbita e inesperadamente, se encontró con un cambio de protagonismos. Y al suicida América le ayudó a ajustarse el nudo de la horca que se puso de corbata.
Un acto noble de la UNAM. El arte de la eutanasia: ayudó al América a bien morir.
¿Están aniquiladas las Águilas? Con las actitudes equivocadas de sus jugadores, sí. Porque, además, necesita ganar por cuatro goles de diferencia con ese marcador de 0-3.
Cierto también que el América deambuló de manera bochornosa en su propio nido en la temporada regular: cuatro derrotas y un empate en ocho juegos. Candil de la calle, oprobio y deshonor en su casa.
¿Pumas? Resistió. Fue domado. Fue dominado. Tuvo un gol de Britos que anularon por fuera de lugar. Bajo el rigor arbitral, Verón, adelantado, distrae al ya distraído Moisés Muñoz. Pero Britos, estaba en condiciones legítimas.
Lo cierto es que Fernando Guerrero se enredó en sus propios temores. Llevaba más pánico en el subconsciente que confianza consciente. Es decir, salió propenso al error.
Pero Pumas no tiene la culpa de los desaciertos del juez ni de los yerros suicidas y defensivos del América, y sí puede colgarse la medalla de que Sosa, Alcoba y Herrera fueron no sólo contundentes, sino éste último fue implacablemente preciosista en el 0-3.
En un duelo de semifinales del Torneo Mexicano Apertura 2015, en el que participaron 15 jugadores no nacidos en México, fue al final, en el marcador, aún más concluyente el dominio de los Pumas hasta en la tribuna del Estadio Azteca.
Con el pie veterano de Pumas, con la zalea gruesa de finales jugadas por parte de Memo Vázquez, la administración de tiempo, terreno, esfuerzos y espacios parece un rompecabezas conocido para los anfitriones del Juego de Vuelta.
¿América? Tendrá que ser el mejor América del torneo. Tendrá que ser un América que no se vio nunca en el torneo.
Tendrá, incluso, que ser un América que hasta se sienta --por favor no se ría-suficientemente agraciado como para confrontar tú a tú al Barcelona, si es que pasa, claro, en el Mundial de Clubes a su primera aduana, el Guangzhou Evergrande de Luiz Felipe Scolari.
Sí, deberá comparecer, para semejante proeza, para semejante cruzada, un América que ni en los sueños más fantasiosos de Nacho Ambriz y Ricardo Peláez puede existir.
El problema es que Sambueza elige la teatralización funesta, mientras que Martínez ha vuelto a ser 'Osguanguito', y Andrade un 'Rifelecito' que dispara balas de salva. Sin olvidar a un Carlos Darwin que se olvidó de la teoría de su evolución como futbolista y Arroyo sigue desbordado en ríos de egoísmo.
Y claro, hablando de desaparecidos, aquel Oribe (orfebre de oro, el significado de su nombre) es hoy un recolector de cobre.
Y aunque reconociendo que remontar un 3-0 no es imposible, lo cierto es que América mismo lo hace parecer improbable.
Así pues, ¡sayonara América!
