La mitología homenajeará al América

LOS ÁNGELES -- La estadística hablará del finalista: Pumas.

La leyenda hablará del eliminado: América.

La Mitología de las Liguillas homenajeará al vencido: el América.

La historia de las Liguillas sólo, únicamente, relatará al vencedor: Pumas.

Pasa en el futbol. Pasa en la fascinación mística de este juego, de este deporte, de esta guerra, de este Apocalipsis que puede ser el futbol.

Pasa que el vencido se lleva los honores que tentativamente deberían pertenecer al vencedor, aunque el vencedor usurpe el botín que pertenecía a los vencidos.

Pumas es finalista. América enorgullece más como cadáver, que la momia competitiva que le derrotó.

Finalista Pumas. Lo merece por sus 17 semanas de dominio. Por sus consistencia. Por el dominio en la Tabla General. Sin embargo, en Semifinales, América le percudió el decoro del líder.

América fue superior. Lo fue en ambos partidos de Semifinal. Cometió errores. Torpezas mentales. Torpezas de espíritu o de cobardía, en los casos de los paraguayos Aguilar y Samudio. Y volvió a hacerlo en los casos de Goltz y Sambueza.

¿El arbitraje? Es crónica vieja, conocida, oscura, podrida. El arbitraje en México es fiel reflejo de sus dirigentes. Es reflejo de uno, torvo, oscuro, ruin, falaz, como Decio de María. Y es reflejo de los otros también: de los dueños de equipos, acobardados, sometidos, incapaces de rebelarse.

De esa mezcla son paridos los árbitros en México. Es decir, promiscuamente perversos y con reacciones acobardadas. Son tan malos, que son sospechosos. Son tan sospechosos, que no sólo hacen mal las cosas, sino que además hacen malas cosas y cosas malas.

Este domingo perdonó a Javier Cortés una entrada sancionada hasta en la UFC. Fractura a Güémez. E Isaac Rojas ni siquiera marca falta.

De esa acción, en su cuenta de Twitter, Benedetto reflejó a su vestuario: "Qué vergüenza!!! Fracturan a un jugador y ni amarilla le sacan!!! Cagones!!!".

Era un domingo restringido en el caso del América. Estrictamente exclusivo para espíritus heroicos. Sólo para los mejores hombres dispuestos a ser los mejores. No había espacio para débiles.

Lo habíamos dicho: para una hazaña, el América debería ser mejor América que el mejor América de este torneo. Lo fue. Indiscutiblemente. Pero, el 3-1 en el global de 3-4 no fue suficiente.

¿Pumas? Un oprobio, una vergüenza a la mascota y a la representación de la Universidad más grande de América Latina.

"Por mi raza hablará el espíritu" es su lema, visión de Vasconcelos. Queda claro que la esencia orgánica del espíritu vasconcelista no entra al vestuario de Pumas y menos aún a ese corazoncito de iglú, castrado y pequeño, como el de su técnico Memo Vázquez.

Estuvo Memo a punto de vivir otra hecatombe como la de Cruz Azul en la Final contra América. La misma postura, las mismas reacciones pusilánimes. Una actitud sumisa, de rendición.

Al final, como consuelo endeble, frágil, inútil, América puede darse el lujo masculino de cargar su propio ataúd y honrar su propio funeral en vida. ¿Cuántos pueden hacerlo?

Vamos: hoy, Pumas, ni siquiera merece ser invitado a las exequias ni a la misa de réquiem de su propia víctima.

Y así será: al final la estadística hablará del finalista: Pumas.

La leyenda hablará del eliminado: América.

La Mitología de las Liguillas homenajeará al vencido: el América.

La historia de las Liguillas sólo, únicamente, relatará al vencedor: Pumas.