LOS ÁNGELES -- La cancha consagrará a Lionel Messi. La imagen del enano prodigioso con rostro de despistado como adolescente con acné en una barata navideña de Victoria Secret salta y asalta la memoria. Con Argentina tendrá una deuda eterna, pero con Barcelona su reino es universal.
Y habrá quien enarbole al Barcelona entero. Y quien halague a Chile como monarca continental, y quien siga expectante del poderío alemán.
Pero la figura del futbol varonil en el mundo durante 2015 fue una mujer que enfila a los 57 años, egresada de Harvard, insensible a la devoción mundial por el balompié y una insaciable y voraz cazadora, especialmente con olfato infalible si hay que hurgar en los pasadizos secretos de las turbias turbulencias bancarias, y de ello pueden dar cuentas grupos de poder financiero mundial como las condenadas CitiGroup y HSBC.
Sus genes paternos y su formación profesional no dejan un centavo a la deriva. Si ha sido secuestrado un penny, vale la pena para ella hurgar en las conciencias y las catacumbas bancarias.
Cierto que debe dársele crédito al hombrecillo silencioso, que a manera de vendetta por hurtarle el Mundial de 2022, orientó papeles, pistas y denuncias a la justicia estadounidense. Pero Sunil Gulati también entiende que en este momento el anonimato, de algo que es secreto a voces, es su mejor escudo.
Loretta Lynch provocó un sismo y un cisma en la FIFA. Todos sabemos cuándo comenzó. Nadie, ni ella, sabe cuándo terminará.
Una madrugada en Zurich, en esos hoteles donde limusinas, extravagancias, excentricidades, el champaña y las exquisitez femeninas bajo alquiler habían sido itinerantes del día a día de la Sodoma y Gomorra del organismo, la Dama de Hierro soltó a sus perros de caza.
Y no ha parado. Loretta aún ve muchos centavos sueltos. Billones de ellos. Y obsesivamente quiere que las cuentas cuadren. Aun la corrupción de FIFA debe entregar saldos exactos.
Concacaf y Conmebol han sido los tentáculos de la FIFA que han resultado más gangrenados. Directivos de vidas felices y riquezas inexplicables, de privilegios cada cuatro años en Copas del Mundo, hoy han perdido su libertad y sus fortunas.
De una vida frenéticamente fantasiosa, han caído ahora a una vida frenéticamente aterradora. Algunos se declaran inocentes. Otros se declaran culpables.
Y claro, otros se declaran médicamente inhabilitados y casi moribundos. Otros venden a sus secuaces a cambio de pactos. Otros ya vendieron a sus secuaces. Otros negocian fianzas.
Otros, en el cada día, ven cómo suena su teléfono y no saben si es el FBI o son los cobradores que ya no se explican por qué los cheques rebotan sin fondos. Unos huyen de su sombra y otros han visto cómo hasta su sombra los ha abandonado. Despidieron aromas de riqueza, hoy expelen hedor a miedo.
Y Loretta Lynch sigue saneando la punta de la pirámide, pero sin descuidar los cimientos. Su nariz fina es capaz de olisquear en los socavones del delito.
Sabe que, por principio de ley, todos son inocentes mientras no se demuestre su culpabilidad. Pero sabe que en el caso de FIFA, todos son culpables, mientras no demuestren su inocencia.
Y Loretta sigue dirigiendo con sublime y sensible muñequeo el tsunami que ella misma ha desatado sobre el balompié mundial, con delicadeza de cirujano, porque su experiencia así lo demuestra: puede atrapar a los pervertidos peces de colores, para con ellos atraer a los tiburones.
¿Sanear a la FIFA garantiza sanear el futbol mundial? ¿Purgar a la FIFA significa purgar al futbol mundial? ¿Exorcizar a la FIFA significa exorcizar al futbol mundial? ¿Limpiar a la FIFA significa evitar que se ensucie el balón?
Al final de la gestión, como ahora, podrá pensarse que ni son todos los que están en la lista inagotable de detenidos, procesados e investigados, como tampoco están todos los que son.
Hay incrédulos que no se explican cuatro situaciones puntuales. Y tienen derecho a vestir de escepticismo esa incredulidad.
1.- ¿Acaso Joseph Blatter, marginado de FIFA de momento, nunca aparecerá en la lista de detenidos de la Dama de Hierro? Queda claro, se dijo aquí desde el principio, que él cerró la boca, pero abrió sus archivos.
2.- En ese mismo tenor, la perplejidad tiene otro blanco. ¿Michel Platini es víctima o cómplice? ¿Es un secuaz acorralado? Él, de momento, está más abandonado que cualquier otro ex dirigente de FIFA. Huele a sospecha. Como Blatter, despide ese tufo carroñero del que traiciona o está dispuesto a traicionar.
3.- Y, ¿será posible que ningún directivo de ese futbol que permite más violaciones a derechos laborales, a reglamentos, que pisotea a jugadores y a árbitros, y consuma hasta fugas fiscales, no aparezca hasta el momento ni en un apéndice del tremendo legajo de sospechosos de Loretta? ¿Está la Federación Mexicana de Futbol libre de culpa?
4.- Con todos sus galardones universitarios, su espíritu ladino, su astucia, se imaginó alguna vez Sunil Gulati que las investigaciones estarían llegando a todos los recovecos. ¿Estará asustado de haber jugado con fuego, pretendiendo quemar a quienes le robaron el Mundial de Qatar, pero ahora la conflagración que él mismo desató puede tocar a su puerta?
Empresarios, abogados, contratistas, comunicadores, desfilan como esclavos en el zoco, con la respectiva cantidad de cientos de miles o millones de dólares que se embolsaron en los decenios de latrocinio, fraude, soborno y chantaje de FIFA.
Y Loretta sigue perseverante, pero paciente. Sin jugar al futbol, sabe que en las leyes y ante los tribunales, un paso en falso, la colocaría en fuera de lugar y perdería a las grandes piezas de caza.
¿Alguien puede negarle a Loretta Lynch el reconocimiento como la figura del año del futbol varonil en el mundo? La Dama de Hierro de EEUU derrumbó el imperio del crimen, escondido detrás de ese aparente Castillo de la Pureza que es FIFA.
De acuerdo, yo prefiero cada semana las proezas de Messi, vestido de azulgrana, porque de albiceleste es otra historia. Prefiero las insensateces fascinantes que Leo puede obligar a hacer a una pelota de futbol, como padrino de sus dos asesinos a sangre fría: Neymar y Suárez.
Pero lo de Loretta es sin duda determinante. Como poner un vigilante temerario que garantice que los Messis del mundo sigan jugando en cualquier cancha del universo del futbol, sin que Blatter alguno llegue y les saquee, les hurte la pelota y les extermine el gusto por este deporte.
