Matías y el espejismo de su Gigante

LOS ÁNGELES -- "El Gigante ha despertado", proclamó Matías Almeyda en la euforia sofocantemente engañosa de un despertar que apestaba a espejismo. Hoy el Gigante, ese, Chivas ha caído de nuevo en estado de coma.

Chivas 0-1 León. Un catálogo inequívoco de que a Almeyda se le agotó el caudal que implica su nombre: Matías, "Don de Dios". Sus dones se extinguieron. El vergel es un páramo ya.

Chivas 0-1 León. Algo ocurre. Almeyda agotó su elocuencia. El discurso vibrante caducó. A Leónidas lo abandonan sus espartanos. Y lo peor: su ajedrez tiene más reinas aburguesadas que peones genuinos.

El flamante campeón de Copa, sigue ebrio del alcohol barato de un torneo inútil, especialmente si como lo dijeron directiva y cuerpo técnico: "Es nuestra llave a la Libertadores". Eufemismo barato del exitismo: "Ganaremos todo con Almeyda". No han ganado un partido.

Las cifras duelen. La verdad está llena de espinas: cuatro puntos de 18 posibles. Nueve puntos de los últimos 36. Dorados se suicida para que Chivas sobreviva.

Pero las mismas estadísticas se burlan del Guadalajara: le espera otro año, otra temporada en desgracia, como pez con asma en las profundidades del terror al descenso.

La agonía de Chivas no termina, sólo se alarga, se extiende, se prolonga. Y no hay muerte más dolorosa y penosa que la del que aún vivo se empeña en morir. El suicidio y la eutanasia se miran confundidos.

Almeyda ya parece mellizo del Chepo de la Torre. La máscara de constipado en histeria se le trepa al rostro. Queda claro, sin embargo que tal vez no pueda o que no sepa cómo, pero de querer quiere.

Aseguran en Guadalajara que este domingo ha puesto a consideración de su directiva la renuncia. Sacó la bandera blanca manchada de luto. Deja la decisión en Jorge Vergara. Y sabe que si se va, con él deberá irse José Luis Higuera, el que por los socavones del contubernio, lo llevó a Guadalajara con la Piel de Judas.

Por lo pronto, Almeyda se ha dado cuenta, finalmente, después de una victoria en 12 juegos de Liga, que "hemos tocado fondo" y que algunos no cumplen en la cancha. ¿Era necesaria la derrota para ver lo obvio?

¿Qué le pasa a Chivas? Todo. Las Diez Plagas de su Egipto futbolero le devoran las entrañas al que se sintió amo del universo desde la plataforma apolillada de ser campeón de Copa MX.

Ante León se quedó sin testosterona, sin pulmones, sin futbol, sin gracia competitiva, sin espíritu, sin aire, sin respeto, sin fe, sin respuesta, y sin neuronas en la banca, recurriendo a la partitura de los desesperados: atacar con más, sin atacar mejor.

Y en ese acto suicida, el de entregar la retaguardia, El Pelado entregó la plaza a esa cultura paciente, mezquina, astuta, letal, del lapuentismo, del que Luis Fernando Tena es uno de sus mejores intérpretes.

La fama de Tena no es en vano. Arma su mejor equipo corrompiendo las virtudes del adversario. Le amputó la mano al Dedos López, le emboscó el tránsito en el carril central, y al Conejito lo obligó a brincotear en las zonas inútiles de la cancha. Y entonces, Omar Bravo está más lejos del gol que su propio portero Toño Rodríguez.

Flemático, paciente, casi carroñero, el León aguardó los terrores de la desesperación en Chivas. Y Toño Rodríguez elige mal, sale pésimo y ataca la pelota peor, sin atreverse a hacer daño a su compañero Granados, pierde la pelota y Boselli aprovecha el chivito de sacrificio para cocinarse una birria en la red.

Encima, Chivas se queda sin Pereira, por expulsión, al reclamar una falta sobre Rodríguez que nunca existió. Y desprotegido en el fondo, por castigos y lesiones, debe visitar a Chiapas, si, el del herido, rencoroso Ricardo LaVolpe, que además no olvida que con el Chepo, el Guadalajara lo goleó 4-1.

Sí: LaVolpe se relame los bigotes con más lascivia que su pasaje por la sala de podología de las Chivas. La venganza es un plato que se sirve frío en el menú de Maquiavelo. Y El Bigotón se atraganta de su propia hiel.

El Gigante que había despertado, según Almeyda de River, Vergara el atlista, Higuera el americanista, y su afición --lo único genuino--, recayó al estado catatónico. Y a Almeyda, Matías, el "Don de Dios", se le agotó el responsorio, la retórica... y el tiempo.