LOS ÁNGELES -- La Iglesia ha sido entregada a Lutero. Es una apología muy diplomática para explicarlo. El futbol mexicano ha confesado que "la televisión", "el negocio", "el producto", "el espectáculo", son su prioridad.
Más exacto sería decir que Sodoma y Gomorra han sido entregadas al Marqués de Sade. O el Monte Calvario a la dinastía de Judas Iscariote. O el boxeo olímpico a Don King y Bob Arum.
Alejandro Irarragorri, presidente de Santos, y Luis Miguel Salvador, director deportivo de Monterrey, en charlas independientes, lo dejaron en claro en Raza Deportiva de ESPNDeportes.
Ambos explicaban que ningún club pretende poner freno a extranjeros o naturalizados. Regularlos acaso, pero reducir el número de militantes, jamás.
Los dos respaldan la necesidad de apuntalar al futbol mexicano con base en los jugadores no nacidos en México. Lo importante es el producto final. Lo importante es lo que saltará a las pantallas.
Salvador lo explicaba este miércoles en términos similares a Irarragorri. La afición mexicana está despertando con mayor embeleso hacia el futbol europeo y "tenemos que competir a la altura", comentaba el director deportivo de Rayados.
"Por la mañana nuestra afición sigue el futbol europeo, y por la tarde y noche el nuestro. Debemos ofrecer calidad similar", dijo, respaldando así la tónica incondicional de apoyar a los no nacidos en México.
En cifras similares a Irarragorri, Salvador habló de nueve no nacidos en México y de nueve mexicanos en cancha y banca. "Y de ahí veremos qué pasa".
Ese planteamiento se semeja al que presenta Pachuca, que se ha candidateado, más irrisoria que penosamente, como el adalid del jugador mexicano, pero en la hipocresía de su discurso recomienda que se permita registrar a ocho no nacidos en México por equipo.
¿Y la Selección Mexicana? ¿Y el nivel del futbolista mexicano? ¿Y el creciente desempleo que acosa al futbolista mexicano en su propio país? ¿Y la exigencia para que lleguen a México sólo futbolistas de calidad?
Cierto, el jugador mexicano es parte del problema. Con lo que pagó América por Oribe Peralta habría pagado, en su momento, allegarse a Enner Valencia y Edwin Cardona. Y agregue operaciones similares.
Resulta que André Gignac maneja paralelismos financieros con Oribe, o con lo que pidió Pumas a Chivas por Eduardo Herrera. O con ese dinero, hasta puede firmarse a Antonio Valencia del Manchester United, según las versiones recientes en la Premier.
Pero, al final, los directivos han inflado los precios y los sueldos. Y ambos aspectos son irreversibles. Empezaron a pagar oro, muchas veces, por soldaditos de cobre. Y hoy hasta soldaditos de barro reclaman oro.
En el caso dramático de Chivas, que nunca reclutará extranjeros o, supuestamente, no nacidos en México, con lo que pagó por cualquiera de los dos fallidos refuerzos como 'Conejito' Brizuela y 'Gullit' Peña, habría podido contratar a Giovani Dos Santos o insistir en Carlos Vela, que evidentemente no aceptarían entrar al Rebaño de Jorge Vergara.
¿Recuerdan aquel boom financiero en el que los clubes empezaron a hacer compras ostentosas, fallidas pero ostentosas? Tal vez las más rimbombantes y bobaliconas, las hizo Pachuca. ¿Hugo Sánchez? ¿Nery Castillo? ¿Tamudo?
Fue la primera maniobra para rescatar el espectáculo. Lo dijimos en su momento: a la FMF ya no le interesaba si Usted va o no al estadio, lo que le interesa es que Usted se apoltrone en el sillón y vea los juegos.
Usted reditúa más "al sistema", "al negocio", "al producto", sentado ante su TV siguiendo las jornadas de fin de semana que en el estadio. Usted es más productivo cómo número de rating que como fervoroso aficionado activo en la tribuna.
Entiéndalo, aunque le va a molestar: ya no es su pasión la que cotiza en el mercado. Absolutamente. Lo que cotiza es que Usted se recete tres o más juegos entre viernes y domingo. Incluso no descarte que se asigne uno más para los lunes por la noche.
De esa manera, como visor cautivo en su casa, Usted registra números, puntos y dinero en más juegos televisados, que yendo al estadio, por más tortas, refrescos, cervezas, palomitas, que se atragante.
Sí, ya es oficial, ya no es un espejismo ni una suposición. En el futbol mexicano ya no importa el futbol como tal, ni el futbolista mexicano, ni la salud de su selección nacional, ni el deporte como tal.
La Iglesia se ha entregado indecorosamente a los brazos de Lutero. Sí, la Caperucita Roja, o lo que quedaba de ella, se ha convertido en la cortesana, la meretriz, la concubina, de su insaciable lobo.
