LOS ÁNGELES -- La FIFA tiene nuevo capo. Nuevo Padrino. Nuevo presidente. Pero no ese que fue electo este viernes, nuevamente, inevitablemente, por contubernios, por complot, por asociaciones sospechosas. No, no Gianni Infantino, electo en segunda ronda.
No. El nuevo genuino presidente de FIFA es más invisible, indivisible y omnipresente que nunca. El nuevo regente de FIFA es el Miedo.
Y encima, ese soberano torvo y sádicamente perverso, ese, el Miedo, vive en un concubinato espectacularmente mediático con una de las mujeres más poderosas del mundo: Loretta Lynch.
Que nadie sea bobalicón. Han sido unas elecciones consumadas en urnas blindadas por pactos, cabildeos, encerronas, y hasta metafóricos pactos de sangre, nadie votó por la mejor opción para el untuoso y suntuoso trono del poder más codiciado en el mundo.
Este viernes votaron por el Miedo. Contra el Miedo. Y sí, con miedo. Todos y cada uno. Porque, lo saben, a partir de hoy son naturales sospechosos.
Sí, el voto del miedo. Aunque los clérigos del oportunismo, los eclesiásticos advenedizos del futbol de escondrijos, esos, saldrán a hablar de esperanza, de cambio, de fe, de credibilidad, de ilusiones, de parteaguas, de honestidad...
¿Cuántos de quienes votaron hoy sabían lo que ocurría en el magnífico Palacio de la Corrupción? ¿Cuántos y callaron? ¿Cuántos y se vieron salpicados de la lucrativa cascada del soborno?
¿Cuántos? Y de esos que por callar no dejan de ser culpables. Insisto: el silencio de los inocentes es más grave que el de los culpables, porque es un alarde casi incestuoso de cobardía.
Recordemos: el Mundial asignado a Catar fue la manzana de la discordia. Chantajes, fraudes, sobornos, amenazas, delincuencia absoluta pues.
Ojo: no es, seguramente, ese acto multimillonario de cohecho, el más grave en la historia moderna de la FIFA. Los debe haber peores. Delincuencialmente más horrendos. Maquiavélicamente menos imperfectos.
Entonces, si ese Mundial asignado a Catar fue el punto de resquebrajamiento, la punta de la madeja, ¿se atreverá esta nueva FIFA, libre, pura, prístina emancipada de la clandestinidad, esta misma, se atreverá a retirar la sede a los cataríes? Imposible.
¿Y Joseph Blatter y Michel Platini seguirán rumiando su marginación del futbol, como apócrifas Magdalenas, cuando en verdad se sienten aliviados de al menos purgar de esa manera una condena que debería ser peor? ¿O la nueva FIFA -sí, ríase, carcajéese- procederá civil y penalmente contra ellos?
Lo cierto es que hoy la FIFA intentará ser más rica. E intentará ser más poderosa. Lo cierto es que a partir de este viernes deberá ser distinta, tal vez mejor para el futbol mundial, o al menos, desde los estrados públicos de las declaraciones, insisto, los evangelizadores de la farsa, así intentarán promulgarlo.
Cuidado: este es un cambio coercitivo y coaccionado. No cambian por convicción ni por fe ni por principios ni por lealtad, porque, insisto, todos, o casi todos, ya fueron cocineros del pastel multimillonario y que parecía inagotable en FIFA.
Hoy, el soberano absoluto, etéreo y todo, es el Miedo, con el anillo de compromiso ya entregado en Loretta Lynch.
Gianni Infantino sabe que tiene una sombra por sus nexos estrechos con Platini. Que sus manos no están limpias. Miedo.
