LOS ÁNGELES -- Las convocatorias del Tri son exactamente como el oficio de cohetero: si sale mal, te chiflan, y si salen bien, igual te chiflan. Cuando el técnico nacional de su lista, resulta ser el menos listo.
Juan Carlos Osorio pasó lista de su legión para la Copa América Centenario. Citó 23. El juicio público ha sido contundente: se equivocó en los 23. No le atinó a ninguno.
Queda claro: si cada convocatoria del Tri pasara por un plebiscito o por un filtro público o por un jurado de concurso de baile ante los 130 millones de técnicos de México, ninguno de estos 23 habría sido elegido. ¿Vox pópuli, vox Dei? ¿La Voz del Pueblo es la Voz de Dios?
Hasta un reloj descompuesto es certero dos veces al día. Osorio, ni eso, según, por supuesto, ese Pep Guardiola o ese José Mourinho o ese Cholo Simeone que habita con pomposas posturas en cada aficionado mexicano.
El técnico nacional juega su propio albur. Elige a muerte a los que él cree, o él espera, que estén a muerte con él. Al final, inevitablemente, el Tri-tanic empezará a zozobrar.
Pero, si hasta Jesús se equivocó eligiendo a Judas y si hasta Pedro lo negó tres veces, qué puede esperarse en cualquier batallón de millonarios, veleidosos y egoístas futbolistas. No todos tienen el enaltecimiento de guerreros. Layún, Guardado, Chicharito, Márquez... ¿cuántas excepciones?
Osorio exhortará a su mexicanismo o su mexicanidad. Pero, y debe saberlo, a estas alturas, la patria de muchos de sus elegidos, tiene a Washington en su escudo, y no a la mítica y fascinante águila devorando una serpiente. Los aztecas se equivocaron, el dólar paga mejor.
Si la horda popular de sabihondos pudiera acceder a la elaboración de la convocatoria, ninguno de estos 23 se quedaría. Y Usted, sí, Usted, uno de esos siete pelagatos adictos a este blog, entraría en ello.
¿Chicharito Hernández? Los americanistas y los misóginos, lo descartarían. No se puede ser de Chivas y encima seducir a la novia con esa caída de ojos.
¿Miguel Layún? Los aficionados de Chivas lo condenarían por sus memorables correrías con el viento amarillo de las Águilas.
¿Corona? ¿Talavera? ¿Ochoa? El primero aún no sabe, y como cruzazulino no sabrá nunca lo que es ser campeón. Y el segundo no cometió un par de errores que costaron al Toluca la Libertadores. Y el tercero, juega en el Málaga, y estuvo más de un año en la banca.
Bajo ese tamiz, inevitablemente, quedan atorados los 23. Donde Osorio ve una pléyade, el grueso de la afición ve a nacidos para perder. Donde Osorio se frota las manos con ilusiones de Copa América, sus 130 millones de homólogos de sofá lo condenan por miope.
Es tan simple que donde el técnico colombiano ve 23 lealtades, el aficionado puede ver, claramente, a 23 traiciones de Osorio al propio Tri.
Como agregado, Giovani dos Santos le da la espalda a la selección mexicana. De repente de aquella proclama de "vestir la camiseta de la selección es más hermoso que todo (incluyendo a Belinda)", Gio pasó al "a'i me disculpan, pero hoy no quiero".
¿Y Carlos Vela? Él sigue embelesado con la NBA. Su pasión genuina, después, claro, de las bacanales nocturnas en San Sebastián. Y seguro, si hubiera sido basquetbolista, estaría en los estadios de futbol. La mayor pasión de Vela es el desapasionamiento por un oficio.
Y súbitamente, ambos, desertaron. Hoy, los dos portentos de la Sub 17 campeona del mundo en Perú 2005, han degradado sus propias carreras.
En su momento, a aquellos 23 que humillaron a Brasil en la Final peruana, les llamaron los Niños Héroes en el epítome de la exageración y el sensacionalismo. Bueno, sus dos figuras, sus dos Juan Escutia de entonces, hoy conscientemente, se han negado a envolverse en la bandera metafórica del Tri, y tirarse al vacío.
Gio, en su mejor momento en la MLS, cobra venganza nuevamente de Decio de María, quien quería marginarlo desde la época de Miguel Herrera. Vela en su peor momento futbolístico, elige la indolencia para vestir de gris, una luminosa expectativa.
¿Para qué le alcanza a Osorio? Con sus 23 del Patíbulo, tiene un grupo con testosterona, aunque sin duda aparecen algunos que ninguno de los 130 millones de entrenadores jamás hubieran citado, como Yasser y Araujo.
Pero la mejor definición, en la forma más coloquial, contundente y franca, la dio Miguel Herrera alguna vez. "Si yo me equivoco, al que corren es a mí, no al convocado".
No hay mayor lealtad profesional que poner en manos de 23 el futuro profesional. No hay mayor deslealtad profesional que ser de esos 23 y no sentirlo así.
Y al final, como en el Circo Romano, al arrancar la Copa América, Osorio y sus jugadores, comparecerán al ombligo del universo de los inconformes, y con la mano derecha en todo lo alto, juramentarán: "Ave, Caesar, morituri te salutant (Ave César, los que van a morir, te saludan)".
