El Piojo quiere ser el Xoloitzcuintle del Bigotón

TIJUANA -- Uno niega que sea discípulo del otro. Y el otro se siente el patriarca del uno y de todos los unos. Hay amor hasta en sus tiempos de cólera, parafraseando la bendita herencia de García Márquez.

Los dos juran que son amigos, pero ya armaron una coreografía de vecindad cuando uno fue a saludar al otro, y éste juró que lo hizo con maledicencia y torvamente, violando su infinita biblia negra de superchería.

Uno es un dandy con trajes de 5 mil dólares, pero ademanes y desmanes de raza, de esa raza de los que no tienen raza ni pedigree. Alburea y bromea, o se enciende e insulta, y hasta en reminiscencia a sus memorias de boxeador de arrabal, le sacudió el lomo a un relator.

El otro se disfraza de Corleone y Bogart, en rústica réplica, cuando pontifica de futbol, aludiendo a que hasta Pep Guardiola se amamantó de sus principios, y hasta juramenta que "Alemania fue campeona (Brasil 2014) con 'mi' línea de cinco".

Son sagaces. Extremadamente sagaces. Ellos juegan ajedrez, cuando el de enfrente ensaya con parchís. Podría decir Sabina que ambos tienen la melena muy larga, la lengua más larga, y la mecha, la del carácter, claro, muy corta.

Sentados siempre en un polvorín, serpentean en la lengua un fósforo encendido. Uno le reparte cuando puede a su heredero en el Tri, Juan Carlos Osorio, y el otro deslizó un apellido asfixiante a Paco Jémez, al llamarlo "vende humo", aunque reculó cuando el español lo retó "a ir a lo oscurito".

En medio de tantos extremos que se estiran hasta juntarlos, los separa la respuesta pendenciera. Uno lleva el barrio caliente y con aires de Pedro Navajas ha repartido puñetazos y retado aficionados.

El otro, cuando alguien "agarra los fierros como queriendo pelear", relataría Ángel Fernández, se recluye, de ser necesario hasta en la cámara de bótox de la estética familiar en Guadalajara.

La selección nacional es una obsesión común. El uno le devolvió al Tri el vigor y la conflagración pasional en la tribuna, porque él mismo desplegó catálogos iridiscentes por el mundo con sus celebraciones en Brasil 2014. Su júbilo coquetea con el infarto masivo.

El otro, vive de cenizas que arrejunta para hacerlas trofeo. Habla de México en Alemania 2006 y en la Confederaciones de 2005, y ha superado a Scherezada, pero con un mismo cuento, durante Mil y Una Noches, de cómo Pelé, Beckenbauer, la FIFA, Maradona y los sabios del futbol, ponderaron a ese Tri.

Y los dos se fueron del Tri por su personalidad. Uno ofreció disculpas por ese round en el Aeropuerto de Filadelfia, con la Copa Oro recién abrazada, pero igual lo echaron del Tri en un pacto de televisoras.

El otro, con las manos vacías tras cuatro años insólitos de gestión, suplicó seguir, prometió internarse en una clínica para mejorar su temperamento, y casi juramenta dejar de fumar, pero la FMF se cansó de que tuviera esclavizada a una selección que tenía otros amos.

Esta viernes por la noche en el Estadio Caliente de Tijuana se verán de nuevo. El uno dice que no va a ir a saludarlo. El otro dice que no le importa.

Como sea, es uno de esos partidos tan poco habituales en el futbol mexicano, que se percibe desde fuera, que no se trata de ver si unos saludables Xolos como locales pueden vencer al América desvencijado por lesiones y castigos.

Ciertamente, más que Xolos contra América es Miguel Herrera contra Ricardo LaVolpe. Los once en la cancha, pasarán a ser peones de sus pasiones, todas las insanamente sanas y las sanamente insanas, posibles.

Si los Xoloitzcuintles eran los perros sagrados que servían de lazarillos a las almas de sus dueños, según la mitología náhuatl, podría decirse, alegóricamente, que El Piojo quiere ser el xoloitzcuintle que conduzca a El Bigotón a su propia muerte competitiva en este torneo.