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La confianza radical de Patrick Mahomes

Es un quarterback único, capaz de hacer que lo imposible parezca fácil. ¿De dónde viene su talento, y hasta dónde lo llevará?

Este artículo aparece en la edición de noviembre de ESPN The Magazine. ¡Suscríbete hoy!

Fui hasta el fondo mismo de la Internet tratando de entender cómo se siente contar con un brazo como el de Patrick Mahomes. Conseguí un lanzamiento tan raro que técnicamente no existe, borrado por una penalidad por retener. Es noviembre de 2014. Mahomes es un verdadero novato de 19 años en la Universidad Texas Tech, que se enfrenta a Oklahoma en apenas su segunda ocasión como titular. Tercero y diez en la línea de 39 yardas de los Sooners. Ha sido entrenado para mirar a un par de receptores en secuencia y si ambos están cubiertos, hacer la jugada. Uno, dos, vamos. Toma el balón y se encuentra bajo presión inmediata ("uno, vamos") y corretea hacia la izquierda, no velozmente sino de forma elusiva, lejos de la carrera, pero se encuentra con una trampa. Se encuentra a una yarda de la línea y los cuatro hombres de línea defensiva se acercan rápidamente... hasta que, con su peso cayendo hacia la izquierda y el casco de un corredor rozando su mandíbula, Mahomes mueve su brazo (en ese momento, es la única parte de su cuerpo en pleno movimiento, como si estuviera aislada para conseguir el máximo efecto) y el ovoide asume una trayectoria que parece ser imposible sin antes haber cobrado impulso, la expresión física de una cualidad metafísica, una confianza radical disfrutada solo por unos cuantos bendecidos. El balón susurra; hace espiral de forma rápida y cerrada, parece alterar las leyes de la física y cambiar las posibilidades de un campo de fútbol americano (volando bajo mientras sigue moviéndose hacia adelante y profundamente) hasta que choca con el pecho de un receptor en la línea de meta mientras Mahomes cae al suelo. He visto ese lance 20 veces. He visto genios de la improvisación en el fútbol americano y a piedras gigantescas. Vi a un hombre haciendo cálculos y evaluando riesgos que yo no puedo computar. Vi ese lance hasta estar completamente seguro de lo que veía.

Luego, me senté con él y le elogié por pases similares a ese. Y él tomó los halagos con una mirada de tedio, como si nada de lo que afirmaba le hubiese ocurrido jamás. Era solo un lanzamiento. Un lanzamiento que siempre hace... y que ha hecho desde la primera ocasión en la cual sostuvo un balón con sus manos.


EN CUALQUIER GENERACION, sólo existe un puñado de brazos realmente trascendentales. Estos hombres nacen, no se hacen. Si no cuentas con esa cualidad, puedes ser un buen mariscal de campo de la NFL, aunque no se te remunerará como un grande. Si cuentas con eso y lo desperdicias, serás 30 para 30. Pero si cuentas con eso, no lo desperdicias y, además, lo combinas con la mente de un All-American académico y la ética de trabajo de un artesano... pues bien, eso es lo que quiero explorar con Mahomes.

En una tarde de octubre, dentro de una oficina en el complejo de los Kansas City Chiefs, Mahomes no parece desear ser explorado. Parece estar cansado de ser objeto de exploración. Es cortés, aunque quizás, se encuentre existencialmente exhausto por haber cambiado su vida para siempre durante esta temporada. Tiene 23 años, sin siquiera contar con 16 partidos de la NFL en su haber y ya tiene una camiseta usada en uno de sus partidos en el Salón de la Fama, siendo líder de la liga (hasta la Semana 9) en touchdowns y yardas, aparte de segundo en el rating de pases. Ha pasado un año. Lo más impresionante es que ha normalizado lo imposible, haciendo lances cada semana que desafían la razón y la quinesiología.

El otro día, en el apartamento de Mahomes en el vecindario de Country Club Plaza en Kansas City, su abuelo le preguntó: "¿Cómo es ser famoso?". Por una parte, significa que ahora come menos kétchup. Mahomes pasaba la mayor parte de su vida untando salsa de tomate kétchup sobre todo. Le regalaban botellas de kétchup en su cumpleaños. Ahora, que todos están pendientes de cada movimiento que hace, se avergüenza de pedir kétchup. Recientemente, en un restaurante, su madre Randi, reconoció un deseo incumplido mientras su hijo estaba a punto de atacar un plato de carne. "Sólo pídela", dijo Randi. "Sé que la quieres". Patrick no se sentía en capacidad de hacerlo. Por ende, ella pidió kétchup y se lo entregó.

No obstante, la intersección entre la fama y el kétchup es un tópico para otro momento. Estamos aquí para conversar sobre su brazo. Por ello, le hago una pregunta que sé bien que no debo hacer a un técnico obsesivo, como Tom Brady, por ejemplo.

"¿Has tenido que pensar alguna vez con respecto a tu lanzamiento?"

Mahomes habla normalmente rápido y suena como si hubiera ensayado sus respuestas, elogiando a sus entrenadores y compañeros. Ahora prefiere hacer una pausa, como si esta fuera la primera vez que ha pensado con respecto al tiempo que invierte pensando sobre sus dones y dice:

"No mucho".


ME ENCUENTRO AL LADO de John Elway, mientras vemos calentar a Mahomes en el Arrowhead Stadium, momentos antes de que los Chiefs jueguen contra los Broncos a mediados de octubre. Mahomes rueda hacia la izquierda y lanza de forma profunda con la derecha, luego rueda hacia su derecha y lanza profundo con la izquierda. Lanza el balón a una distancia de 60 yardas sin gruñir ni torcerse. Parece estar matando el tiempo (incluso, revisa su teléfono entre repeticiones) y, sin embargo, ésta es una práctica de verdad. Varios entrenadores de los Broncos están mirando a Mahomes, seducidos por el espectáculo que se desarrolla frente a ellos. Cuenta con destrezas a su disposición que son la envidia de cualquiera que haya jugado como mariscal de campo y, si alguna vez han lanzado un balón lo suficientemente bien como para tener idea de lo difícil que es hacer lo que él hace, se convierte en algo más fascinante, emocionante y lleno de hermosos detalles, tales como el ángulo al cual la nariz del balón asciende y cae, cómo el ovoide parece cobrar velocidad con la distancia en vez de perderla, violento pero atrapable. Esos pases cambian más que el ímpetu de un partido. Suspenden el transcurso del tiempo, obligan a quitar la vista del teléfono y preguntarse lo que se siente al desatar una fuerza así. Elway lo sabe.

Le pregunto a Elway: "Cuando tu brazo estaba en su condición más fuerte, ¿cómo era lanzar?"

"No lo sé", responde. Piensa por un segundo y me da una versión de fútbol americano de la escena "Siempre podía jugar" de la película "En busca del destino". "Sientes que puedes hacer cualquier cosa".

A fin de tener éxito en la NFL, la mayoría de los jugadores tienen que aceptar sus límites. Aprendes a trabajar dentro de ellos y contra ellos. Aunque si se nace con un brazo como los de Mahomes o Elway, tiene como consecuencia la bendición de nunca tener que reconsiderarse a sí mismo. A menos que, por supuesto, unas dolorosas derrotas en la postemporada te obliguen a reconsiderarlo todo.


"Parecía que la nariz del ovoide traspasó mis manos", cuenta el padre de Mahomes sobre los primeros lanzamientos de su hijo en el patio. Hana Asano para ESPN

MAHOMES NO SENTIRÁ la necesidad de pensar mucho con respecto a su forma de lanzar, pero muchas personas cercanas a él han invertido mucho tiempo pensando en formas de conseguir desacelerarlo. Su padre Pat fue pitcher durante 11 años en Grandes Ligas y su familia residía frecuentemente en apartamentos y habitaciones de hotel en las ciudades donde jugaba. Cuando era un niño pequeño, Patrick iba al estadio con su papá, presenciaba las prácticas de bateo y luego iba a su casa, veía el partido por televisión y lanzaba durante los cortes comerciales. Era algo divertido pero agotador. Randi lanzaba una pelota hacia una esquina o al otro lado del salón tratando de esconderla, esperando así conseguir unos momentos de paz y tranquilidad para ella. "Pensaba: 'Puedo leer un pasaje más de este libro hasta que consiga la pelota'", recuerda.

Cuando Randi y Pat inscribieron a Patrick en una liga de T-ball en su ciudad natal de Tyler, Texas, el chico de 4 años tenía destrezas tan avanzadas que fue canjeado por dos jugadores (vamos, que así es el deporte en Texas) y terminó jugando coach-pitch con niños mayores. En su primera práctica, tomó un roletazo hacia el campocorto y disparó a primera, golpeando al inicialista entre los ojos, rompiendo sus gafas. "Pensé que todos podían atraparla", dice ahora Mahomes, entre risas.

El reto de la niñez de Mahomes era el reto que conlleva tener un niño superdotado. ¿Cuál es la mejor forma de enseñarle? ¿Deberíamos acaso intentarlo? Pat trató de fortalecer el brazo de su hijo con una serie de rutinas de entrenamiento de béisbol, comenzando con lances largos y de allí, pasar a lanzar desde plataformas distintas, con ambos pies en posición paralela o con un pie en posición contraria, con la intención de ayudar a Patrick a conseguir su punto de liberación más poderoso. El caso era que cada punto de liberación era poderoso. No sólo lanzaba de forma intuitiva en varios ángulos (podía lanzar de forma clásica, o a tres cuartos, o desde su cadera). Además, veía de forma intuitiva como variaban los ángulos y la mejor forma en la cual una pelota podía llegar a su objetivo. "Terminó siendo la tormenta perfecta", afirma Pat. Cuando Patrick se aproximaba al curso medio en la escuela, comenzó a practicar fútbol americano en su jardín, con varios amigos. Un día, lanzó lo más fuerte que pudo una pelota a su padre. Es un lanzamiento que Pat aún recuerda a una década de haber ocurrido, no sólo debido a su fuerza, sino porque fue una especie de declaración. Su hijo forjaría su propio camino.

"Parecía que la nariz del ovoide traspasó mis manos", dice Pat.


MAHOMES CUENTA CON la clase de brazo que puede dar pie a ciertas presunciones. Cuando era niño, se inscribió en un campamento de verano de fútbol americano, vistiendo una gorra de béisbol con la visera sobre su nuca. Adam Cook, entrenador de quarterbacks del campamento y quien después se convirtió en coach jefe de Patrick en la secundaria Whitehouse, para ahora ser uno de sus mejores amigos, decidió ponerlo a prueba. Había escuchado sobre la fortaleza del brazo de Pat y su punto de liberación bajo (los entrenadores tienden a ver una liberación a tres cuartos como la mayor expresión de fanfarronería entre los movimientos para lanzar, algo imprudente y demasiado vanidoso) y pensaba que la mayoría de los niños con semejantes hojas de vida eran malcriados sabelotodo. Cook se le acercó y dijo: "Oye, voltea tu gorra para así poderte hablar".

Patrick volteó su gorra sin hacer preguntas. Si bien su talento siempre ha implicado que este deporte le ha sido sencillo, es un conformista de corazón que tiene los pies puestos sobre la tierra y está dispuesto a hacer el trabajo. "Papá, sólo quiero ser entrenado", le dijo a Pat.

Durante la escuela media, trabajó al lado de un entrenador llamado Reno Moore, quien le pedía a Patrick acostarse en el terreno al lado de un balón y cuando Moore le diera la señal, saltaba y lanzaba a uno de tres hoyos en una malla frente a él, todo con el fin de acelerar su liberación del balón. "Su fortaleza bruta en el brazo era fenomenal", afirma Moore. "Hacía que me halara los pelos tratando de conseguir que fuera exacto en su trabajo con los pies y en sus tiempos, pero finalmente nos conformamos y dijimos que era lo suficientemente bueno para hacer cosas que son especiales".

“Su fortaleza bruta en el brazo era fenomenal. Dios no ha conferido muchos brazos así.”

- Adam Cook, entrenador de preparatoria de Mahomes

En la secundaria Whitehouse, Adam Cook y su hermano Brad, coordinador ofensivo, pedían muchas cortinas rápidas y se maravillaban al ver lo rápido que el ovoide salía de la mano de Mahomes. Años después, Brad analizó todas las cortinas rápidas de Mahomes y encontró que éste liberaba el balón en 0.58 de segundo, comparado con un promedio de 0.67 para todos los quarterbacks que han jugado con Whitehouse desde entonces. Sam, hijo de Adam Cook, era recoge balones durante los años que Mahomes jugó en ese instituto, y Patrick era su ídolo. No sólo porque Patrick hacía lo necesario para que Sam se sintiera parte del equipo, o porque Patrick recordaba los cumpleaños de sus compañeros y pedía a sus entrenadores que los anunciaran durante las prácticas. También era porque él se preguntaba cómo era contar con un brazo así: "Lo miras haciendo jugadas y piensas: 'Quizás yo pueda hacer algo similar'", dice Sam.

Por supuesto, él no podía igualarlo. Nadie podía. "Dios no ha conferido muchos brazos así", dice Adam Cook.

Ese brazo le ha dado a Mahomes la bendición o maldición de nunca tener que desesperarse. Todos los quarterbacks de hoy que son futuros miembros del Salón de la Fama han enfrentado un momento en sus vidas en el cual el fútbol americano pudo haberlos dejado en el camino. Lo más similar que ha experimentado Mahomes fue durante un concurso de Elite 11 en sus años de secundaria. Estaba agotado y sin mucho en el tanque: había pitcheado cinco entradas el día anterior. No logró clasificar. Cook estaba enfadado. Pat padre estaba realmente enfadado. ¿Estaba Patrick enfadado? ¿Es esa su cicatriz que lo marcó de por vida, un momento (similar al draft de Tom Brady, la lesión de hombros de Drew Brees o el fracaso de Aaron Rodgers en intentar conseguir una oferta para jugar fútbol americano de División I universitaria antes de graduarse de la secundaria) que ahora parece una anécdota? No. "La región oriental de Texas no es conocida por producir quarterbacks", dice, encogiendo sus hombros. "Nunca estuve realmente metido en el circuito del fútbol americano. No era la clase de jugador que trataba de hacer que su nombre resonara".

Su brazo le dio la confianza suficiente para pensar que todo saldría bien. Durante su temporada de último año en secundaria, en 2013, lanzó para 50 touchdowns y corrió para otros 15. El béisbol persiguió sus talentos, pero estaba fastidiado de ese deporte y les dijo a los equipos que intentaron reclutarle que sólo jugaría por un bono valorado en $2.5 millones, cifra que después confesó al diario The Kansas City Star que había inventado con el objetivo de desalentarlos. El fútbol americano le dio una tribuna, un lienzo en blanco con cada jugada. Adora "la lucha diaria de analizar y conocer sobre defensivas. El hecho de tener un reto nuevo cada semana". En un partido de playoffs contra la secundaria Poteet, Mahomes se alejó del linebacker Malik Jefferson, quien ahora juega con los Cincinnati Bengals, e hizo un pase profundo hacia la línea derecha para conseguir una anotación. Pat padre lo denominó la jugada más memorable de la carrera de su hijo, e indicó que es la clase de jugadas que Patrick ha hecho "durante toda su vida". Solo miren a Mahomes alejarse de la carrera de los Patriots y lanzar un touchdown de 67 yardas a Kareem Hunt y sabrán a qué se refiere.


Los Chiefs negociaron para subir 17 posiciones en el draft del 2017 y escogieron a Mahomes, que le faltaba afinar su mecánica, con la décima selección global. Hana Asano para ESPN

KLIFF KINGSBURY ESTÁ SENTADO a la cabeza de un amplio mesón de conferencias en un jueves de octubre. Nos encontramos en las instalaciones de fútbol americano de la universidad Texas Tech. Una camiseta enmarcada de Mahomes está colgada en un muro de su oficina y una pintura de Mahomes en el otro. Pocas personas en Estados Unidos saben de mariscales de campo como el entrenador jefe de los Red Raiders. Fue estrella de Texas Tech, estudió detrás de Brady y Brees en la NFL y entrenó a Case Keenum y a Johnny Manziel en la universidad. Los entrenadores de la NFL roban jugadas de su libro sin pudor alguno. Andy Reid dijo recientemente a la revista Sports Illustrated que Kingsbury era "un genio".

"Sólo está siendo amable", dice Kingsbury. "Se siente agradecido conmigo por haberme asegurado de que Patrick sigue vivo y no muriera en la universidad".

Reproduce un video de Mahomes en sus años de universidad, con aspecto muy vivo, ofreciendo una demostración familiar de lo espectacular. Mahomes rueda hacia su derecha y hace un lanzamiento de 30 yardas como si estuviera evitando caer con una piedra. "La mayoría de los seres humanos no pueden hacer eso", dice Kingsbury. Mahomes hace un lanzamiento profundo como si lanzara un disco volador con la zurda. "El resto de nosotros hace tensión para lanzar balones como lo hace él", afirma. "Nunca lo vi hacer tensión, jamás. Sin importar lo lejos que estuviera".

Insisto con Kingsbury a fin de que éste me indique si se ha producido una evolución en la liberación de Mahomes, argumentando que tuvo que haber sido objeto de cambios con el tiempo. Quiero decir que Brady y Rodgers han reinventado sus movimientos, por no decir a sí mismos, con el transcurso de los años. Kingsbury entrenó a Mahomes para que éste pudiera alzar más el balón, pero eso fue todo. "Hay cierta pureza en su lance", dice Kingsbury. En sus tres años en Lubbock, donde está ubicada Texas Tech, Mahomes nunca tuvo un mal día con sus lances. Nunca estuvo fuera de forma.

Por ello, quizás no sea sorpresa para nadie que Mahomes terminó con el tiempo fastidiándose de Mahomes. Quizás así sean las cosas cuando se alcanza un récord en el fútbol americano de la NCAA con 819 yardas totales en ofensiva durante un solo encuentro, o cuando lanzas de forma rutinaria pases de 85 yardas de alcance en calentamientos previos. Kingsbury tenía que ser creativo para así seguir entrenándole. Durante varios días a la semana, armaba redes con tres objetivos y se unía a Mahomes y al quarterback suplente de Texas Tech Nic Shimonek en una versión para mariscales de campo del juego H-O-R-S-E. Las partidas eran intensas y alocadas, con los quarterbacks haciendo que los balones rebotaran de los postes o sobre la cruz. Kingsbury terminaba ganando en muchas ocasiones (tenía el mejor toque) pero un día, solo por diversión, hicieron lances con la mano izquierda. Pronto se hizo rutina. Kingsbury y Shimonek fueron las únicas personas en Estados Unidos que no se cayeron del sofá cuando Mahomes, corriendo hacia la izquierda y con Von Miller frente a sus tobillos cuando se enfrentó a los Broncos durante la Semana 4, pasó el balón de su mano derecha a la zurda y la lanzó hacia Tyreek Hill para conseguir un primer down. "Fue algo practicado", dijo Kingsbury. Intenta decirme que allí hubo evolución. Sólo que la estoy buscando en el lugar equivocado. La mayoría de los quarterbacks van a la universidad para aprender cómo jugar en la NFL. Mahomes asistió a fin de aprender como lanzar con la mano izquierda.


A INICIOS DE cada año, Mike Sheppard, exentrenador universitario y quien fuera asistente bajo las órdenes de Bill Belichick y Mike Holmgren, conduce una corta distancia desde su casa ubicada en las colinas de San Clemente hasta el complejo Exos en Carlsbad para encontrarse con otro entrenador y amigo personal, Bill Cunerty, con el objetivo de preparar quarterbacks para el draft de la NFL. Durante seis semanas en 2017, Mahomes fue su cliente. Sheppard ha conocido a Andy Reid desde finales de la década de los 70, cuando lo vio en el Glendale Community College y lo llevó a la Universidad Brigham Young, donde Reid terminó conociendo a quien sería su esposa, Tammy y dio impulso a su carrera como entrenador.

Un día, entre el NFL Combine y el draft de 2017, Reid llamó a Sheppard para preguntarle con respecto a Mahomes. "Sólo estoy cumpliendo con la debida diligencia", afirmó. "No te quitaré mucho tiempo".

Sheppard tenía una carpeta llena de notas sobre Mahomes. Había hecho una lista de 11 puntos titulada "Aspectos a mejorar", que iba desde el "conteo para lanzar", pasando por "protecciones por hacer en Texas Tech" hasta "ambas manos sobre el balón". Aunque las cosas que no se mencionaban en la lista constituían una revelación: no había prácticamente nada en las notas recopiladas por Sheppard con respecto a la liberación de Mahomes. A los entrenadores de quarterbacks les encanta ufanarse de haber pulido los movimientos de los principales prospectos durante la temporada del draft. Por el contrario, Sheppard le dijo a Reid: "Existen muchos brazos fuertes, pero no tan precisos".

Reid intentó ocultar su entusiasmo. ¿Cómo era entrenar a Patrick? ¿Escuchaba? ¿Asimila fácilmente las instrucciones? Sheppard cuenta con su propia teoría para evaluar la inteligencia de un mariscal de campo. Si un quarterback cuenta con excelentes calificaciones académicas, Sheppard sabe que es todo un luchador. Patrick fue All-American académico, atleta-estudiante del año en la Conferencia Big 12 y frecuente miembro de las listas de alumnos destacados del decano y presidente de la Universidad. "Es un buen estudiante y trabaja duro", expresó.

Las llamadas de este tipo suelen durar aproximadamente 15 minutos. Ésta en particular duró 45. "Requirió algo de tiempo para analizar los requisitos", dice Reid, con rostro serio.

"Andy estaba emocionado por él", dice Sheppard, "pero no quería que nadie lo supiera".

Mahomes lo sospechaba. Antes del draft, Reid entrevistó a Mahomes en Kansas City. Fue una reunión de seis horas. "Tratamos de enterrarlo" entre nimiedades del fútbol americano, confesaría Reid posteriormente. Él sabe mejor que muchos que es posible tener una carrera destacada como entrenador con buenos mariscales de campo, pero es casi imposible ganar un Super Bowl sin uno trascendental al lado. Al final, ambos se compenetraron bien. A pesar de las ideas compartidas por muchos otros equipos (Mahomes aún estaba muy crudo, sus estadísticas en Texas Tech, que no eran de Dios, terminaban siendo poco confiables, Mitch Trubisky era un prospecto superior), los Chiefs ascendieron 17 puestos de selección para tomarlo en el décimo lugar.

Una vez que Mahomes se convirtió en miembro de los Chiefs, Reid comprendió que la fuerza de su brazo no solo era producto de su extremidad. También se debía a sus muñecas. "Él hace como un golpecito", dice Reid. Cuando Patrick aprendía a lanzar, Pat padre siempre le decía que "involucrara las muñecas" en el movimiento. Pat quería que las rectas de su hijo tuvieran la sensación de ascenso ("Sus muñecas se hicieron más fuertes", afirma ahora), pero no tenía idea que su consejo terminaría siendo provechoso en momentos tales como el tercer periodo del partido contra los Jaguars en la Semana 5. Mahomes empezó a hacer el movimiento, pero sus guayos se atascaron en el césped. Lanzó con los pies a la misma distancia de sus hombros, sin hacer giro, cobrar ímpetu o dejarse mover, parecido a arrojar un dardo. El balón impactó al ala cerrada Travis Kelce a 25 yardas de distancia. Era un tiro que te hacía preguntar, con sincero sentido de exageración, si un quarterback que define a una generación no puede detenerse a sí mismo, ¿es acaso indetenible?


Mahomes ha aprendido a lanzar con ambas manos, pero por el momento firma autógrafos sólo con la derecha. Hana Asano for ESPN

MAHOMES ESTÁ DE PIE frente a su vestidor, luego de haber enfrentado a los Broncos a finales de octubre y se coloca un suéter blanco. Sólo cuenta con un vestidor en estos momentos, en vez de los dos usualmente reservados para las superestrellas (todos necesitamos tener aspiraciones), aunque se siente cómodo y en casa alrededor de sus compañeros después de un triunfo, algo parecido a las visitas a su padre en el clubhouse de Grandes Ligas. Hizo cuatro pases para touchdown, pero dejó muchas jugadas en la cancha, incluyendo una en la cual fue hacia la derecha y tenía a Hill abierto, corriendo y alejándose, un lanzamiento para el cual los Chiefs nunca habrían considerado a Alex Smith. Pero Mahomes vio a Hill demasiado tarde. En una esquina, se celebra una fiesta privada que los Chiefs organizan para amigos y familiares después de cada partido de local y Patrick está ansioso por ver a sus padres. Me recuerda un poco al Tom Brady de 2001, la etapa mística, embrionaria de algo especial. Pat y Randi tienen el cansancio por exceso de adrenalina que sintieron Tom padre y Galynn Brady en aquél entonces, viajando por todo el país cada fin de semana en un trayecto que tenían que disfrutar porque nadie sabía con certeza cuándo iba a terminar. "Puede que no viaje a Cleveland", dijo Pat padre la noche antes del partido contra los Broncos, refiriéndose así al próximo oponente de los Chiefs, antes de pensarlo mejor. "No, sí iré a Cleveland".

Nadie sabe cuando terminará la temporada de Kansas City, pero es bien conocido por todos que, durante las últimas décadas, ha terminado temprano para Reid y los Chiefs. Mahomes es un mariscal de campo sin límites que ahora lidera a un equipo históricamente limitado. Los Chiefs han sido cuidadosos con él en público, permitiéndole ser celebrado, pero hasta cierto límite, tratando de que todo el alboroto causado gracias a él no termine originando un corto circuito en el que bien podría ser el año del equipo. En este momento, por lo menos, Mahomes es inmune a las dudas que surgen al lado de los equipos que siempre quedan en mitad de camino; algo que incluso llegó a sentir Elway por años, tras haber aprendido que un brazo maravilloso no es suficiente para que un equipo llegue lejos. El miedo es su principal enemigo. Dentro de las oficinas de Kansas City, le pregunto a Mahomes si hay alguna jugada especial que vuelve a ver cuando necesita de motivación.

"Realmente, nunca miro nada que me ayude a mejorar mi confianza", afirma. "Solo me sigo moviendo y sigo adelante. Siento que incluso, si algo sale mal, tengo confianza en mí mismo y en mi equipo de que lo vamos a resolver. Nuestro lema como equipo es: "Sigamos adelante". Sin importar lo que ocurra, lograré recuperarme".

Imagínense vivir así, sintiéndose perpetuamente liberado. Quizás algún día, más adelante en su carrera, Mahomes intentará recapturar esa sensación, cuando tenga que lidiar con algunos de los aspectos inevitables de la vida en la NFL. O quizás no tenga que hacerlo. Quizás un brazo peculiar permita tener una mente aún más peculiar.

Durante el cuarto periodo del encuentro contra los Broncos, los Chiefs tenían ventaja de 10 tantos, pero Denver comenzaba lentamente a meterse en el partido. Mahomes empezó a tener problemas, pero lanzó a Kelce un envio alto y fuerte, que cayó en los brazos del safety de los Broncos Justin Simmons. Mahomes se dirigió a la banca, molesto, pero no destruido. Cuatro jugadas después, los Chiefs forzaron un balón suelto de Keenum y Mahomes saltó de la banca, abrazó a varios jugadores defensivos y gritó: "¡Gracias por levantarme!". Luego, tomó el balón y comenzó a calentar, con un lance fluido, limpio y preciso; o sea, todo lo que se necesita de él y todo lo que él ha requerido de sí.


MAHOMES NUNCA ME DIJO lo que sentía al hacer lanzamientos extraordinarios, limitándose a confesar que esos tiros no se sentían extraordinarios para él. He allí la diferencia entre él y el 99 por ciento de los hombres y niños que intentarán hacer un lanzamiento como mariscales de campo este otoño.

Aunque el 99 por ciento restante puede probar un poco de lo hecho por Mahomes. A mediados de octubre, Sam Cook hizo un lance que recordará por el resto de su vida. El antes recoge balones es ahora quarterback en el equipo de segundo año de la secundaria Whitehouse, jugando en el mismo terreno en el cual lo hizo su héroe y en un partido contra Jacksonville, bailó hacia la izquierda y vio como un receptor corría hacia la derecha. Es la clase de lanzamiento (tardío y por el medio) que se les advierte a los quarterbacks que deben evitar. Sin embargo, Sam no podía resistir esa oportunidad, no solo de hacer un pase sino de hacer un pase al estilo Mahomes, con todo su peligro y su gloria. Lanzó al igual que Patrick, con una rápida liberación a tres cuartos y alcanzó a su compañero para así ganar terreno mientras los asistentes explotaban. Una corriente se apoderó de él, como si fuera un relámpago. "No hay nada como esa sensación", me dijo Sam, poco después, aún visiblemente emocionado.

¿Mahomes conocerá esa sensación, o acaso esa descarga de energía no le afecta? El mariscal de campo debió abandonar la oficina del complejo de los Chiefs antes de que pudiera preguntarle. Pero apuesto a que sí lo sabe. Y que el juego, para él, radica en no dejar de pensar en ello.

Wickersham escribe para ESPN Digital. Comunícate con él por medio de correo electrónico en Seth.Wickersham@espn.com y por Twitter en @sethwickersham.

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