Ronaldo, el Fenómeno que dejó su huella en el Barça en solo un año

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Ronaldo y el proyecto para el Valladolid (1:23)

El brasileño estuvo en el 'World Football Summit 2018', invitado como dueño de la entidad blanquivioleta. (1:23)

MILÁN -- El recuerdo de Ronaldo Nazario, futbolista descomunal en su día y hoy flamante dueño del Valladolid, sobrevolará este martes el ambiente de San Siro. El 5 de junio de 1997 está marcado a fuego en la historia del Barcelona. Fue la fecha en que el Inter de Milán hizo oficial el pago de su cláusula. El fin del Fenómeno azulgrana, tras una temporada descomunal.

Coincidiendo con el Inter-Barça, ESPN refresca aquel inolvidable curso 1996-97 a través de los recuerdos de cinco de los que fueron sus compañeros en el Camp Nou. Con una coincidencia absoluta en todos ellos. Futbolísticamente fue un jugador “impresionante”, personalmente un tipo “excelente”. Y, en general, un personaje “muy estimado”. Y para todos los referidos su marcha supuso “una decepción”.

Ronaldo, fichado al PSV Eindhoven una semana antes de comenzar los Juegos Olímpicos de Atlanta, en 1996, tuvo una eclosión desconocida en el Camp Nou. Tal fue su impacto que a pesar de haber firmado un contrato de 5 temporadas, apenas transcurridos dos meses de la primera el club valoró una extensión y mejora salarial.

Había marcado un gol histórico en Santiago de Compostela a principios de octubre y el 6 de noviembre de aquel 1996 sus representantes, Branchini, Pitta y Martins, cerraron un principio de acuerdo con el presidente Núñez, que debía hacerse oficial antes de acabar el mes de febrero de 1997. Llegó febrero... Y la situación comenzó a enrarecerse. Se dieron de plazo ambas partes hasta mayo, pero las exhibiciones en el campo de Ronaldo endurecieron las exigencias de sus agentes hasta el punto que en dos días terroríficos se pasó del acuerdo a la nada.

“No jugaré más en el Barça”, proclamó el brasileño el 29 de mayo. Y el 5 de junio se conoció su marcha al Inter, que pagó los casi 31 millones de dólares que establecía su cláusula de rescisión. Fue el final, trágico, de un año inolvidable.

EL RECUERDO
Sus colegas en el vestuario de aquella temporada que se cerró con un triplete de títulos mantienen vivo el recuerdo de un futbolista “especial y diferente” como lo califica Óscar García, hoy entrenador y en aquel entonces joven canterano que reconoció sentirse “atrapado” por la calidad de Ronaldo.

“Recuerdo que hizo un primer entrenamiento, digamos, bastante flojo... Pero al tercer día ya mostró que era un tío diferente, alucinante” rememora Óscar, quien le califica como un jugador “rapídismo y con una calidad individual excepcional”.

“Físicamente era un superdotado y tenía una calidad tremenda”, interviene Guillermo Amor, hoy director de relaciones institucionales del Barça y también compañero suyo aquella temporada. “Fue un año extraordinario, en el que mostró unas cualidades soberbias”, incide, reafirmando que el Fenómeno “marcó las diferencias en todos los sentidos”.

“Es el mejor futbolista con el que jugué nunca”, apostilla Iván de la Peña, también canterano, que dio nombre a una maravillosa generación catapultada por Johan Cruyff que no acabó de cuajar y que se entendió magníficamente con el brasileño. “Sabía buscar el espacio y nos compenetramos muy bien, sí. Aquella temporada la mantengo en el recuerdo como una de las mejores de mi carrera”, confirma el cántabro, convertido hoy en un reputado representante.

“Aquella fue la mejor temporada de su carrera, hizo un año increíble”, proclama con absoluta seguridad Gica Popescu desde Bucarest. El ex futbolista rumano, que llegó a ser capitán azulgrana aquel curso, advierte que incluso para él, que le conocía tras haber coincidido unos meses en el PSV, la eclosión de Ronaldo fue “una sorpresa. Explotó de forma bestial”.

Como Popescu, Miquel Ángel Nadal, que antes de tío de Rafa fue un futbolista de rendimiento soberbio para el Barça y la selección española entre 1991 y 1999, sostiene que aquella temporada “fue la mejor que hizo. No le recuerdo aquel potencial ni en el Inter ni en el Real Madrid durante un año entero. Fue alucinante”. El mallorquín sonríe admitiendo que en el momento de su fichaje “parecía un absurdo pagar tanto dinero... Y de pronto, en apenas unas semanas, descubrimos que incluso valía más”.

“El gol que marcó en Santiago fue la explosión para todo el mundo, pero nosotros ya sabíamos que estábamos ante un futbolista diferente”, añade Nadal, en una consideración que también mantiene Òscar: “Sabía jugar solo... Arrancaba y no necesitaba de nadie más. Aquel gol al Compostela fue impresionante, pero es que luego hubo otros contra el Valencia o el Deportivo con el mismo dibujo”.

“Tenía una voracidad en el campo, una potencia fuera de lo común”, detalla De la Peña, a lo que Amor suma “un carácter futbolístico especial”. “Yo no he visto nada igual porque parecía no tener techo... Sin ser lo mismo podría compararse a Messi, que cuando crees que lo has visto todo vuelve a sorprenderte”, conviene Popescu.

LA PERSONA
“Se adaptó rápido porque como persona también es un 10”, refiere De la Peña al hablar del Ronaldo más íntimo, al compañero que se ganó al vestuario, en una opinión que coincide con Óscar: “Desde un punto de vista humano se hizo estimar por todos desde el primer día. Era un tipo muy cariñoso y atento que aprendió castellano rápido y se integró muy bien en el vestuario, sobre todo con los más jóvenes”.

“Personalmente mantengo un recuerdo entrañable”, relata Amor, que califica al brasileño como un “chaval simpático y cercano” e incluso apostilla que “no he escuchado a nadie hablar mal de él. Allí donde ha estado ha mostrado una personalidad muy agradable”.

“Era imposible que no se adaptase porque se integró desde el primer día”, interviene Popescu, calificándolo como una persona “muy sencilla y agradable”, consideración en la que coincide Nadal: “Se integró muy bien porque un chico sencillo que se esforzó en llevarse bien con todos”.

LA HUIDA
“Ofreció un rendimiento excepcional y que se marchase después de solo un año sorprendió, desde luego”, explica el mallorquín al referirse a cómo la plantilla acogió su salida con dirección al Inter de Milán. “Nunca habló de ello en el vestuario y hasta el final pensamos que se quedaría”, incide Óscar.

De hecho, el canterano catalán descubre que en el camerino se sabía que Ronaldo “quería seguir en el Barça. Era feliz en Barcelona y en el equipo. Se notaba... Hay cosas que no hace falta decirlas para saberse”.

“Perder a un compañero nunca es agradable y a uno de esa categoría menos aún”, conviene Amor, solventando que “evidentemente sabíamos que le echaríamos de menos”, pero dejando claro que en la polémica que rodeó a su marcha “no podemos entrar. Todo el mundo tiene sus motivos y se deben respetar”.

“Fue muy triste que se marchase. Por todo. Por lo que había ofrecido en el campo y porque estaba muy adaptado al equipo”, revela De la Peña, mientras Popescu incide en que algo debió hacerse mal “porque cuando tienes a un jugador de esas cualidades debes hacer lo imposible por no perderlo”.

“No sé qué pasó... No lo sabemos, pero desde luego entendimos que el club dejaba marchar a un jugador irrepetible y fue un palo”, constata Óscar, en un discurso similar al de Nadal... Aunque el manacorí recuerda que el de Ronaldo “no fue ni el primero ni el último caso. Todos los jugadores pasan y el club sigue. Fue una circunstancia especial y dolió, sí, pero el tiempo suaviza esas sensaciones”.

EL RESUMEN
Ronaldo Nazario jugó 49 partidos con la camiseta del Barça entre el 25 de agosto de 1996 y el 24 de mayo de 1997 y marco 47 goles. Una estadística brutal para la época que estrenó el primer día con un doblete frente al Atlético de Madrid y cerró con una diana soberbia frente al Deportivo de la Coruña en el Camp Nou.

En una temporada socialmente “difícil”, como recuerda Óscar por ser la primera tras el despido de Johan Cruyff como entrenador, con no pocas protestas de la afición contra el palco presidencial, el impacto de Ronaldo fue histórico.

“Dejó una huella muy grande en muy poco tiempo”, resume Amor, y Popescu sostiene que con su marcha “hubo la sensación de que aquel equipo quedó a medio camino de lo que pudo haber sido”.

Para la historia quedó su gol en Santiago de Compostela, que mereció un anuncio especial de Nike y que el propio Ronaldo, ya retirado, calificó como “el mejor de mi carrera”, cuatro hat-tricks y un enemigo especial, el Atlético de Madrid, al que le marcó 8 goles en 3 partidos, con la noche del 5-4 de Copa como punto álgido de la locura que significó su paso, breve pero intenso (bestial) por un Barça que al cabo de 22 años mantiene en la retina aquel curso inolvidable.

“De todos los jugadores que dirigí, y fueron muchos, él fue el mejor. Siempre quería entrenar y en el campo... Nadie me impactó tanto como él”, aseveró un día el malogrado Bobby Robson. “Yo entrené al Ronaldo verdadero, al brasileño. Uno de los mayores talentos futbolistas que he visto”, admitió también tiempo después José Mourinho, ayudante del técnico inglés en el Camp Nou.

El 10 de julio de 1996 Ronaldo Luís Nazário de Lima firmó por el Barça convirtiéndose en el fichaje más caro del fútbol mundial. El 5 de junio de 1997 volvió a romper récords con su traspaso al Inter de Milán... Y su marcha rompió el corazón del universo azulgrana. Hoy, al cabo de 22 años y a pesar de su paso posterior por el Real Madrid, el personaje permanece imborrable.

Inter y Barça se cruzan este martes en San Siro. El Fenómeno, su recuerdo, sobrevolará el estadio lombardo.