La vida en un clásico

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Clásico intenso y parejo que tuvo a los DTs como protagonistas por sus aciertos (2:02)

Real Madrid dominó la primera parte, y Barcelona lo equilibró en la segunda parte. (2:02)

Quien ha visto a Cunningham silenciar el Camp Nou, ha sufrido a Raúl y se ha desesperado con Cristiano Ronaldo sabe, en el fondo, que un Clásico nunca se gana antes de jugarlo. Conoce el disfrute de las goleadas del Dream Team, de los aplastamientos más cercanos y de la sensación de sentirse un peldaño por encima en los cara a cara… Pero, a fin de cuentas, sabe muy bien que el Madrid siempre sale a flote.

¿Siempre? Siempre. Absolutamente. Tres meses después de menearle con un 5-1 de época (aunque algo engañoso) en este mismo Camp Nou, el Barça sufrió un baño de realidad porque la vida del Clásico es esto: el no saber si vas o vienes, no entender qué pasa para que el futbol sea tan distinto en el césped a como lo imaginaste. Y en éstas el Madrid tiene un adn tan especial que le convierte en una bestia competitiva.

Quizá lo peor, en clave azulgrana, fue descubrir antes de comenzar el partido que la suplencia de Messi se saludaba con tranquilidad. ‘Si en octubre no jugó y pasó lo que pasó…,’ se comentó en la misma tribuna donde se hacían chanzas de Vinicius o de Kroos. O de Llorente y Marcelo. Nada podía salirle mal al Barça.

Pero la vida del Clásico poco o nada tiene que ver con la realidad del futbol. Porque si el adn azulgrana es el juego, el merengue es la competitividad y entre uno y otra se impuso esta última, a base de empuje, de presión y de sorprender a un Barça lento de reflejos, poco puesto en la pelea y que fue casi bailado durante cerca de media hora.

Messi salió a rematar la faena cuando Malcom, el mejor de la noche, ya había empatado el inicial gol de Lucas Vázquez. Y aunque tanto Ter Stegen como Keylor solventaron con firmeza los remates recibidos, dio la sensación, cuando el árbitro pitó el final, que había faltado algo.

Falta, sí, la vuelta. Faltó, quizá, algo de energía y hace falta, hará falta, que el Barça muestre lo mejor de si mismo en el Bernabéu si quiere jugar su sexta final de Copa consecutiva.

La vida, dicen, es aquello que pasa entre Clásico y Clásico… Faltan tres semanas para el próximo.