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Ricky Rubio: 'Hay cosas del juego de Steve Nash que intento replicar'

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Ricky Rubio es una persona especial. Desde bien jovencito se le adivinaba un talento para el baloncesto, aunque eso no es lo único que le hace especial. Fue un jugador precoz, que con 15 años ya jugaba en primera división de la ACB en España, con 17 se colgaba la plata olímpica tras perder contra el Dream Team de Estados Unidos en la final de Pekín, y a los 21 daba el salto a la NBA para destacar en los Minnesota Timberwolves. Sin embargo, era su personalidad y la inaudita madurez que demostraba a tan corta edad, lo que llamaba singularmente la atención.

Más allá de su carrera como deportista al más alto nivel, la que le ha llevado a unirse a la franquicia de los Phoenix Suns este año tras pasar por Minnesota y Utah, Ricky Rubio destaca por su factor humano. El base español perdió a su madre en 2015 tras una árdua batalla de cuatro años contra el cáncer, un desgarrador capítulo de su vida que el propio Ricky contó en primera persona en The Players’ Tribune y que le cambió para siempre.

Este duro golpe que le dio la vida le llevó a crear una fundación, The Ricky Rubio Foundation, para ayudar tanto a los niños que sufren de cáncer, como a los que no tienen los recursos suficientes para llevar una vida digna. Pero, además, el fallecimiento de su madre, Tona Vives, y el proceso depresivo que sufrió el basquetbolista tras su muerte, le ayudó a tomarse la vida de otra manera; a disfrutar más y preocuparse menos.

Ese cambio es reconocible en su personalidad, con su familia y sus allegados, pero también se ha visto reflejado en su trabajo en la cancha. Ricky lleva 8 años en la NBA y puede considerarse todo un veterano con apenas 29 años, y ahora en Phoenix Suns tiene el proyecto idóneo y el técnico adecuado creando una situación perfecta para intentar alcanzar las metas más altas.

Quién sabe si su nuevo enfoque en la vida acabe siendo clave para lograr objetivos que quizás antes creía inalcanzables.

¿Cuéntame del trabajo que estás haciendo con tu fundación?

La diferencia de mi fundación con otras es que mientras la mayoría de estos proyectos suelen tener objetivos muy específicos, la mía intenta abarcar varios. Nos enfocamos en fomentar la lucha contra el cáncer, sobre todo el de pulmón, pero también en ayudar a los niños más necesitados. Los objetivos siempre pueden ser moldeables. Busco siempre la opinión de la gente, que se involucren lo más posible, que den ideas y opiniones sobre los proyectos.

¿Cómo te involucras con la fundación?

Algunas de las cosas más bonitas que hacemos es apadrinar a niños en tratamiento de cáncer y que vengan a ver un partido de la NBA o de la selección española junto a sus familias. Luego también nos enfocamos en reconstruir salas de espera o de quimioterapia en hospitales, sobre todo en España, para que estos espacios no parezcan tanto un hospital. Creo mucho en la mente y su poder, e ir a un hospital te llega a entristecer. Pero si vas a un espacio diferente, donde haya una librería, que puedas leer, distraer un poco la mente, y hacer así más llevadero ese momento, la cosa cambia para mejor. También trabajamos con niños de barrios de bajos recursos para intentar, a través del baloncesto, inculcarles unos valores que les ayuden a ser mejores personas.

Has comentado que desde que falleció tu madre el baloncesto y la vida te lo tomas de otra manera.¿Cómo describirías tu perspectiva ahora tanto en tu día a día como dentro de la cancha?

El cambio se sufre fuera, pero también se demuestra dentro de la cancha. Lo que me ha enseñado todo esto es a relativizar los sucesos que pasan en la vida. Nada es tan grave, y tenemos que aprender a disfrutar el día a día, porque nunca sabes lo que va a pasar mañana. Saber aprovechar los buenos momentos y aprender de los malos, esa es la clave. La filosofía de vida que he adoptado en estos últimos años en los últimos años, me lo dijo un gran amigo: “Never too high, never too low” (Ni muy alto, ni muy bajo). Se trata de eso, de relativizar todo, buscar el balance. Nada es tan grave, y hay que tener claro tus prioridades en la vida.

¿Se puede salir de la burbuja en la que vive el deportista profesional para comprometerse con causas como la tuya si la vida no te da un vuelco como ocurrió en tu caso con el fallecimiento de tu madre?

Es difícil. Es posible, pero es difícil. Si te toca tan de cerca te abre un poco los ojos, pero siempre tienes la oportunidad de involucrarte con buenas causas sin tener que pasar por lo que he pasado yo. Pero repito, es difícil porque estamos en un mundo en el que no tenemos muchos problemas, todo es bonito, tenemos fama, dinero, baloncesto… Aunque al final somos personas y no estamos exentos de sufrir desgracias. Por eso, por nuestra posición económica o social creo que podemos tener mucho impacto con cualquier iniciativa que tomemos, y esto se debe aprovechar.

No sólo te ha cambiado la vida en lo personal, sino también en lo profesional con tu llegada a Phoenix.

Fui agente libre por primera vez desde que estoy en la NBA y fue un verano divertido viendo todas las opciones que se me presentaron. Al final Phoenix era la situación perfecta, porque necesitaban un base, y para mí era un reto muy atractivo. Los Suns eran una franquicia que lleva varios años sin entrar en playoffs, pero que estaba armando un equipo joven, competitivo. Además, el cambio del gerente general y el de entrenador, con Monty Williams —que además de ser un gran técnico es una persona increíble fuera de la cancha y que se preocupa mucho por tí como jugador— me hicieron decidirme por venir aquí y no me he equivocado; ellos me necesitaban y yo les necesitaba a ellos. Creo que es una unión perfecta.

¿Qué hace especial a Monty Williams, y cómo lo comparas con otros entrenadores que has tenido a lo largo de tu carrera?

Cada entrenador tiene su forma de trabajar y las comparaciones son odiosas. Monty, particularmente, se preocupa mucho por la situación personal del jugador. Se interesa por quién es el jugador, lo que ha vivido, lo que ha sufrido como persona. Entiende que el deportista va más allá del baloncesto, que ante todo es una persona con preocupaciones diarias, y para mí es un orgullo trabajar con un entrenador así.

Luego, dentro de la cancha, entiende muy bien el baloncesto. Es muy metódico, pero a la vez te da mucha libertad. Confía mucho en el talento del jugador y, cuando las cosas salen como están saliendo, no le puedes poner ninguna pega a su estilo.

El equipo ha arrancado muy bien y está sorprendiendo a muchos. Están como sólidos candidatos a playoffs (récord 7-5), con un equipo joven, dinámico, que además parece haber sido armado para ti, por el perfil de jugadores en la plantilla. ¿Cómo te has sentido estos primeros meses en tu nueva casa?

Muy cómodo. Es cierto que tenemos un equipo con jugadores que se adaptan muy bien a mi estilo de juego, en el sentido que son muy rápidos, muy atléticos, y eso nos da ventaja en el contraataque. A mí me gusta jugar mucho así, armando las jugadas con muchas opciones por delante de mí, y eso me ha ayudado a destacar. He podido ser el cerebro dentro de la cancha, el que marca el tempo de los partidos. Nuestro equipo es muy bueno fisicamente, pero si no tienen un timón es difícil conseguir los objetivos. En ese sentido, es mi trabajo ayudar a que todos los jugadores desarrollen su papel, coordinarlo todo para que también seamos muy agresivos defensivamente, porque sabemos que si no, a campo abierto, corremos peligro.

En lo personal, estás prácticamente rozando el triple doble cada noche. ¿Estás ante la mejor temporada de tu carrera?

Para esto me he preparado. He ido progresando en mi carrera y los dos últimos años en Utah estuve a un gran nivel, pero creo que aún tengo más dentro de mí, aún puedo dar mucho más. De momento las cosas van saliendo, pero esto es el principio de temporada, llevamos pocos partidos y las notas se ponen a final de curso. Eso sí, me estoy sintiendo muy cómodo en Phoenix.

En la ciudad ya se califica el estilo de Ricky Rubio como “Nashing”, en clara alusión a que tu juego recuerda al de la vieja gloria de la franquicia, Steve Nash. ¿Es esto una presión añadida para ti?

Ya he dicho que las comparaciones son odiosas, pero que te comparen con Steve Nash es siempre un orgullo. Creo que cada uno tenemos nuestro estilo, pero es cierto que yo me he pasado muchas noches viéndole jugar. Uno intenta adaptar lo que ve a lo que puede llegar a hacer. Veo a LeBron James y me gustaría machacar como él, pero sé que no puedo. Pero sí es cierto que hay cosas del juego de Steve Nash que intentó replicar y que por nuestros estilos de juego puedo llegar a conseguir.

Es la primera vez que estas en un mercado con gran influencia hispana, y en diciembre los Suns y los San Antonio Spurs se enfrentan en la Ciudad de México. ¿Es más especial ese partido para ti?

He podido ir 3-4 veces con la NBA a México y es un orgullo ir a un país donde se habla mi misma lengua y donde se vive mucho la afición por el baloncesto. Además, me encanta la comida mexicana y me siento un poco como en casa. Claro, ahora estando en una ciudad como Phoenix, donde hay una comunidad hispana tan grande, noto ese cariño de la afición mucho más de cerca, por lo que es un orgullo representar a todos los hispanos en la NBA y viajar con el equipo hasta México para que los seguidores de allí también puedan disfrutar.

¿Crees que el proyecto de Phoenix puede llegar a resultar en un anillo de la NBA en el corto plazo?

Es temprano para poder pensar en eso, pues hay mucho pasos que dar antes de pensar en el anillo. Nunca puedes decir nunca, porque mira el caso de Toronto el año pasado. Es cierto que estaban en el grupo de los favoritos para poder llegar lejos, digamos, pero era difícil pensar que lo lograran y mira. Igual, como digo, hay muchos pasos que dar antes de crear un equipo que opte a ese objetivo: primero entrar en playoffs, en el equipo no tenemos mucha experiencia de playoff y creo que es un grado que se necesita. Pero el proyecto tiene que enfocarse en eso, marcarse esa meta. Lo primero es que el equipo sepa que puede ganar y eso poco a poco irá haciendo que evolucionemos hacia las metas más altas.

Con 29 años y ocho temporadas en la NBA en equipos que no han luchado por el campeonato, ¿cuándo llega el momento de dejar de pensar en un crear un proyecto desde cero y aspirar a llegar a un equipo armado para poder conseguir ese anillo?

Pues no lo sé porque a mí aún no me ha llegado. No te puedo decir cuándo va a venir… ni si va a venir. Al final, claro que todo el mundo quiere ganar el anillo, pero para mí personalmente no es mi único objetivo. Para mí es importante disfrutar, sentirme importante dentro de un equipo, sentirme valorado, y muchas otras cosas que entran en juego a la hora de ser feliz. El anillo sí que es el objetivo final, pero si me dan a escoger pasar diez temporadas divirtiéndome, disfrutando, sintiéndome importante en un equipo antes de ganar el anillo, o una temporada en la cual no disfruto y gano el anillo, elijo el camino largo.

Dices que crees mucho en que las cosas pasan siempre por algo. Habiendo conseguido el Mundial de la FIBA con España el verano pasado, ¿sería descabellado pensar en ganar Mundial, NBA y la medalla de oro en Tokio en menos de 12 meses?

Uff... el objetivo que pones es muy difícil, pero como te he dicho: nunca digas nunca. A veces nosotros mismos nos ponemos límites en nuestra mente que hacen que no podamos llegar a nuestro máximo rendimiento. Uno esos grandes objetivos que me marqué fue el Mundial, que era complicadísimo y para el cual no muchos apostaban por nosotros, pero lo conseguimos. Así que eso: nunca digas nunca y firmo conseguir esas tres grandísimas metas si tengo la oportunidad este año.