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Pachuca y Orlegi, enemigos del poder y mellizos de la avaricia

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Armando Martínez: 'Hemos trabajado para mejorar la situación que ha pasado con la pandemia' (4:16)

El presidente de Pachuca habla sobre la situación de aforo en el estadio Hidalgo. (4:16)

LOS ÁNGELES -- Han sido enemigos a muerte. Una guerra declarada abiertamente. Acusaciones, injurias, amenazas, retos, bravuconadas. Sin embargo, al final, todo indica que el Grupo Orlegi (Atlas y Santos) y el Grupo Pachuca (León y Tuzos), fueron arrullados en la misma cuna de la avaricia.

A Pachuca le autorizaron un aforo del 40 por ciento para recibir a Cruz Azul (0-0). El Estadio Hidalgo lucía esplendorosamente lleno y fatalmente fértil para el contagio de COVID-19.

A Santos le autorizaron un aforo del 50 por ciento para recibir a Puebla (3-0). El Estadio Corona presentaba una entrada muy superior a lo permitido, no tan dramático como en Pachuca, pero igualmente irresponsable.

La diferencia es que el estado de Coahuila está ubicado en verde, en el ciclotímico Semáforo del COVID-19, y el estado de Hidalgo se mantiene en amarillo. Sin embargo, hay negligencia en ambos casos, al no respetar los límites impuestos, según revelaban las imágenes de televisión y las aseveraciones de testigos presenciales, ya sean medios o aficionados.

Ambos clubes se equivocan. Uno más que el otro, sin duda, pero comparten el aparente “error” en la organización, o en los filtros, y en los protocolos, para garantizar lo más importante sobre esta aglomeración: la seguridad de los aficionados.

1.- El aficionado acudió a los estadios bajo la buena fe de que los organizadores respetarían de manera estricta los protocolos sanitarios en cuanto a cupo, medidas, control y vigilancia. Se encontraron, aparentemente, en una emboscada. Fueron engañados.

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Pachuca tuvo una asistencia mayor a la permitida en el estadio

2.- El sector salud fue desafiado, desobedecido y engatusado. Sus lineamientos, permisos y exigencias, fueron incumplidas, dentro y fuera del estadio. Hugo López-Gatell, del sector salud, puntualizó: “No conozco los detalles, ya nos comentará cómo quedó el marcador, pero aforos grandes (implican) un mayor riesgo de que haya muchos contagios y que en el estado específico se reactive la epidemia, incluso más allá del estadio, porque si esto ocurrió en Pachuca, es posible que habitantes de la Ciudad de México fueran para allá, del Estado de México, Querétaro”. Obviamente en Torreón, podría existir el mismo riesgo de contagio a otras entidades.

3.- El gobierno municipal, como ocurre en todas las plazas, debe sellar y auditar el número de boletos que sería puesto a la venta. En Pachuca, tres horas antes del juego, abundaban las entradas disponibles.

4.- El gobierno estatal no puede lavarse las manos. No pueden ignorarse los esfuerzos e inversiones para mantener a Coahuila en verde, y ayudar a Hidalgo a estar en amarillo, en el ya ciclotímico semáforo mexicano del COVID-19.

5.- La Liga Mx fue de nuevo ninguneada. Los supuestos acercamientos de Mikel Arriola con los dueños de equipos, y su tarea de concientización social en plena pandemia, han quedado en palabrería. De todas las partes.

6.- Y la Federación Mexicana de Futbol, como órgano regulador y autoridad suprema, no puede dar carpetazo. Así como ha irrumpido y violentado reglamentos en otros casos, no puede ser clemente, tolerante y alcahueta en estos casos. ¿Cruel con los enemigos, candorosa y celestina con los amigos?

A partir de ahí, ambos equipos, Tuzos y Santos, o ambos grupos, Pachuca y Orlegi, sí terminan, sin embargo, en clara desventaja uno del otro.

Mientras que el Grupo Pachuca ha recibido represalias por parte del poder que controla al futbol mexicano, el Grupo Orlegi es prácticamente visto como el hijo putativo de la FMF.

Cuando fue necesario ponerle un freno a Jesús Martínez, por su labor de zapa contra la FMF, le transmitieron el #TuzoGate, y le advirtieron que el #PanzaVerdeGate, con algunas irregularidades similares, ya está listo, a un clic de transmitirse en horario estelar.

Encima, la familia Martínez no se ayuda. El comunicado de prensa es un error y un horror, en redacción y en contenido. Más que una epístola exculpatoria es una manifestación inculpatoria. Quien la redactara, decidió poner por escrito el suicidio mediático del feudo de Jesús Martínez.

Además, Caín, o perdón, Jesús, manda al matadero mediático al hermano, a Abel, o, perdón, a Armando, bisoño, imberbe, novatón en estas lides, y es zarandeado públicamente por diferentes medios, al grado que terminó haciendo más brutal la sacudida pública de la organización.

Por otro lado, es sabida la deferencia, la identificación, el agradecimiento que hay de parte de la FMF, de Yon de Luisa y por supuesto de Emilio Azcárraga Jean, hacia Alejandro Irarragorri. El cura de la parroquia premia con las limosnas a su más fiel sacristán.

¿O no ordenó la FMF a la Comisión Disciplinaria que le endosara tres puntos al Atlas de Orlegi, ¡aún a costa del América!, por el #ViñasGate?

Entendamos algo: se violan las restricciones, indicaciones y limitaciones del protocolo sanitario, de la misma manera, con 10 mil boletos vendidos por encima de lo permitido como con diez boletos vendidos por encima de lo permitido.

Claro, uno es más grave que el otro, pero la violación a requisitos existe de la misma manera, y en todos los casos prevalecen las tres agravantes: premeditación, alevosía y ventaja.

Así pues, será interesante ver cómo procede la Comisión Disciplinaria, entre quien obró “muchito” mal, y quien obró poquito mal, porque al final, los dos obraron mal.

Lo más grave de todo es que estos acérrimos e irreconciliables enemigos, Grupo Pachuca y Grupo Orlegi, terminaron siendo mellizos arrullados en la misma cuna de la avaricia