<
>

El Atlético de Madrid se despide de la Champions de fea manera: víctima de su táctica y a los golpes

play
Mirada de Faitelson: 'No se puede ganar si juegas a no perder' (1:32)

Luego del planteamiento del Atlético de MAdrid en su eliminación de la UEFA Champions League, David Faitelson hace un llamado para recordar que el futbol también es un espectáculo. (1:32)

MADRID -- Como si del mundo al revés se tratara, el Atlético de MadridManchester City ha sido el partido menos típico de todos los vistos (en años) en la Champions League. ¿Por dónde empezar? La bronca final rumbo a los vestuarios, la pelea al final del partido, el tirón de pelo de Stefan Savic a Jack Grealish, las provocaciones de Foden, la lesión de Kyle Walker, las pérdidas de tiempo del City menos City que se pueden recordar.

La pena es que se ensuciara el show que ambos equipos estaban dando en la eliminatoria. En el partido de ida, el monólogo ofensivo del Manchester City fue tremendo. Una y otra vez, los de Pep Guardiola intentaron abrir espacios a la muralla perpetrada por el Cholo Simeone. Por su parte, el Atleti hizo de la defensa su mejor ataque y demostró que jugar ofensivo no se le da tan bien como defender, donde son los mejores cuando sus defensas no tienen errores individuales.

Con el gol de Kevin de Bruyne, el 1-0 en el Etihad se antojaba muy corto para lo que les esperaba a los skyblues: un Wanda Metropolitano herido con ansias de vendetta y con una atmósfera inolvidable.

Porque los estadios ingleses se llevan la fama, pero ojo con los ambientes de varios campos españoles. La noche del Madrid futbolístico, entre otras plazas, nada tiene que envidiar a la mayoría de estadios ingleses. Pero esa guerra la dejamos para otro día.

Centrados en lo del Metropolitano contra el City, la noche fue de menos a más. Tras unos primeros 45 minutos en los que al City le costó recuperar el juego vistoso de otras citas, el Atleti se estiró un poco más que en el Etihad y se notó, aunque apenas obtuvo recompensa. Con el marcador inicial se llegó a un descanso en el que Simeone y su “plan” le dieron una marcha más al equipo.

El Atleti de la segunda parte fue el que todos los colchoneros quieren: atrevido, rápido en las transiciones, fuerte en defensa y con desparpajo arriba. No hablamos del Milan de Arrigo Sacchi, obviamente, pero fue un Atleti más alegre y valiente que en otras ocasiones. Y se mereció algo más. Los de Simeone llegaron más, pero pecaron de precipitación y de falta de acierto. Quizá, incluso, de algo de paciencia dentro del área donde merecieron el empate: “Nunca vimos a un equipo de Guardiola perder tiempo de esa manera...”, desveló un jugador al final del encuentro.

Y es que, con los fallos y el final del partido a la vuelta de la esquina, todo explotó por los aires. Una patada de Savic a Phil Foden propició que el inglés, fuera del campo, rodara hacia dentro del mismo para rascar segundos al cronómetro. Esa actitud molestó a los colchoneros, cuyos jugadores rápidamente se fueron a recriminarle la actitud al inglés. A partir de ahí, la primera explosión. La bronca provocó que, incluso, el director deportivo del Atleti, Andrea Berta, se personara en la banda para empujarse con un miembro del staff técnico de los skyblues. Por su parte, Savic y Grealish, que ya se habían citado en la ida, se encaraban tras el tirón de pelo inicial sobre el ex de Aston Villa. El resto, lo de siempre: insultos, protestas e improperios varios que siguieron, al terminar el encuentro, con una bronca monumental en los vestuarios con la intervención de la Policía Nacional española.

Es triste, pero el desenlace fue el peor. El Atleti mereció la prórroga ante un City “raro” que sufrió el empuje local. Pero los de Guardiola ya están en semifinales otro año más y volverán a Madrid contra un rival muy distinto (y veterano) como es el Real. El Atleti, que debería de haber acabado el partido con la cabeza alta, se lame sus heridas extradeportivas en la tristeza que supone haber caído de la peor de las formas. Es la Champions League, esa competición que, como el sentimiento rojiblanco, nadie puede entender.