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Tite vive un momento de inmensa presión con la Seleção

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Dani Alves y la frialdad del Morumbí (0:52)

Brasil debutó en la Copa América y el público no fue tan efusivo como se esperaba. (0:52)

En la Copa América 2016, Brasil llegó a su tercer partido de la fase de grupos con un triunfo y un empate. Luego perdió 1-0, quedó eliminado, y el entrenador Dunga fue despedido y reemplazado por Tite.

Y ahora, tres años más tarde, Tite se encuentra en una situación similar, y al mismo tiempo diferente. Una vez más, después de una victoria y un embate, Perú vuelve a ser su último rival de la fase de grupos. La gran ventaja de Brasil esta vez es el formato del torneo. La Copa de 2016 fue una versión especialmente ampliada. Dieciséis equipos llegaron a la fase de grupos y la mitad de ellos no pasaron a cuartos de final.

En 2019 el torneo volvió a su formato tradicional de 12 equipos, lo que significa que solamente cuatro quedarán en el camino. Brasil puede terminar tercero en el grupo e igualmente pasar a cuartos de final. En las nueve versiones anteriores de la Copa con 12 equipos, ninguno quedó eliminado en la fase de grupos con los cuatro puntos que ya tiene Brasil. Así que esta vez el partido contra Perú no es cuestión de vida o muerte. Pero sí pone al entrenador de Brasil bajo mucha presión, y es la primera vez que Tite se encuentra en esta posición en sus tres años como DT de la Seleção.

Tras presidir una mejora dramática tanto en resultados como en actuaciones ni bien llegó en 2016, durante un tiempo se encontró en la extraña posición para un entrenador de Brasil de ser una figura popular para casi toda la población. Algo tan bueno no podía durar. Nadie gana todo el tiempo, y la presión fue creciendo poco a poco desde la derrota del año pasado ante Bélgica por 2-1 en los cuartos de final del Mundial de Rusia.

Y al término del empate sin goles ante Venezuela el martes, su nombre encabezaba la lista de tendencias en las redes sociales, donde muchos ventilaron su enojo por su selección y sus cambios. No hay muchos candidatos evidentes para reemplazarlo, pero eso no ha desalentado las especulaciones de los programas de radio y televisión.

Y el sábado ciertamente sentirá la presión. Sí, el partido se jugará en el estadio de Corinthians, club donde disfrutó dos ciclos espléndidos y exitosos. Pero el público de San Pablo es notoriamente crítico con la selección brasileña. Criado con las historias de hombres de la talla de Pelé, no tarda en recordar a sus jugadores de lo lejos que están del nivel esperado. Si Brasil no logra marcar temprano, puede que termine jugando con desventaja de local.

Incluso cuando está bajo fuego, Tite mantiene una dignidad impresionante. Hombres con menos aplomo habrían despotricado y desvariado por el uso del videoarbitraje (VAR), que le costó dos goles a Brasil contra Venezuela. Tite no se quejó en ningún momento. Dijo que se hizo justicia. Pero está claro que siente la presión inherente al puesto. Dirigir a Brasil le ha dado una experiencia que nunca había vivido antes, y que podría seguir teniendo un impacto en su mentalidad.

Sus partidos de alto perfil anteriores delante de una audiencia internacional -- la final de la Copa Libertadores 2012 entre Corinthians y Boca Juniors, y la final del Mundial de Clubes de ese año contra Chelsea son los ejemplos que sobresalen – terminaron en victorias. Ese partido de cuartos de final contra Bélgica, sin embargo, terminó en derrota. Tite es como un boxeador que ha sufrido su primer nocaut, sin poder dejar de pensar en qué momento las cosas comenzaron a salir mal. Ha confesado que a veces en la mitad de la noche se imagina un gol de Brasil o corriendo el brazo del arquero de Bélgica, Thibaut Courtois, cuando hizo esa fenomenal atajada.

Él reconoce que el equilibrio del equipo no fue el adecuado en esa noche fatídica en Kazán. Dejó a su equipo demasiado abierto. Desde entonces, ha estado en busca de mayor solidez defensiva en el mediocampo y entre los zagueros. Cuando su equipo jugó en Bolivia en el primer partido de la Copa, pareció que el entrenador los había enviado a tomar revancha de los belgas.

Y hay otro cambio. Algo que realmente se lamentó en el Mundial fue permanecer con Gabriel Jesus en la posición de delantero central. Hoy lo hubiese reemplazado antes por Roberto Firmino. En ese momento las cosas hubiesen sido diferentes si así lo hubiese hecho. Esta afirmación, que no es posible comprobar fehacientemente, ha dado lugar a controversias. Jesus hasta quedó fuera del primer equipo post Mundial – un claro indicio de lo que había estado pensando el entrenador. Además, durante un año entero, Firmino ha sido la primera opción. Todavía se tiene que fusionar. Firmino es un jugador magnífico, un integrante sobresaliente del frente de tres de Liverpool. Pero el contexto allí es muy diferente al del seleccionado brasileño. Y Jürgen Klopp puede solucionar las cuestiones que se vayan presentando día a día en el campo de entrenamiento – un lujo del que Tite no disfruta.

Era un lujo que el DT de Brasil esperaba gozar en la preparación de la Copa América, pero la participación de Liverpool en la final de Champions League hizo que Firmino se sumase tarde al equipo nacional. Se perdió tiempo preciado. A Firmino claramente le falta presencia en el área – la idea de que esto se puede suplir por Richarlison, cortando por la derecha ha tenido un éxito relativo – pero Brasil aún no ha podido ver la verdadera habilidad de Firmino para bajar y combinar. Liverpool no usa armadores de jugadas. Con Brasil está la sospecha de que Firmino y Philippe Coutinho están en busca del mismo espacio. Pero cuando Gabriel Jesus entró contra Venezuela, fue para jugar desde el lateral. Richarlison y David Neres fueron sacrificados.

Pero Firmino se quedó, como si el entrenador hubiese decidido que no había alternativa. Hay ocasionales combinaciones, y a medida que el equipo avance en la competencia puede que todas las piezas comiencen a ocupar su lugar. Pero hasta ahora, la performance en el ataque no ha podido reflejar la suma de sus partes. Los nombres individuales son mucho mejor que el resultado colectivo de este escuadrón. E incluso los nombres individuales están sujetos a incomodos interrogantes; ¿Estos jugadores son en realidad sólo buenos integrantes de un elenco secundario?

Fue imposible ver el partido de Venezuela sin pensar, en algún punto durante los 90 minutos, que Neymar hubiese producido un gran impacto. Tite, sin embargo, no contó con un Neymar al 100 por ciento durante el Mundial, y ahora directamente no lo tiene. Él también se perdió la Copa Centenario hace tres años. Tite va a tener que ganar esta competencia sin él. Puede que necesite ganar la Copa 2019 para conservar su puesto. Y ganar la Copa 2019 quizá también pueda ser la única manera de olvidarse de la derrota en el Mundial 2018.