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Neymar era el supuesto heredero de Ronaldo y Messi, ¿ha cumplido?

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PSG le deseó feliz cumpleaños a Neymar (0:56)

El clip que el club parisino le dedicó a su principal estrella. (0:56)

Si un año humano equivale a siete años perrunos, ¿cómo sería la ecuación para comparar la carrera de un civil con la de un futbolista profesional? Neymar cumplió 27 años el martes, y el mes próximo se cumplirán 10 años de su debut profesional. Si trabajara como una momia, como todos nosotros, hace tiempo que habría pasado el punto medio de su carrera, y quizás estaría llegando a los 50. Aún estaría lejos del final, pero ya habría llegado a un punto en el que le queda menos tiempo del que ya entregó.

Neymar era la próxima gran figura del fútbol brasileño, el último de una larga fila de candidatos que debían crecer, ganar copas mundiales, y pararse en el mismo escalón que Pelé, quien para muchos sigue siendo el más grande de todos los tiempos, junto con Zico, Romario, Ronaldo, Ronaldinho y Robinho. Todos ellos eran figuras reconocidas antes de cumplir los 20 años, y cargaban con grandes expectativas sobre sus hombros y todo el peso del destino.

Pero, de cierta manera, Neymar fue proclamado como algo más grande. Era La Respuesta. La respuesta de Brasil para Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, las dos figuras que avivaron más que nadie el debate sobre el mejor jugador de la historia, cortando el interminable círculo de Pelé-Maradona. Con uno --oriundo de Portugal, la potencia colonial que reinó sobre Brasil hasta 1889-- comparte cumpleaños y el amor por las redes sociales. Con el otro --oriundo del eterno archienemigo futbolístico de Brasil, Argentina-- compartió vestuario en Barcelona durante cuatro temporadas.

Ahora bien, mientras Cristiano y Messi siguen convirtiendo y dominando pasados los 30, la ironía decretó que la próxima gran figura del fútbol sea un jugador al que Neymar ve todos los días en los entrenamientos de PSG: Kylian Mbappé, quien cumplió 20 años el último mes de diciembre pero ya tiene una medalla de oro mundialista para lustrar en casa.

Todo esto plantea el siguiente interrogante: ¿Neymar ya ha cumplido su promesa?

El camino más rápido a la inmortalidad en el fútbol son los éxitos repetidos en la selección nacional. Aquí, los resultados son variables. En la primera Copa América jugada por Neymar, en 2011, Brasil quedó eliminado por penales en cuartos de final. Su siguiente participación duró 180 minutos, ya que fue expulsado y suspendido por increpar al árbitro tras el pitido final.

¿El Mundial? En 2014 no estuvo en óptimas condiciones físicas y cargó con el peso de las expectativas de 180 millones de brasileños, más los fantasmas del Maracanazo. Empujó a una seleção mediocre hasta la semifinal, instancia que se perdió por una fractura de vértebra y que terminó en una humillación de 1-7 ante Alemania.

Cuatro años más tarde aterrizó en Rusia recién recuperado de otra lesión, y ansioso por desquitarse. Intentó hacer demasiado en las primeras instancias, pero fue madurando durante el transcurso del torneo. No obstante ello, Brasil quedó eliminado en cuartos de final contra Bélgica.

Eso nos negó la imagen de Neymar alzando un importante título internacional --a menos que cuentes el oro olímpico o la Copa Confederaciones, lo cual sería equivocado-- pero, ¿acaso importa? ¿Realmente hace falta volver a abrir esa caja de Pandora? ¿Acaso no es suficiente que ya se encuentre entre los 10 primeros de Brasil en cantidad de partidos internacionales, tercero en goles y con posibilidades de retirarse como el nro. 1 en estas dos categorías para callar a sus detractores?

Dejando de lado el hecho que tendrá 31 años en 2022 --y que habrá otras dos Copas América entre hoy y entonces, incluyendo la de este verano en Brasil-- lo que más impacta es que los resultados de Neymar en el fútbol de clubes sugieren que está intentando hacer historia.

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Los mejores momentos de la fiesta de Neymar

El crack brasileño celebró por todo lo alto su cumpleaños junto a grandes estrellas del fútbol.

Neymar bien podría haberse ido de Brasil para jugar en Europa a los 18, dado que ya había ganado su primera copa nacional. Pero rechazó las ofertas y se quedó para ganar la Copa Libertadores con Santos, la primera del club desde Pelé --¿quién más? -- casi medio siglo antes. Eso es algo que suele pasarse por alto en Europa: Neymar corrió el riesgo de que una entrada mal calculada lo dejara sin decenas de millones de dólares para quedarse y dejar una marca más grande en su país.

De alguna manera, esto se vincula con la decisión que tomaría años más tarde, cuando sacudió al mundo blaugrana durante el verano de 2017 al convertirse en el jugador más caro de la historia al firmar con Paris Saint-Germain para jugar en el Parc des Princes. Sus críticos sólo hablaron de codicia (por un aumento a $40 millones por temporada), ego (había dejado la sombra de Lionel Messi) y estilo sobre sustancia: a pesar de todo el bombo del MSN (Messi, Luis Suárez y Neymar) Barcelona solamente ganó dos títulos de liga y uno de Champions League durante sus cuatro años con el equipo. Neymar dijo que necesitaba abrirse su propio camino. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que convirtiendo a un pretendiente en una potencia?

Es fácil dejarse llevar por el cinismo, sobre todo teniendo en cuenta su empuje comercial, que se multiplica por sus más de 100 millones de seguidores en Instagram, su look meticulosamente cambiante y una campaña mundial de marketing impulsada por el dinero catarí. Pero si te pones a pensar en el momento que le dijo que no a Europa, tal vez, sólo tal vez, podrías darle el beneficio de la duda.

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Neymar conmueve al mundo

El astro brasileño anhela un metatarso como regalo de cumpleaños para seguir jugando al fútbol.

A eso hay que sumarle el hecho que, la temporada pasada, por una lesión se quedó afuera del partido de vuelta contra Real Madrid en los octavos de final de la Champions League, y que por lesión nuevamente podría quedarse sin jugar por el premio más grande del fútbol de clubes esta campaña, y cabe preguntarse si simplemente no habrá tenido mala suerte.

Pero cuando empiezas a sentir empatía, te acuerdas de que sus pases terminaron en embrollos judiciales (el primero, a Barcelona, terminó con el presidente, Sandro Rosell, encarcelado y revelaciones de que el club había falsificado la suma; el segundo se vio opacado por una fea disputa por los bonos de lealtad). Y recuerdas que, para algunos, es el modelo de cierto tipo de diva futbolística, al punto que una encuesta llevada a cabo por la estación de radio francesa RTL reveló que el 84 por ciento de los encuestados considera que el trato que recibe de los defensores se debe a sus "provocaciones".

Esa es la contradicción de Neymar.Es un tipo que ha ganado mucho dinero con su imagen, y al mismo tiempo parece no importarle cómo lo ven sus rivales y el público en general.

Es un hombre que toma la responsabilidad de su selección nacional sin pestañear, incluso cuando tiene que jugar con Fred, Jo y Hulk (porque fulano y mengano no estaban disponibles). Es un hombre tachado de codicioso y egoísta, y al mismo tiempo construye un mega complejo que ocupa una cuadra entera en su viejo barrio de Villa Jardim en Praia Grande, cerca de San Pablo, con el propósito de ofrecer alimento, atención médica, clases de idiomas y actividades extracurriculares a los niños carenciados cerca del lugar donde creció.

Es cierto que muchos atletas también son filántropos, pero la fundación de Neymar atiende las necesidades de 2500 niños y está financiada por él mismo y sus patrocinadores, a los que envuelve para conseguir apoyo.

¿Neymar ha estado a la altura del bombo? Si eso implica haber llegado a la altura de Pelé, entonces no. Si significa que ha sido el mejor jugador que podía ser, al margen de las lesiones, y que no se ocultó cuando más lo necesitaban, rompiendo récords y dejando un impacto en la vida de las personas, entonces está muy cerca.

Lo está haciendo a su manera.