LOS ÁNGELES -- La Final del desdén, del menosprecio, del ninguneo. O, tal vez, La Final de la envidia, del egoísmo, del rencor, del resentimiento.

Eso parece ser el desenlace del torneo entre Monterrey y Tigres. Un acto segregacionista por parte de las aficiones de los otros 16 equipos de la Liga que, desde la inclemencia apática del sofá, pueden, o no, arrimarse al festín regiomontano.

"Clásico de pueblo". "Clásico regional". "Clásico de rancho". Algunos de los estigmas más generosos o menos ingratos en las redes sociales hacia La Final entre Monterrey y Tigres.

Lo cierto es que, más allá de fanatismos enceguecidos y enceguecedores, seduce a cualquier aficionado al futbol, especialmente por la investidura de ser La Final del Apertura 2017.

Despojados de vestimentas y pasiones elitistas, como los feligreses de Tigres y Rayados, el juego se sostiene del clímax del juicio sumario a una campaña que en la Tabla de Clasificaciones fue controlada por estos equipos y que merecen la oportunidad de coronarse.

El regionalismo es una sulfurosa sustancia genética del mexicano. Hay una sensación de que ser tapatío, capitalino, chilango (porque no todos los capitalinos son chilangos, ni todos los chilangos son capitalinos), regiomontano, veracruzano, yucateco, colimote o culichi, es un título nobiliario que supera al destino de ser puntualmente mexicano.

En un país que es capaz de discurrir once tipos de moles y 13 tipos de pozoles, según los condimentos y creatividad de la región de donde provenga el platillo, es entendible que la denominación de origen para un equipo de futbol sea más radical.

El mole y el pozole se sirven en cualquier plato, cualquiera que sea la etnia de su recetario, pero no cualquier camiseta se ajusta a cualquier cuerpecito ni a cualquier ideología futbolística.

Lo cierto es que en medio de los resabios regionalistas, especialmente hacia el estado, Nuevo León --pulso financiero e industrial del país--, la expectación nacional, por vehemencia al futbol mismo, se mantendrá vigente.

Con una sobrepoblación de jugadores extranjeros, prohijada por la estulticia de la FMF, pero Monterrey y Tigres confirman tener los mejores planteles con 13 futbolistas seleccionables de diferentes países, y 21 que han sido o son seleccionados nacionales.

Más allá de los cuestionamientos acerca de la exquisitez futbolística de ambos entrenadores, lo cierto es que Monterrey es la mejor versión del Turco Mohamed como técnico, en todos sentidos, incluyendo el delicatessen futbolístico.

Por su parte, Tigres debe ser el equipo más maduro del Tuca Ferretti, más allá de que no pudo encontrar una versión para el futbol de transición que llegó a ser Rafael Sobis, o el aporte mixto de Guido Pizarro.

Entendiendo que los 16 clubes ausentes de La Final conjugarán el término fracaso o no, según las dimensiones de su importancia y de sus metas, la distancia que marcaron felinos y regios del resto de los equipos no puede ser cuestionada.

Por eso, más allá de esos regionalismos que supuran de manera lastimera epítetos como "clásico de rancho grande", lo cierto es que La Final tiene el encanto de la riña entre los más poderosos futbolísticamente del Norte, y financieramente, los más pudientes de la Liga MX.

Ojo, no reculo a la opinión que tengo de que muchos de estos clásicos regios, en temporada regular, e incluso en Liguilla, se juegan bajo el precepto escabroso del "miedo a no perder", especialmente con Mohamed y Ferretti, y quedan a deber en espectacularidad, que seguramente, por el apasionamiento de sus fanáticos, por los estremecimientos naturales de la pugna, para ellos, pasa desapercibido este punto.

Lo cierto es que, seguramente, de esta versión regional de mole y pozole -aunque en realidad será puro cabrito-, que se servirán en Monterrey, el resto de las 16 pasiones regionales del país quisieran haber alcanzado una probadita.

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LOS ÁNGELES -- La televisión, inevitablemente, nos muestra en retazos el partido de futbol. Un rompecabezas incompleto, con un paisaje en constante movimiento. Y eso, nos priva, a quienes sólo tenemos ese recurso, de ver al Monterrey en plenitud.

Se advierten sus virtudes ya cuando el ave de rapiña se ceba sobre su presa. Se descifran algunos de sus movimientos y se infieren otros de ellos, pero como la constante actividad de sus jugadores permite improvisar sobre el modelo táctico, hay más sorpresas.

Este Monterrey es la mejor versión de 'El Turco' Mohamed. Muy superior a aquel Xolos que hizo campeón, y mucho más agradable que el América que también coronó entre el tormentoso divorcio con Ricardo Peláez.

Ciertamente favorecido por la calidad y madurez de los jugadores que tiene, Mohamed expone, guardando proporciones, dinámicas, estados físicos y ritmos, algo muy similar a lo que hacía en la cancha aquel Tigres de Carlos Miloc, y que el uruguayo fundamentaba, sobre todo en la transición en los principios del basquetbol.

Insisto: similitud no quiere decir réplica, ni semejanza quiere decir copia, porque, a final de cuentas ni fue aquello un invento de Miloc, ni lo es hoy de Mohamed. Bien lo dijo Arrigo Sacchi: "En el futbol no hay nada nuevo, sino nuevos jugadores que lo hacen novedoso".

Confesando la envidia hacia quienes pueden ver en vivo a Monterrey, y entretenerse incluso con observar, diría la sabiduría china, el bosque entero, sin entretenerse en el árbol que lleva el balón, grabo los juegos de Rayados y los veo de nuevo tratando de encontrar todas las respuestas. Imposible.

La televisión, insisto, por necesidad, por obviedad, persigue a la esférica odalisca, porque ella escribe marcadores, dramas y festejos en la cancha de futbol. Y es imposible en la frescura de un rectángulo cambiante, poder observar todo lo que hace, en sus mejores exhibiciones, el grupo de jugadores de Mohamed.

Criticado, y me incluyo en esa caravana, por quienes hacíamos malabarismos por los defectos de 'El Turco', e incluso hasta envenenarse con las dudas que sembró Peláez acusándolo de irresponsabilidades laborales, pero Mohamed hoy coloca un modelo de futbol que, insisto, en esas tardes luminosas, sólo queda regodearse con lo que intentan, y lamentarse por todo lo que generan pero desperdician ante el arco rival.

¿Era lo que pretendía alcanzar con América en un proceso más largo? Una pregunta ociosa que sólo tendrá respuesta la medianoche del Día del Juicio Final, después que se resuelvan otros asuntitos más importantes.

Más allá de que es evidente que Mohamed está articulando un equipo de época, por la edad de sus jugadores relevantes, hay dos extremos que fascinan en este Monterrey que exhibe condiciones consagratorias.

Esos dos puntos determinantes son la confianza absoluta en Jonathan González, al que inexplicablemente Juan Carlos Osorio, no le presta atención, y la forma en que Mohamed reinventó a un jugador que se enfilaba a la zona de desechos: Neri Cardoso.

Al primero lo debutó por necesidad y lo mantuvo por convicción. Al segundo, le reinventó el puesto, los pulmones, y los valores personales. Cardoso vive sus mejores momentos en el futbol mexicano.

Donde nos privan del espectáculo en las transmisiones de televisión, es en el último tercio de la cancha, insisto, no porque no podamos apreciar la terminación de las jugadas en gol o en aproximación, sino porque para llegar ahí, a ese punto culminante, hay una rotación constante, con una lectura inteligente entre compañeros.

Ahí, en ese último tercio, cuando la pelota aún no llega, o apenas empieza a acercarse, los demonios que tiene al ataque improvisan bajo una partitura de repeticiones ensayadas en la semana.

Y el poder de convencimiento de Mohamed es haber, por ejemplo, despojado, aparentemente, a Pabón, de esa obsesión de paladín del equipo, al grado que parece, tal vez sólo parece, haberse convertido en un generoso doméstico al servicio de Funes Mori y Avilés Hurtado.

Explicaba alguna vez Bora Milutinovic que la mejor posición para entender un partido de futbol, había que colocarse en la zona de los tiros de esquina, y lo más alto posible de una tribuna baja, o a la mitad si es de un solo nivel el estadio.

Ahí, en esa zona, sin duda, y olvidándose de la odalisca esférica, es donde seguramente puede apreciarse claramente lo mejor de este Monterrey de la mejor versión de Mohamed.

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El torneo mexicano ha llegado a su fase de liguilla y si nada extraño ocurre, en las próximas semanas atestiguaremos un evento histórico: la primera final entre los dos clubes de futbol de Monterrey. Hoy parece difícil, por no decir imposible, que alguien atente contra Rayados y contra Tigres. Hay otros seis "actores" que levantan la mano en esta fase del campeonato, pero parecen lejos del nivel futbolístico, de la categoría y de la regularidad de los cuadros de Mohamed y de Ferretti. Pero la liguilla es "un cuento" aparte en el futbol mexicano. América y Cruz Azul juegan una ronda de cuartos de final y están "hambrientos" por protagonismo. León, Morelia y Toluca están ahí para generar una gran sorpresa. Y el Atlas tiene mucho que ganar y nada que perder...Interesante. Para mí, sigue tratándose de lo mismo: Monterrey vs. "el resto".

LOS ANGELES, CA.- Y una vez en liguilla, sigue tratándose de lo mismo en el futbol mexicano ¿Cómo vencer a los clubes de Monterrey?

Hay seis equipos que viven bajo ese paradigma, que se fortalecen (y hasta se envalentonan) en esta zona del campeonato, que creen que se trata de una competencia distinta y que suponen que tendrán las "armas" para lograrlo. ¿Qué tan lejos o que tan cerca están de esa condición?

Yo veo a Monterrey como el gran candidato. No sólo lo sustentan los números, también la profundidad y la explosividad de su plantel y de su entrenador. Los Rayados tienen la mejor combinación ofensiva de la Liga: Funes Mori, Avilés y Pavón "espantan" a cualquiera. Y es un equipo rápido, flexible, que no necesita el balón para provocar daño en el contrario. Tigres ha utilizado la misma "receta" de las últimas temporadas. Entra "adormilado" a la liguilla, sus futbolistas no parecen en el mejor momento (Gignac ha tenido una campaña muy pobre de acuerdo a lo que mostró en sus primeros años en México) pero sigue siendo un equipo peligroso dirigido por un entrenador como Ricardo "El Tuca" Ferreti que, por su experiencia y resultados, saca ventaja sobre el resto. Ganarle a Rayados y a Tigres no será nada sencillo.

El América...El América es el tercer actor en el reparto de la liguilla, pero cuando se trata de una fase final a "matar o morir", suele buscar y apoderarse de los créditos principales. Y esta vez tiene un Derby, un clásico muy apetecible ante Cruz Azul, donde ha establecido casi una "paternidad" en los últimos tiempos. El duelo puede fortalecer a cualquiera. Llegar a semifinales habiendo eliminado a Cruz Azul o al América supone una inyección anímica extraordinaria. Este partido puede descubrir a un finalista. A pesar de los resultados de los últimos años, de la diferencia entre una historia y otra, el América-Cruz Azul promete ser una batalla cerrada y difícil de pronosticar.

El resto del "pelotón de finalistas" luce con menos probabilidades, pero igualmente comprometido y desafiante: Monarcas Morelia ha hecho una extraordinaria temporada de acuerdo con sus expectativas y es un cuadro que sabe lo que quiere. León se ha vuelto, de nueva cuenta, ese equipo intrigante que es capaz de cualquier cosa. Nadie da mucho por un Toluca irregular, pero tiene futbolistas y una cancha siempre difícil para complicarles la vida a los visitantes. Y el Atlas parece bien servido con haber llegado a la liguilla, donde tiene mucho que ganar y poco que perder.

¿Extrañamos a alguien? Si, al campeón Chivas que tenía la obligación de estar aquí y a otros que con base a la historia del futbol mexicano (Pachuca y Pumas) casi siempre han sido protagonistas en esta fase del campeonato.

Pero sigue tratándose de lo mismo: De cómo ganarle a los equipos de Monterrey. Quien lo haga, tendrá, sin duda, la oportunidad de soñar con el máximo trofeo del futbol mexicano.

@Faitelson_ESPN

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LOS ÁNGELES -- Exiliados. Condicionados. Rebeldes. Subversivos. Insolentes. Selectivos. Ellos, los tres alegres compadres levantan la mano para regresar a un Tri, que naufraga con lastres de escepticismo y pesimismo, tras las actuaciones desilusionantemente azarosas ante Venezuela, Jamaica, Chile, El Salvador y Honduras.

Giovani dos Santos, con hechos y palabras, cierto en la MLS, pero ha proclamado que quiere regresar a la selección mexicana. El mensaje es directo a Juan Carlos Osorio. Su relación genuina es con el colombiano. Con él consensuaron una pausa, entre ellos deben concertar un regreso.

Carlos Vela, en esa incierta, vacilante, poco seria y socarrona forma de conducirse, ha dicho también que quiere regresar con el Tri, más allá de que en su club le han cuestionado su compromiso y devoción hacia el futbol y hacia la misma Real Sociedad.

Y Jonathan dos Santos, recibe con un trino de Twitter, el empujoncito de su hermano Gio, al pedir que se valore en el futbol mexicano, especialmente al jubiloso y generoso amparo del magnífico gol que marcó con el Villarreal en la Liga de Europa, además de su quehacer en la cancha.

Socios de verano, bohemios de oficio, y dos de ellos artesanos del México campeón en el Sub 17 de Perú, saltan con la mano en alto, en el momento más inoportuno, pero, también en el momento más oportuno... ¿u oportunista?

Han jugueteado Gio y Vela con ese desdén para jugar por el Tri, mientras que, irónicamente, Jonathan ha sido más víctima de maltratos penosos por parte de los diferentes dictadorcillos en los escritorios de las selecciones mexicanas.

Que agiten banderas Gio y Vela para llamar la atención y quieran subir al buque guardacostas, especialista en naufragios, a labores de rescate, ha sido interpretado de diferentes maneras, en estos tiempos, en que los sudores de histeria invaden a los mercenarios que administran al Tri en su ruta al Hexagonal Final, Copa Confederaciones, y, posiblemente a la Copa del Mundo de Rusia.

¿Son advenedizos los tres? ¿Son oportunistas? ¿O son solidarios? ¿O Gio y Vela, agregando a las filas a Jonathan, entienden que es el momento de sumarse a la famélica legión de los que sufren por las grises actuaciones en los últimos cinco juegos de México?

El momento parece poco adecuado. Hoy, cuando en el paredón les castañean las rodillas y los dientes a jugadores -especialmente los "europeos"--, cuerpo técnico y directivos, parecería que los tres ejercen de trepadores, de aves de rapiña, que hurgan entre los escombros.

No falta quienes interpreten estas manifestaciones de Gio, Vela y la invitación a Jonathan, como un acto malicioso, para exonerarse a sí mismos y condenar al resto, y claro, obsequiosamente, postularse como los mesías.

Creo todo lo contrario. Preferiría creer que Gio, Vela y Jonathan, entienden que más allá de los fariseos directivos, de los centaveros federativos, es urgente la solidaridad hacia el Tri, para una travesía mundialista que entra a un pantano de misterio y suspenso en la fase tortuosa del Hexagonal Final.

Además, levantar la mano en estos instantes, lejos de investirlos como salvadores o redentores, los coloca en una tesitura compleja: quedan obligados a ser factor de solución y cambio. Y de no serlo, podrían terminar como patéticos mártires.

Creo, preferiría creer, en el caso de los dos referidos y del hermano que agregan como parte de la cruzada, que es un genuino acto de madurez, y de que finalmente, entendieron que a los momentos de bonanza financiera, como futbolistas, deben agregarle, ya, la consumación de sus obligaciones de jugadores profesionales.

Gio se refugió en la MLS y seguramente ha percibido que es una Liga que está por debajo de sus virtudes, y más allá de si piensa regresar o no a Europa, algo cada vez más complicado, parece haber entendido que asistir a un Mundial no es lo mismo que competir en un Mundial.

Hoy, Dos Santos y Vela, lo saben, han asistido a copas del mundo, pero no han competido, y menos aún claro, han sido protagonistas memorables, ni siquiera para su terruño.

Estarán ambos en el montón que dirán que no fueron del montón de los que se quedaron sin ir a un mundial, pero sólo serán parte del apéndice, del discreto y sobrepoblado índice, más que convertirse en protagonistas de la historia.

Tal vez, y sólo tal vez, con riesgo de pecar de inocente e ingenuo, creo que Gio y Vela quieren dejar de ser de ese montón de ya meritos sin méritos del futbol mexicano, para que su nombre, al menos en los salones de la Conkakafkiana zona, alguien ponga su nombre en letras de bronce y no en la fosa común de la intrascendencia.

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LOS ÁNGELES -- Fue el turno de Monterrey. Está fuera de la Concachampions. Y hay una catarata de lamentos, oprobios, llantos, sublevaciones y reclamos de justicia, pidiendo hasta el suplicio turco para el 'Turco' Mohamed. Las plañideras se desgarran las vestiduras ajenas.

Un club panameño con nombre de mercería en el corazón de Tepito, el Árabe Unido, decían los arrogantes después del sorteo y antes de los juegos, consumó la obra. De manera absolutamente intachable, el club canalero asentó su harem y convirtió en sus eunucos a los jugadores y al cuerpo técnico de Rayados.

Sin decoro, cimitarra en mano, Árabe Unido castró con arrojo de tuaregs a los timoratos jugadores de Rayados, quienes con coraje de ninfas fueron asaltados a doble tanda por los panameños. A los regios, los abrieron en canal.

Luis Miguel Salvador ha sido tajante. En charla con Raza Deportiva de ESPNDeportes, el aún presidente de Rayados, embistió e invistió con epítetos y sin tapujos a su equipo.

Desde "bochornoso", hasta "vergonzoso", "lamentable" e "inaceptable", el dirigente de Monterrey advirtió que la pobre temporada en la Liga y este traspié en el Conkakafkiano territorio -como lo bautizó hace décadas Guillermo Chao- obligaría a medidas extraordinarias.

Detuvo cualquier versión que pusiera en peligro la continuidad de un Mohamed que ya muestra de nuevo sus dotes de vacacionista furtivo y fugaz, que le ocasionaron problemas en el América, pero Salvador salvó de la hoguera a su entrenador.

Evidentemente el registro innoble de la derrota se le endosa al futbol de México, porque ahí viven, ahí amamantan, ahí enriquecen y ahí minan a los autores morales y deportivos del fracaso, es decir, cuerpo técnico y jugadores.

No obstante, en tiempos de frivolidad con la regla 10/8, es necesario recordar a sus sesudos creadores que este fracaso de Monterrey es más endosable a un par de datos: dispone de 13 no nacidos en México y, en total, a Rayados le pertenecen las cartas de 17 no nacidos en México.

¿Pierde el futbol mexicano o pierde la torpeza de planeación del futbol mexicano? Hace unos meses apenas, Monterrey se dedicaba a cautivar en la Liga MX y hoy, en el indecoro, en la ignominia absoluta en el torneo y en la Concachampions, Luis Miguel Salvador ha prometido que el enfermo será atendido en tres frentes.

Salvador no se salva de la quema. Él asume. Y advierte que en lo personal confrontará a Mohamed. Y después confrontará con Mohamed a los líderes del equipo. Y enseguida, toda esa comitiva a su vez confrontará al plantel en pleno, tras, insisto, en la mejor analogía tomando en cuenta al verdugo, la castración a que fueron sometidos. Pasaron de futbolistas profesionales a eunucos amorales.

Más allá de que en Panamá el carnaval se estremezca al ritmo de la murga y alcance a cimbrar caderas de felicidad en Centroamérica, el principal jolgorio se vive en Monterrey. Mientras los Rayados tratan de taparse la cara con papel de china, los vecinos incómodos, los Tigres, encuentran la salitrosa alegría, el ácido desquite, para embarrarles de oprobio la cara a los fronterizos en desgracia. La hiel ajena es la miel propia.

Para colmo, ante la urgencia de lavarse el rostro percudido por esa pastosa mezcla de vergüenza y cinismo con la que deben estar todos en el Monterrey, deben medirse ante un heridísimo Querétaro y una leyenda entre los entrenadores de Rayados, Víctor Manuel Vucetich, de quien se dice incluso podría llegar a ocupar el puesto de Luis Miguel Salvador en enero.

¿Es tan grave lo de Rayados? Lo es más aún por su mal paso en el torneo, aunque ya hicimos referencia hace algunas semanas, de la desgracia absoluta que suele perseguir a los subcampeones.

Recordemos que el Chorrillo, también de Panamá, puso en vergüenza a Cruz Azul, y que los Chivos de Xelajú, remataron los sueños de las Chivas.

Y lo agrava más aún, el hecho de que el plantel de Monterrey era, al arranque del torneo, el más caro del futbol mexicano, con hasta 16 jugadores que han sido o son seleccionados nacionales de su país.

Por ejemplo con lo que le paga Monterrey a Edwin Cardona o a Dorlan Pabón o a Funes Mori anualmente, al Árabe Unido le alcanza hasta para alargarle las pestañas a sus ficticios camellos.

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LOS ÁNGELES -- Si el Síndrome de Campeonitis suele ser demoledor, el de la Subcampeonitis es aún más devastador.

Si bien Pachuca sobrelleva competitivamente el torneo, Monterrey da tumbos y enfrenta además hasta las bravatas de su entrenador, cuando el 'Turco' Mohamed cuestiona públicamente qué tan masculinamente responsables son sus jugadores.

Cierto que el campeón vigente debe meterse con poco tiempo de reajuste y pretemporada a la competencia inmediata, y tratar de sacudirse la resaca jubilosa del éxito, para el subcampeón es aún más penoso, pues a la fatiga física le agrega la fatiga moral del fracaso y la resaca de la frustración.

Si encima, como en este caso, Mohamed confronta y exhibe a sus jugadores al dudar de la testosterona moral y física para jugar el torneo en estas seis jornadas, el clima interno se amarga aún más.

El efecto de Campeonitis puede ser a veces regulado, pero el de la Subcampeonitis se convierte en una pesadilla cargada de neurosis.

Ya se ha visto que algunos de los campeones, al siguiente torneo corto del futbol mexicano se desploman y ni siquiera clasifican, muchos menos protagonizan una Liguilla.

Recientemente sólo hay dos excepciones que confirman la regla: el Bicampeonato de Pumas con Hugo Sánchez y el del León con Gustavo Matosas.

En el caso de los subcampeones, hay historias casi patéticas, dramáticas, penosas.

Por ejemplo, Pumas, subcampeón del Apertura 2015, líder absoluto de ese torneo, perdió la Final ante Tigres. Los capitalinos terminaron el Clausura 2016 en décimo sitio. Los regiomontanos fueron octavos.

¿Cómo puede un equipo que controló la Liga seis meses, al torneo siguiente desplomarse de manera sobrecogedora? Pumas aún busca la respuesta.

Otro ejemplo de derrumbes patéticos: el Santos campeón del Clausura 2015 terminó en el sitio 15 del Apertura 2015, mientras que el subcampeón Querétaro terminó en el puesto 11. Evidentemente Vucetich supo manejar mejor estas crisis que Caixinha.

Otro ejemplo que dramatiza los casos de campeonitis y subcampeonitis es el del Apertura 2012. Al torneo siguiente en el Clausura 2013, el monarca Tijuana cerró en el escalón 10, mientras que el vicecampeón Toluca cayó al sitio 13.

América ha sido otra excepción en estas competencias. Tras coronarse en el Clausura 2013, el siguiente torneo se consolidó como líder general, pero su víctima, Cruz Azul, terminó cuarto, aunque después terminó en un desplome que la ha marginado de algunas Liguillas subsiguientes.

Ocurrió otra salvedad después de que América venció a Tigres en la Final del Apertura 2014. En la siguiente competencia, el Clausura 2015, Tigres terminó como líder y las Águilas como segundos.

Más allá, insisto, de esas excepciones que confirman la regla, es evidente que la cruda de la Final se ensaña más con el subcampeón que con el campeón.

Cierto que algunos entrenadores con oficio, con experiencia en las transición de un torneo a otro, saben manejar mejor los descansos, los regresos, la pretemporada, los procesos de sanación mental y moral.

Porque no todos tienen recorridos con esa experiencia, como sí ocurre en los casos de Ricardo Ferretti o Víctor Manuel Vucetich o Miguel Herrera, al margen claro de los únicos bicampeones, Hugo Sánchez y Gustavo Matosas.

Pericia, pues, para mantener la exigencia y el régimen, pero con cautela, en el caso de los campeones, y claro, la mano dura, pero también paternalista para el que sucumbe en el penoso caso del subcampeón, partiendo del principio dramático, despiadado, de que después del vencedor, todos son vencidos.

Curiosamente con Mohamed, en México y Argentina, se ha hecho patente la incapacidad para sobrevivir al torneo siguiente al éxito del campeonato, aunque queda claro que tras coronarse con América, no tuvo el reto inmediato porque fue relevado, de hecho, incluso, antes de erigirse campeón, cuando ya sabía que sería despedido por Ricardo Peláez y sucedido por Matosas.

Y entonces queda claro que tras jugar una Final, si el futbolista queda desorientado, la crisis se acentúa si el mismo entrenador es mareado por ese tsunami de confusión. Y el perdedor termina siendo dos veces perdedor.

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Caciques de la CONCACAF

FECHA
05/08
2016
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Los números de la J1

FECHA
21/07
2016
por ESPN Stats & Information

 

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Pachuca maniató a Rayados

FECHA
27/05
2016
por ESPN Stats & Information
 

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ATLANTA -- Monterrey sale derrotado, pero con vida. 1-0 cae en Pachuca. juego de Ida de la Final del Clausura 2016.

Y Rayados sigue amparado por sus mejores hombres. Los mismos que ante Tigres y América: Jonathan Orozco y el emisario de Decio de María, esta vez Luis Enrique Santander. Judas sobran.

Supurante aún la herida del americanismo por el penalti marcado por Roberto García Orozco, por la presunta mano de Samudio, ahora Santander perpetra otro crimen con la impunidad de su silbato a sueldo.

Una clarísima mano de Efraín Juárez que implicaba penalti y expulsión, Santander, en posición inmejorable para observarla, simplemente dijo que había sido hombro y pecho.

Curioso sin duda. Al América lo sentencia García Orozco porque el balón le pega en el hombro y en el pecho a Samudio. A Monterrey lo perdonan porque Santander dice que el balón pegó en pecho y hombro, aunque claramente se ve el balón estrellarse en el antebrazo.

La doble moral de siempre. Y la doble moral es un signo evidente de corrupción. En las mismas aulas de los contubernios, por lo visto, les enseñan diferentes formas de marcar penaltis. O los condicionan, para marcarlos o no, según el color del uniforme.

A favor del Monterrey sí, en contra del Monterrey no, parece ser la consigna en esta Liguilla. El atraco tiene víctimas, pero, seguramente, ningún condenado por el delito.

En el trámite, Pachuca fue superior. Sin duda. Exigió en los estertores del juego a una pirueta de personaje de héroe de artes marciales de Ang Lee. El remate reclamaba red y Orozco se contorsionó exponiendo el espinazo para enviarla por encima de la red.

Y mientras Hirving Lozano sufrió para superar la doble marcación, Franco Jara, una estatua en juegos anteriores, arrebató para un remate letal de cabeza, aprovechando la pésima marcación de Basanta.

Y por Monterrey, Cardona consiguió permiso para quedarse en México, pero su atención está ya en Colombia. El físico rechoncho del colombiano deambuló por la cancha, como en el juego de Ida ante América.

Y sin el desertor Carlos Sánchez, los Rayados ofrecían poco al ataque, a no ser un par de explosiones del egoísmo extremo de Pabón.

Pachuca saca pues la peor parte. Pierde al colombiano Murillo y sólo le queda esperar enterarse, este viernes, quién será el emisario de Decio para el juego de Vuelta.

La ventaja parece escasa. Pachuca deberá mejorar sustancialmente. El peso del estadio visitante, la posibilidad de que los abúlicos adversarios despierten, y la desazón por los antecedentes arbitrales ignominiosamente innegables en torno a Monterrey, devalúan esa ventaja de 1-0 que tienen los Tuzos.

Y Rayados ya lo sabe: ha sido declarado inocente de todos sus pecados. Y su adversario, aparentemente, como con Tigres y América, ha sido declarado culpable de toda su inocencia.

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