LUBBOCK -- Texas no se desvaneció.

No esta vez. No como en el 2011. Pero ese es el punto: Este no es el 2011. Eso quedó claro cuando Texas se repuso después de recibir los mejores golpes de Texas Tech durante 15 minutos y le propinó un nocaut en el último cuarto. ¿Hace un año o dos? Texas hubiese desaparecido. Pero en el 2012, después de dos derrotas y de que todos dudaran de este equipo, los Longhorns, clasificados en el N° 23 de la nación con un récord 7-2, se mantuvieron de pie y salieron con la victoria, 31-22, en contra del N° 18, Texas Tech (6-3) en frente de una asistencia récord de 60,879 espectadores en el Jones AT&T Stadium.
"Probablemente sorprendimos a la mayoría de las personas", declaró el mariscal de campo, David Ash.
Lo importante, sin embargo, es que los jugadores no se sorprendieron. Eso es lo que no se puede perder en esto. Si bien las críticas fueron recibidas después de la derrota con Oklahoma y del sufrido triunfo sobre Kansas, Texas se unió y siguió siendo un equipo que creía que tenía el potencial para ganar.
Texas exhibió ese potencial durante el partido en contra de Texas Tech.
Ash, una semana después de ser enviado a la banca, terminó con 11 pases completos en 19 intentos para 264 yardas con tres touchdowns. El corredor, Johnathan Gray, registró su segundo partido consecutivo con más de 100 yardas. El receptor abierto, Mike Davis, estuvo más solo que el paisaje que rodea al estadio. Tuvo recepciones de touchdown de 75 y 25 yardas, así como una recepción de 54 yardas.
Y después estuvo la defensiva. Texas Tech pudo haber llegado a la zona roja en cinco ocasiones, pero se conformó con tres goles de campo y sólo dos anotaciones. Yardas, no puntos. Justo como el coordinador defensivo, Manny Diaz, ha estado predicando toda la temporada.
"Esto es más de lo que esperábamos al inicio de la temporada", señaló el entrenador en jefe de Texas, Mack Brown.
"Sabía que era la manera en que podíamos jugar", agregó el profundo, Kenny Vaccaro.
Ahora no es el momento de discutir por qué tardó tanto tiempo en aparecer. En cambio, Texas tiene que averiguar cómo mantenerlo cerca.
Eso comienza con el equipo dándose cuenta que por cada lado del balón el otro lado es responsable y, aquí está lo importante, cada unidad también está a la altura de esa responsabilidad. Cuando la ofensiva falló en el tercer cuarto --y lo hizo con sólo 34 yardas en tres posesiones que no pasaron de la yarda 50-- la defensiva estuvo ahí.
"Encuentren una manera para pelear", dijo Diaz a su defensiva.
Por primera vez, en contra de un equipo de calidad, lo hicieron. Carrington Byndom evitó una conversión de dos puntos que habría empatado el marcador. Eso conservó la ventaja.
La ofensiva sabía que tenía que aumentar la ventaja. Eso fue lo que hicieron Ash y el resto de la ofensiva.
"Es la mejor victoria de equipo que hemos tenido en todo el año", sentenció Brown.
Esta fue la mejor victoria de equipo que los Horns han tenido desde que Texas venció al N° 7, Nebraska, en octubre del 2010. Esa fue la última ocasión que Texas derrotó a un equipo clasificado, hace 10 partidos.
Nadie sabía que sería la marca más alta en casi tres temporadas. Pero en estas temporadas posteriores, este se ha convertido en un programa que se ha derrumbado por malas decisiones en el reclutamiento, cambios de entrenadores, liderazgo cuestionable y una falta de responsabilidad en general.
A favor de Brown hay que decir que no huyó de algunos de los mayores errores de su programa. En cambio reconstruyó los cimientos con nuevos entrenadores asistentes y un equipo que ha jugado con más jugadores freshman (34) que cualquier otro de la FBS en los últimos dos años.
Ahora, en nueve partidos de la temporada del 2012, el talento ha comenzado a madurar. El apoyador, Steve Edmonds, ya no tiene que estar viendo a su derecha o izquierda por el lesionado, Jordan Hicks. El ahoral sophomore saltó y derribó un pase crucial en tercer intento. Las alas defensivas, Cedric Reed y Reggie Wilson, no son tan buenos como el lesionado, Jackson Jeffcoat. Pero combinados tuvieron seis tacleadas, una captura y un pase desviado. Byndom, el jugador más criticado a la defensiva durante los primeros ocho partidos, no sólo evitó la conversión de dos puntos sino que bloqueó un gol de campo en los últimos cinco minutos para conservar la ventaja por dos anotaciones de Texas. Y, desde luego, estuvo el mariscal de campo sophomore.
"Me caí la semana pasada y esta semana me levanté", indicó.
El punto es que todo Texas se levantó. No de la semana pasada sino de los últimos dos años. Quizás esto no dure mucho. Tal vez Kansas State los regrese a la realidad al final del año. Pero, por un momento las expectativas fueron dejadas de lado y los resultados marcaron el día. Todos vimos por primera vez lo que Texas puede ser.
"Nadie se ha dado por vencido", continuó. "Vamos a seguir luchando hasta el final".
Ahora Texas tiene algo por qué pelear y es un equipo que ha demostrado que seguirá luchando.
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