Miguel Cabrera, la estrella del beisbol nacida en Sudamérica

Miguel Cabrera ha florecido hasta convertirse en el mejor pelotero venezolano desde los tiempos de David Concepción, y para muchos ya es el mejor de la historia. Hannah Foslien/Getty Images

Al Ávila era el asistente de Dave Dombrowski en la gerencia general de los entonces Marlins de Florida, en 1999, cuando asistió entusiasmado a una cita largamente esperada por él, en un restaurante ubicado en Las Delicias, una zona acomodada en la ciudad de Maracay, a unos 100 kilómetros de Caracas, capital de Venezuela.

Allí, en El Portal de la Abuela, esperaban a Ávila un adolescente de 16 años de edad y su padre, latonero de oficio, aficionado al beisbol y casado con una ex integrante de la selección nacional de softbol.

El ejecutivo de los peces floridanos era el verdadero anfitrión de la velada, aunque estaba de visita en el país suramericano. Los demás comensales eran venezolanos.

El joven permaneció con ellos, a pesar de que el reloj siguió su rumbo hacia la medianoche. Finalmente, tras sonar las 12 campanadas, Ávila extendió un papel sobre la mesa y estampó su firma junto a las rúbricas del padre y su hijo.

El calendario acababa de cambiar de fecha. Los adultos brindaron. Cuando un mesero se acercó a la mesa, Ávila le anunció, emocionado: "Estamos firmando al mejor pelotero venezolano desde David Concepción".

Aquel 2 de julio de 1999, con un bono de 1,8 millones de dólares por su firma, Miguel Cabrera dio el salto al beisbol profesional.

Concepción nació muy cerca de allí, en el poblado de Ocumare de La Costa. Entre los años 70 y 80 fue el deportista más popular en esta nación amante del beisbol -- heredero de la fama que antes de él tuvo el inmortal Luis Aparicio y que luego disfrutarían Andrés Galarraga y Omar Vizquel -- y miembro de la Gran Maquinaria Roja de Cincinnati.

Porque Venezuela es un país muy particular. Está ubicada al norte de Suramérica, un territorio que hace del fútbol su primer y más grande amor. Pero en Venezuela no. En Venezuela, el gran amor es el beisbol. Y el mayor ídolo beisbolero es Cabrera.

El inicialista de los Tigres de Detroit es la portada más frecuente en las páginas deportivas. Y no sólo por el tamaño de sus hazañas.

Carlos Valmore Rodríguez, el director del diario Meridiano, tiene números que lo demuestran.

"Una portada de Cabrera eleva las ventas", asegura. "Otros deportistas, como Felix Hernandez, también tienen ese efecto. Pero el verdadero rey de las primeras planas es Cabrera, y por mucha diferencia. Por eso, cada vez que hace algo, va en portada".

NACE UNA ESTRELLA

Hubo un tiempo en que no fue así. El infielder fue una figura importante en la pelota invernal venezolana desde los 19 años de nacido, cuando se convirtió en la piedra angular de la más brillante dinastía que recuerda la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP), el circuito invernal local.

Los Tigres de Aragua firmaron a Cabrera incluso antes que los Marlins. En Venezuela es legal que un chico de 14 o 15 años de edad pase a formar parte de alguna de las ocho escuadras que hacen vida en su liga principal. Él tenía 16 cuando dio su primer hit en la liga, en diciembre de 1999. Y cuando hacía la transición desde Clase A avanzada hasta Doble A, ya era el tercera base de unos felinos que en total sumarían seis títulos y tres subcampeonatos en apenas 10 torneos.

Aquellos Tigres gozaron del joven toletero hasta enero de 2008, cuando consiguieron su cuarta corona en cinco zafras. Dos meses después, en Lakeland, Dombrowski ofreció una rueda de prensa a reporteros venezolanos que cambiaría esta historia.

Sucedió minutos después de hacerse oficial el acuerdo por el que Cabrera firmaba una extensión multianual y multimillonaria con su actual novena en las mayores.

"Hoy anuncio oficialmente el retiro de Miggy del beisbol del Caribe", sentenció el ejecutivo, que ya para entonces, junto con su inseparable Ávila, había dejado a los Marlins y se había mudado de oficina, para dirigir a los otros Tigres, los de Detroit, llevándose también consigo al grupo de buscatalentos que una década atrás descubrió al toletero en Maracay.

Dombrowski pudo traerse a Cabrera desde Florida en un cambio, en diciembre de 2007, y dos veces le extendió el contrato, hasta convertirle en el pelotero mejor pagado en MLB. Pero fue aquel anuncio, el de 2008, el que abrió las puertas a la consagración definitiva del nativo de Maracay como la figura más popular del deporte en su país.

""Es un fenómeno. Yo tenía fuerza, pero para una sola banda. Él tiene tanta fuerza por el derecho como por el izquierdo. Es extraordinario." Tony Armas sobre Miguel Cabrera

Mientras actuó en la LVBP, invierno tras invierno, Cabrera fue la pieza principal, el rostro más conocido de una organización que rivalizó encarnizadamente con los populares Leones de Caracas, contra los que disputó tres finales.

Era admirado por sus batazos en las Grandes Ligas, pero también era visto como un enemigo deportivo por la mayoría de los aficionados en su tierra. Porque Venezuela, según ya hemos dicho, es una nación suramericana particular, donde los diamantes causan pasiones y notables enconos.

A partir de 2008, al dejar de ser el símbolo de una de los equipos en su país, Cabrera quedó únicamente como el ligamayorista que se abría paso entre los récords que habían sembrado Alex Rodríguez y Albert Pujols.

Vizquel era el favorito de la fanaticada en 2009, con sus 11 Guantes de Oro y su sonrisa contagiosa. Ese año, además, superó a Aparicio como el venezolano con más hits en las mayores, un tope que dejaría en 2.877, al momento de su retiro.

Interrogado sobre quién podría derribar su marca, tal vez Bobby Abreu o Magglio Ordonez, Vizquel no dudó en afirmar que sería Cabrera, que por entonces apenas rondaba los 1.200.

"Ese muchacho nos va a quitar los récords a todos nosotros", vaticinó el torpedero.

Vendría luego el primer título de bateo de Cabrera en la Liga Americana, en 2011, y la Triple Corona, un año después, junto con el primero de sus premios como Jugador Más Valioso del joven circuito.

Así se convirtió en la primera plana favorita de las páginas deportivas en Venezuela. Así terminó como uno de los atletas en la lista de los 100 más famosos de ESPN.

"Es un fenómeno", dice su compatriota Tony Armas, campeón jonronero de la Americana en 1981 y 1984. "Yo tenía fuerza, pero para una sola banda. Él tiene tanta fuerza por el derecho como por el izquierdo. Es extraordinario".

"Y tiene una disciplina que no se nota mucho, porque se le presta más atención a sus jonrones", agrega Abreu. "Él busca su pitcheo y se asegura de hacer el mejor contacto".

Ávila no se equivocó, aquella madrugada del 2 de julio de 1999. El adolescente floreció hasta convertirse en el mejor pelotero venezolano desde los tiempos de Concepción.

Quizás sea ya el mejor de todos los tiempos.

"Estamos muy orgullosos de él", confiesa Concepción. Y Aparicio, el único entre sus compatriotas con una placa en Cooperstown, coincide con quien fuera su heredero: "Yo hoy mismo votaría por él para el Salón de la Fama".