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Facundo Campazzo: "Mi sueño era llegar a la NBA, pero ahora quiero competir y mantenerme muchos años"

Facundo sonríe. Es el de siempre. Se divierte. Se anima a algunos chistes. Ahora juega en la NBA, pero en su esencia no cambió nada de aquel que intentaba ganarse un lugar en Peñarol de Mar del Plata cuando daba sus primeros pasos en la Liga Nacional. O de ese que parecía pedir permiso para tomar un tiro en el seleccionado argentino rodeado de las glorias de la Generación Dorada. Campazzo se muestra descontracturado y al mismo tiempo profesional. Así está por más de una hora en una conferencia de prensa por Zoom para responder 30 preguntas de periodistas de distintos países de América.

"Mi sueño era jugar en la NBA, eso ya lo cumplí. Ahora que estoy acá tengo otro desafío: quiero competir y mantenerme por muchos años. En el día a día me parece algo común, pero no deja de ser increíble. A veces trato de frenar un poco y mirar a mi alrededor para ver dónde estoy", dice Facu y sonríe. Después de cada respuesta deja que se vean sus dientes. Está relajado. Fluye. Como en la cancha.

Cada jugador que llega a la mejor competencia del mundo tiene que demostrar las razones que lo llevaron a ese sitio. No importan sus antecedentes. Haber sido el jugador más determinante del Real Madrid, uno de los equipos más dominantes de Europa, no representa ningún privilegio al momento de vestirse con la ropa que todos quieren usar. "Es una liga completamente diferente. Sabía que iba a necesitar un proceso de adaptación. Vine a asumir el desafío de no tener la pelota tanto tiempo en las manos. A demostrarme que puedo jugar en este nivel", explica Facundo. Más allá del protagonismo que adquirió en los últimos partidos, el base de Denver Nuggets sabe que puede tener altibajos: "Esto es largo. Hay momentos en los que puedo jugar más minutos y otros en los que no lo haga tanto".

A Campazzo lo seduce el vértigo. Siempre fue así. La NBA es un escenario ideal para desarrollarlo. "Esto es como un Mundial, pero de siete meses. Hay veces que te toca jugar dos días seguidos y además en ciudades diferentes. Entonces, no hay tiempo de quedarse en lo que pasó. Ganaste o perdiste, tenés que dar vuelta la página y pensar en el partido siguiente. Eso me gusta", dice el cordobés.

El camino del argentino siempre se cruzó con entrenadores cercanos al jugador. Casi paternales. Mike Malone no es la excepción. "Siempre tiene abierta la puerta de la oficina para cuando uno necesita algo y está pendiente de todo. Así como fueron Sergio Hernández y Pablo Laso conmigo, también lo es Malone. Me dice que tengo que ser Facundo Campazzo, que no intente ser otro jugador. Eso me tranquiliza".

Facu tiene claro qué es lo más importante que puede ofrecerle a los Nuggets: "Intento aportar desde la energía y la defensa. Lo mismo que hice siempre en cada equipo en los que jugué. Con eso me gano la confianza de mis compañeros y del entrenador. En ataque tenemos mucho talento. Debo tener buenos porcentajes en el tiro de tres puntos y convertir las flotadoras. Estoy aprendiendo a jugar mucho sin la pelota porque acá cualquiera la puede manejar".

En esta primera parte de la temporada, Facundo pudo concretar un anhelo personal. Se enfrentó al último campéon Los Angeles Lakers, conjunto que lidera LeBron James. Es más, le ganó un rebote al mejor jugador de la liga y la imagen quedó grabada en su memoria: "Espero que mi vieja se guarde la foto de ese momento para la mesita de luz. Para mí era una cuenta pendiente enfrentar a este equipo porque si bien había jugado contra LeBron en la selección, no es lo mismo porque acá hace lo que quiere, ya que tiene mucho tiempo la pelota en su poder".

Después de 46 minutos de preguntas y respuestas, Facundo pide permiso parta ir a tomar agua. "Son dos minutos, hago rápido", dice. Tarda menos de 15 segundos. Su ascendente carrera no le ha hecho perder la humildad y el respeto.

El desarrollo de un equipo no se limita a lo que sucede en la cancha. Va más allá. En la selección argentina, el cordobés se apoderó durante algún tiempo de la música que se escuchaba en el plantel. El cuarteto de su tierra natal sonaba en cada viaje y en cada vestuario. Pero, en Estados Unidos y con su condición de rookie, todo cambió. "Ni me acerco al parlante. Ponen rap, hip hop, lo típico de acá", se resigna Campazzo. Y sobre la convivencia del grupo, agrega: "La mayoría son más jóvenes que yo. No sé cuándo pasó eso. Hay muchos pibes de entre 20 y 25 años. Son jodones y hacen chistes. Con el que más hablo es con Nikola Jokic, que es súper sencillo y cercano".

Campazzo sabe del esfuerzo que muchos argentinos hacen para quedarse despiertos y así poder ver sus partidos. La diferencia horaria con el Oeste de los Estados Unidos no favorece al público de su país: "Lo veo en las redes sociales, es increíble. Estoy muy agradecido. A veces no caigo, no quiero tomar dimensión de lo que estoy viviendo para no volverme loco. No veo la hora de que pueda haber público en las canchas para que me vengan a ver y saludarlos, conocerlos. Sé que allá hay gente que compra las camisetas con mi nombre. Van a tener que abrir un store de Denver en Argentina", dice el base.

Facundo está en el lugar que quiere. Construyó su camino con talento y esfuerzo. Pero no se puede ser feliz en soledad. Su compañera Consuelo y su hija Sara son fundamentales para él: "Si Consu no estuviera, yo no habría llegado a la NBA. Me ayuda mucho. Ella es mi cable a tierra. Con Sara cumplen un rol súper importante para mi vida y mi carrera".

Otra sonrisa. Una más. Se divierte. Y ante la sugerencia de repetir esta experiencia de la conferencia de prensa a distancia en un tiempo cercano, acota un lapidario "no", para instantáneamente volver a reír. Facundo es el de siempre.