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¿Por qué Gregg Popovich es el entrenador de Estados Unidos?

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A Westbrook no le preocupa tener que compartir el balón con Harden (0:50)

Russell Westbrook dejó claro en su presentación con Houston Rockets que tanto él como James Harden tendrán que sacrificar partes de su juego para ganar el campeonato. (0:50)

LAS VEGAS, Nevada – Es una tarde brutalmente calurosa del mes de agosto y Gregg Popovich va de un lado al otro, entre Mike Krzyzewski, Jeff Van Gundy, Steve Kerr y Jay Wright, entre otros. Comparan notas mientras los jugadores de la selección de Estados Unidos, comandados por Popovich, cumplen con sus rutinas de entrenamiento.

En las tribunas, varias docenas de personas, entre sus colegas entrenadores, ejecutivos de liga y algunos scouts hacen acto de presencia. Mantienen su mirada fija en la acción, aunque sus mentes también están ocupadas, preguntándose cuando sería el momento apropiado para volar de regreso a casa, ya que finalmente es temporada vacacional para prácticamente todos los involucrados en este deporte.

Los jugadores, quienes serían muchos de ellos por lo menos la tercera opción para sus respectivos puestos en el roster, se enfrentan a la tarea absurda de tener que obligarse a compenetrarse dentro de ambiente en el cual solo serían recordados si terminan perdiendo.

Y cierto, están confrontando algo de dificultades. Sus pulmones están ardiendo mientras recuperan la forma. El balón está hecho de un caucho delgado y costuras profundas que no son del gusto de la mayoría. Tienen que soportar un diluvio de preguntas por parte de los medios de comunicación, que les interrogan con respecto a si esta escuadra es capaz de mantener la racha de 13 años de triunfos de la selección de Estados Unidos.

Durante los últimos dos días, los representantes de los medios han presenciado tres partidas de entrenamiento. En una de ellas, el Select Team de suplentes estadounidenses, ambos equipos terminaron en empate y eso se debió solo a que Khris Middleton salvó un partido con una jugada para tres puntos faltando menos de un segundo. Parece posible que algunos miembros del Select Team terminen siendo promovidos al equipo senior al final de la semana.

Todo lo anterior nos hace tomar una pausa y preguntarnos: ¿Qué diablos está haciendo Popovich aquí?

¿Acaso le falta algo por demostrar? Armar este equipo es una tarea gigantesca. Llevarlo a una carrera invicta y el campeonato mundial es demasiado pedir, incluso para una leyenda viviente con un récord impecable y reputación sólida. El promedio entre riesgo y recompensa es muy desequilibrado.

Las incursiones anteriores de Popovich con la selección de Estados Unidos han estado llenas de tensión. Algunos piensan que Popovich debió haber formado parte del equipo que participó en los Juegos Olímpicos de 1972 porque estuvo fantástico en el campamento de entrenamiento de ese año. Aunque, siendo un base relativamente desconocido, proveniente de la Fuerza Aérea sin gran estatura o un nombre importante, quedó fuera en un movimiento que, según sus amigos, lo perturbó profundamente durante varias décadas.

“Eligieron a los chicos apropiados. Formé parte de un equipo alterno, fui a Brasil, equipo alterno y fui de juerga hasta cansarme”, dice Popovich, utilizando el humor para cubrir una cicatriz, tal como lo hace a menudo. “Si algo siempre quise hacer era formar parte de un equipo Olímpico y jugar. Ese siempre fue mi sueño. Uno no se sienta a pensar: ‘Un día, seré entrenador de un equipo Olímpico’”.

Popovich fue entrenador asistente en 2002 y 2004. En 2002, la selección de Estados Unidos fue toda una vergüenza: terminó haciendo el ridículo alcanzando el sexto puesto en el Campeonato Mundial de Indianápolis. En 2004, la selección debió conformarse con el bronce en los Juegos Olímpicos de Atenas, lo cual es recordado como una desgracia.

“Esos fueron momentos alegres”, dice Popovich.

Sin embargo, aquí está, dando la pelea, tomándolo con la misma seriedad como lo haría a la hora de iniciar una carrera en los playoffs con los San Antonio Spurs.

“Pensé al respecto”, afirmó. “Me reuní con el señor (Jerry) Colangelo (director gerente de la selección de Estados Unidos). Me tomó algo de tiempo. Conversamos varias veces. Sabía bien en lo que me estaba metido. Se trata de tu país. Uno dice que sí. Actúas como hombre e intentas rodearte de gente con la mayor cantidad de conocimientos posible”.

He allí la razón por la cual Popovich estaba reunido con Krzyzewski en la tarde del miércoles y habían planificado otras reuniones esa misma noche, mientras Popovich buscaba una visión de cómo armar su equipo. Krzyzewski, quien fue técnico del equipo nacional entre 2006 y 2016, viajó para fungir como consejero. De forma sorprendente, antes de 2015, cuando Popovich fue designado como sustituto de Krzyzewski, ambos hombres jamás se habían reunido.

“Cuando estaba en Pomona-Pitzer, no jugamos contra Duke”, afirma Popovich, refiriéndose a su paso de nueve años como entrenador en la División III universitaria en los años 70 y 80.

Suena absurdo, pero Popovich bien podría ser la estrella del actual roster de la selección estadounidense. Cuando un equipo de filmación de origen chino le dijo que él será el miembro más reconocible de su equipo cuando viaje a China el próximo mes para disputar el Mundial de Baloncesto, como es natural, desestimó la idea. No obstante, asumieron algo no precisamente incorrecto.

Sin la presencia de súper estrellas con trayectorias comprobadas, es probable que el equipo nacional de Estados Unidos deba ser sostenido por su sistema táctico. Los norteamericanos no podrán depender de la tremenda habilidad de LeBron James o de creadores de clase mundial de la talla de Kevin Durant o James Harden en este ciclo Olímpico. Las mega estrellas están ausentes. Por eso, deberán depender de un técnico que cree en un estilo que pone a prueba la aptitud, generosidad y sentido del humor de sus jugadores.

Tendrán que poner el balón en movimiento debido a que, bajo las reglas de la FIBA, no hay movimientos defensivos ilegales y los equipos estarán dispuestos a retar a los estadounidenses a intentar encestar. Con motivos o sin ellos, no existe jugador alguno dentro de este roster cuyo nombre inspire miedo entre sus rivales. Los equipos de Popovich en San Antonio han movido el balón mejor que nadie durante los últimos 20 años. Pero eso es producto de un proceso que ahora se ve obligado a acelerar.

“Hemos contado con chicos en el pasado que son grandiosos en jugadas de aislamiento, pero no podemos depender de ello con este equipo”, afirma el pívot Myles Turner. “Su énfasis radica en el número 0.5. Cuentas con una mitad de segundo, encestar, pasar y seguir. Estamos aprendiendo”.

Esa estrategia y sistema táctico tendrán que convertirse en la base del juego de los estadounidenses. La capacidad de Popovich en persuadir a sus jugadores para asumirlas podría ser la diferencia entre obtener la medalla de oro o quedar con un manchón en su hoja curricular.

El equipo cuenta con algunas estrellas incipientes. Donovan Mitchell se ha mostrado en ocasiones como el mejor jugador en la cancha durante los entrenamientos. De’Aaron Fox, quien fue promovido del roster del equipo Select, cuenta con la velocidad y habilidad para desarmar defensivas rivales y eso probablemente le hará merecedor de uno de los últimos 12 puestos disponibles en el roster. Popovich está usando su carisma para alentarles.

“Tuvimos un momento en el cual jugamos bastante bien y él llegó para hablarnos sobre las cosas que hicimos mal”, dice Mitchell. “Me gusta jugar con entrenadores así. Logra hacerlo con su estilo muy particular. Puede ser sarcástico o muy serio, pero te hace entender que existe algo más que uno podría estar haciendo”.

Kerr, quien fue jugador bajo las órdenes de Popovich y es ahora su principal asistente, insiste que todo esto será divertido para él. El hecho de que esto es un nuevo reto y requerirá que ponga a prueba algunos de sus envejecidos músculos.

“Todo este juego radica en armar el rompecabezas”, afirma Kerr.

Por ahora, en el inicio de este trayecto, Popovich está sonriendo mucho. Está consciente de que pocos apreciarán el reto que tendrá frente a él durante las próximas seis semanas. Eso es algo para lo cual ya tiene una respuesta.

“Nunca me he preocupado demasiado por lo que dirán los demás. Aún no he leído el primer artículo sobre alguno de nuestros cinco campeonatos. ¿Acaso me aportará algo positivo?”, dice Popovich. “Bien sean aplausos o que alguien diga que soy un idiota o algo así, me importa muy poco. Ambas cosas son falsedades para mí. Existen cosas más importantes, como por ejemplo, qué clase de vino pediré a la hora de cenar”.