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Lluvia arruina metamorfosis de América

LOS ÁNGELES -- Nunca mejor el pleonasmo: la lluvia fue una aguafiestas.

Un 1-1 que no satisfizo a nadie, acaso al América que suma puntos y marca distancia como líder, pero que deja amargura en Cruz Azul a pesar de levantarse de la adversidad.

Era un partido que debió haberse aplazado. Si bien no era un impedimento pleno el estado de la cancha, el sentido común, por todo lo que había en el entorno, lo habría justificado.

Se registraron 33 faltas, es decir, una cada tres minutos prácticamente, la mayoría de ellas provocadas por la cancha resbalosa en algunas zonas, más que por rudezas o dolo.

Y la misma lluvia arruina la metamorfosis natural en este caso, accidental por los detalles, y lamentable por la precipitación, de unas Águilas del América que pasan a convertirse en la selección mexicana.

Por eso había más motivos para aplazar el juego que para llevarlo a cabo.

1.- Las rencillas inmediatas entre ambos equipos, tras el dama final en la Final del torneo anterior.

2.- Porque se repasaría con minuciosa exigencia el funcionamiento del América, cuyo esqueleto será el esqueleto de México ante Nueva Zelanda.

3.- Porque seguramente, con Miguel Herrera sin perder de vista ninguna acción, los autocandidateados y los candidateables, querrían seducir en las condiciones de una cancha normal al nuevo entrenador nacional con un contrato seguro por dos juegos oficiales ante Nueva Zelanda, dos amistosos contra equipos de la Liga de Ascenso y uno más ante Finlandia.

4.- Encima, los dos equipos son del Distrito Federal. Podrían citarse para este domingo sin grandes complicaciones financieras, y sin afectar además la programación de la Fecha 14. Y a los dos equipos les gusta disfrutar con el balón a ras de pasto, lo que hubiera generado mayor dinámica en ambos, y sin descartar que hubo momentos en que había cautela en la disputa de pelotas divididas, aunque en general debe respetarse que hubo pasión, devoción y compromiso.

5.- Y sí, ya todos lo sabemos, la decisión final no llegó del árbitro, ni del comisario, ni del sentido común, sino de Decio de María, aún por encima de TV Azteca.

Al final, el empate es un saldo justo. De acuerdo al desarrollo del juego, el equilibrio de fuerzas, la intensidad –con la imitante mencionada-, y la convicción de hacer un buen juego de futbol, insisto, con la memoria general fresca en el drama final de la Final.

¿Se puede medir al esqueleto del Tri con este rendimiento? Difícil, aunque algunos jugadores desdeñados por técnicos anteriores corroboraron el buen momento que viven desde hace un año o más: Layún, Aguilar, Medina, Valenzuela y Jiménez, e incluso el Maza parece recuperarse de sus patéticas jornadas en la Copa Confederaciones.

De hecho, en labores defensivas, por Cruz Azul apareció un resucitado Torrado, mientras que el Chaco Giménez resistió la ruta completa con un peculiar casco al estilo del checo Peter Cesc, y Corona mantuvo su buen rendimiento, mientras que Pereira se atrev{ia a levantar la mano.

Por eso, al final, con un duelo entretenido, pero sin acercarse al desenlace de mayo, lo cierto es que la tormenta echó por tierra la posibilidad un encuentro de mayor algidez.

Y ni la llamada Aplanadora Amarilla ni La Máquina, vehículos que prefieren el terreno seco, pudieron hacerse daño, ni, especialmente, ni sacar conclusiones sobre un encuentro de alto grado de exigencia en condiciones normales, para un equipo que domina el torneo ampliamente, y que ahora es lanzado a la hazaña suprema de conseguir el boleto para la Copa del Mundo ante Nueva Zelanda.