LOS ÁNGELES -- Un oprobio. Degradante sin duda. Abominable incluso.
Eso es un equipo como Chivas que celebra como victoria un empate ante tal vez la más desangelada actuación del Morelia.
Y con un propietario que se somete ante la voz de su peor enemigo para ungir de buenaventura y dar la bendición a su némesis, el América, como embajador de la salvación del futbol mexicano. El sacristán entrega la curia al peor de sus demonios.
Y con un jugador que comenzó el año soñando con Europa, que se engañó a sí mismo con un espejismo en Catar, y que se cura todas sus decepciones con francachelas según denuncian sus vecinos hartos de sus maratones alcoholizados de Marco Fabián de la Mora.
Ese mismo jugador que con voz de adolescente mimado lee una epístola de arrepentimiento y cita a sus compañeros como testigos de honor, para que al final terminen como chambelanes, como alcahuetes, como lazarillos de una farsa, porque el que juró enmendarse se sigue hundiendo en sus vicios.
Un capitán que en el único cruce certero de una campaña de errores y de horrores, reconoce que ninguno de los jugadores de este Chivas debería continuar la próxima temporada en el equipo por su indigno papel, como lo sentenció Héctor Reynoso en Raza Deportiva de ESPNDeportes Radio.
Y unas Chivas que hacen del no perder ante el Morelia el súmmum de los ridículos al celebrar en una cabalgata festiva como si el 1-1 los eximiera, cuando el Morelia había renunciado al juego y se había ido al vestidor anticipada y precipitadamente, como si ese triste empate, bastara para una caravana de jolgorio, que lejos de exonerar a sus propios alborozados jugadores, los humilla con el conformismo de un empate.
Chivas ha quedado desnudo y expuesto en este 2013.
1.- Apuestas equivocadas por directivos equivocados con entrenadores equivocados y refuerzos equivocados.
2.- Según las cifras de la contabilidad bipolar de Jorge Vergara en sus lamentos públicos, ha gastado desde diciembre de 2012 a este año más de 25 millones de dólares entre refuerzos, despidos, indemnizaciones.
3.- Y el mismo propietario, que llegó a enseñorearse como el adalid del cambio en el futbol mexicano, al que casi pasearon en hombros algunos torcidos, interesados, comprometidos y precipitados personajes de los medios informativos, tiene su colapso en el Waterloo de servir como maestro de ceremonias para su enconado adversario al entregarle la espada rota de su honor a su tan odiado América.
4.- Y sus jugadores se hunden en el peor de los marasmos: han perdido la credibilidad, la confianza, la fe, el espíritu combativo en la cancha, y algunos de ellos hasta se dedican a protagonizar escándalos en las fascinantes tertulias del farándula, sucumbiendo en la confusión comodina de la notoriedad.
Y su afición, convertida en el hazmerreír más bobalicón de los últimos torneos, disiente y hasta repela y repudia, el que sus propios héroes en desgracia continua y continuada, pretendan darle un dedazo de atole amargo con este empate ante un Morelia que hasta se vio timorato al permitir en los minutos finales que los estertores del difunto le robaran un punto.
Sin duda a Chivas le faltaba la mayor humillación, y lo peor que la perpetraran sus propios jugadores: querer vestirse de gloria con el triste engatusamiento conformista de un empate.
