LOS ÁNGELES -- Dirimía, metafórica y competitivamente, el derecho a ser Rey de la Selva. Hoy, contra lo que digan la zoología y los estudiosos de los grandes felinos, el Puma es más que el León.
En lo personal veo con recelo a estos Pumas. Traicionan, de entrada, su prosapia de ser la gran cantera del futbol mexicano. Y eso, es irrespetar a sus ancestros.
Hoy tiene a nueve no nacidos en México en su elenco. Y, además, un equipo plagado de jugadores justitos en ambas fronteras de los 30 años.
Sólo Quintana y Van Rankin tienen la sonrisa imberbe de nostalgia de los otros Pumas, de los viejos Pumas, de los añorados Pumas.
Sin embargo, ante León, Pumas debutó a Gustavo Adolfo Rodríguez. Su ficha dice que cumplió 17 años el pasado 12 de octubre. Pero es una excepción que confirma la regla viciada en Pumas.
Es un equipo de reciclaje. Desde el técnico, desahuciado en y por Cruz Azul, hasta sus jugadores. La mayoría de sus hoy columnas terminaron cayendo botadas al desperdicio, después de ser botados a los contenedores de los desechos tóxicos.
¿Ludueña, Dante, Fidel, Britos, Verón? Desechos. ¿O no? ¿O no habían sido, incluso, algunos de ellos, parte del problema de Pumas? Verón, ya se sabe, era, no más, el dueño del vestuario. Y ahí empezaba parte del conflicto.
Sin embargo, el futbol en general, y México en lo particular, está lleno de esas historias dramáticas y fascinantes.
El arrepentimiento. De eso está lleno este tipo de milagros. El acto genuino de contrición.
Hoy, todos los mencionados son todo lo contrario de lo que llegaron a ser hace unos meses. De la sima a la cima.
Hoy son redentores de sus propios errores. Subieron a su cruz por sus defectos y descendieron por el hambre de una oportunidad.
Britos es tan bueno o mejor que en su mejor momento con el León. Fidel Martínez no sólo ha encontrado la red, sino que ahora descubre que sí puede ser el mejor pasador de gol, tal y como pudo y no quiso con Leones Negros.
Dante y Ludueña son magníficos cerradores de partido, pero el grupo hasta se ve mejor sin Darío Verón.
¿Arrepentidos? A incluir a un Javier Cortés que desde su debut pintaba para ser un referente de Selección Nacional, especialmente por ese perfil de enfilar de cara al gol, y que maneja por adoctrinamiento de la cuna de Pumas.
Que no se malinterprete. No se trata de descarapelar el funcionamiento de Pumas. Por el contrario, el dominio en la Liga al final purifica a estos futbolistas ansiosos de la revancha más inclemente de todas: consigo mismos, con sus propios pecados y con la conciencia clara de sus desaciertos.
Porque, insisto, no es un plantel ni remotamente impresionante en nómina. Hace unos meses, prácticamente todos estos jugadores de Pumas, eran cartuchos que parecían ya quemados, y que incluso en el Draft no despertaron la codicia por alguno de ellos.
Y claro, hay un mérito en Memo Vázquez, quien es evidente que también ha alterado ese monumento extremo a la parsimonia, para observar como estatua de sal, imperturbable, los momentos extremos de su equipo.
Hoy, en algunos casos aislados, hasta reacciona con energía y molestia por decisiones arbitrales o incorrecciones en la cancha de sus jugadores, y hasta se atrevió a confrontar con la mirada a un par de sus colegas entrenadores.
Sí, ya le circula sangre por las venas, tal y como era el Memo Vázquez jugador, un hombre de pierna dura, de poca visión ofensiva, pero de un disparo muy respetable, con presencia intimidante incluso en media cancha.
Pero el mismo entrenador sabe que el trabajo aún está a la mitad. Sufrió con el futbol dinámico de Chivas y se dejó empatar por Morelia, mientras que aprovechó ante Tigres, aunque fue una calamidad cayendo ante Cruz Azul.
Pero esa inestabilidad le da más puntos de partida y de orden en la semana. Si el jugador cree que hace el trabajo perfectamente, desatiende el requisito intocable de tener atención profunda en la preparación de los juegos. Porque, sí, los arrepentidos nunca terminan de arrepentirse totalmente.
Se entiende, por otra parte, este capítulo de Pumas. Necesita una tregua. Necesita una pausa, un remanso en medio de la crisis.
Más allá de los alcances finales, el club sabe que podrá ir dosificando la salida de los veteranos nacionales y de los no nacidos en México, especialmente porque ahora será más fácil al revalorarse muchos de ellos.
Y en esa transición suave, paulatina, relajada, tal vez, y sólo tal vez, se atreva a recuperar ese sitio de privilegio, de aportar a la escena mexicana, los mejores jugadores jóvenes.
En uno de los muros de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a media milla del Estadio México 68, aparece garabateada esta frase: "No hay pecado tan grande ni vicio tan arraigado que con el arrepentimiento no se borre o quite del todo". Seguro su creador, Miguel de Cervantes, estaría satisfecho de la doble utilidad de su reflexión.
