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El eterno debate entre "fútbol" y "soccer" en Estados Unidos que no saldará ni el Mundial 2026

De Pelé a Messi, 50 años de intentos estadounidenses de popularizar el soccer ESPN.com

La relación del fútbol con los Estados Unidos es muy compleja y especial, con múltiples matices y hasta puede ser tildad de ‘antinatural’. Desde hace décadas se han realizado intentos de integrar el deporte a la sociedad norteamericana, con resultados muy dispares, que llevan a un pico histórico de cara al Mundial 2026, el máximo torneo ecuménico que llega a este país por segunda vez en la historia.

Si bien el ‘soccer’ crece de manera sostenida en popularidad en EE.UU. existe una barrera cultural que dificulta la entrada masiva del deporte en aquel país.

Más allá del propio nombre que utilizan para denominar el juego, un tema que polariza por sí mismo y que analizaremos más adelante, el fútbol no pertenece a la idiosincrasia de los estadounidenses, que tienen su propio ‘football’ como casi una religión y al béisbol como el ‘pasatiempo americano’.

Si bien las brechas de popularidad entre el fútbol y los deportes reyes en Estados Unidos se van achicando, aún son muy grandes y prácticamente insondables.

¿Y si no es su culpa? El término ‘Soccer’ no nació en Estados Unidos

Una de las barreras culturales más grandes entre el público global del fútbol y Estados Unidos es el propio nombre que utilizan para denominar el deporte, pero hay un gran asterisco en esta cuestión.

A mediados del siglo XIX, el término ‘football’ era utilizado para englobar varios deportes, diferenciándose de los deportes practicados a caballo por la aristocracia.

A la par fueron creciendo dos juegos emblemáticos como el fútbol y el rugby y en 1880, en la Universidad de Oxford se acuñaron los términos ‘rugger’ para el rugby y el de ‘soccer’ para el fútbol, tomando el ‘soc’ de la palabra ‘association’ más el sufijo ‘er’.

De esta forma, desde el Reino Unido se creó el nombre que tomó fuerza en los Estados Unidos en el siglo XX, cuando el deporte empezó a practicarse, sobre todo tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

Aquí es donde los británicos decidieron dejar de utilizar el término soccer para diferenciarse de los norteamericanos y pasó a ser exclusivamente football.

En Estados Unidos la utilización del soccer como denominación del fútbol se mantiene hasta estos días, pero su origen y popularización no son propios.

Uno podría concluir que la culpa de esta barrera casi ideológica es ajena a los estadounidenses que simplemente utilizan el nombre con el que conocieron el deporte.

El fútbol: ¿Un deporte de niños en Estados Unidos?

El fútbol es cada vez más practicado en EE.UU. pero hay una distinción importante: la mayoría de ellos son niños y niñas.

El crecimiento del deporte se debe a varios factores: la accesibilidad gracias al poco equipamiento necesario para la práctica, sobre todo en comparación a otros deportes como el football americano o el béisbol.

Además de la ‘seguridad’, siendo un deporte con menos contacto y posibilidad de lesiones como en otros juegos como el ya nombrado football o el hockey sobre hielo. Pero es al llegar a la adolescencia y la adultez cuando el interés se va disipando y es que el deporte juvenil en Estados Unidos está muy ligado al desarrollo académico y universitario.

Aquí es donde hay una separación clara con el resto del mundo respecto al fútbol. El desarrollo de los futbolistas se realiza en las divisiones inferiores o fuerzas básicas o academias y en un gran porcentaje de casos, el salto al profesionalismo se puede dar a una edad muy temprana, rondando los 18 años, con claras excepciones de talentos como el de Lamine Yamal, estrella mundial desde los 16 años, por citar un caso reciente de los tantos y tantos que abundan en el fútbol mundial.

Por el contrario, en los Estados Unidos el camino hacia el profesionalismo es más largo y dependiendo del deporte, puede darse hasta después de los 20 años o más, exceptuando casos de talentos excepcionales, que saltan de la secundaria al profesionalismo sin escalas.

Para conseguir talento propio y generado ‘en casa’, los clubes crearon academias donde se nutren de talento local sin tener que recurrir o depender del draft universitario. Este es un paso en la dirección correcta, pero que aún está lejos del nivel de las más importantes del fútbol global.

A falta de estrellas propias, Estados Unidos las importa

Otra de las barreras que impiden que el fútbol logre la popularidad de otros deportes en sus tierras recae en el éxito.

En Estados Unidos denominan a los ganadores de sus principales ligas (NFL, NBA, MLB) como campeones mundiales, más allá de ser competencias domésticas, por el solo hecho de tener a los mejores exponentes de cada deporte compitiendo en su suelo.

Esto hace que el fútbol tenga una enorme desventaja con respecto a sus competidores, ya que los mejores futbolistas están en el extranjero, más allá de diferentes intentos a lo largo del tiempo de atraer a grandes figuras internacionales, siendo Pelé el primero de ellos, hace más de 50 años.

En 1975, la por entonces denominada Liga Norteamericana de Fútbol (NASL) sedujo al astro brasileño de 34 años, tricampeón del mundo y máxima estrella a que deje su país natal y lleve su fútbol a un país con muy poca tradición.

Pelé jugó en el New York Cosmos durante tres temporadas y abrió las puertas del fútbol internacional a los Estados Unidos, que vio en la importación de estrellas internacionales el camino hacia la masificación del deporte. Al brasileño lo siguieron ilustres nombres como el de Franz Beckenbauer, Gerd Müller, Teófilo Cubillas y George Best, entre otros. Este experimento duró poco y con resultados discretos, que llevaron a la desaparición de la liga en 1985.

Tras la creación de la MLS, como la conocemos hoy en 1996 hubo una segunda oleada de superestrellas importadas, que inició en 2007 con la llegada de David Beckham a Los Ángeles Galaxy, generando la creación de la figura del ‘jugador franquicia’, permitiendo a los equipos la contratación de un futbolista fuera del límite salarial de la liga.

Esto generó la llegada de estrellas mundiales, muchos en el ocaso de su carrera, que decidieron cruzar el océano para cerrar sus trayectorias en un fútbol menos competitivo. Thierry Henry, Wayne Rooney, Zlatan Ibrahimovic, Kaká y muchos otros fueron decorando la marquesina de la MLS, que sumaba nombres ilustres, pero sin la competitividad de las principales ligas mundiales.

Pero sin dudas, el máximo impacto llegó en 2023, cuando Beckham convenció a Lionel Messi, considerado por muchos como el mejor de todos los tiempos para que jugara en el Inter Miami, club parte de su propiedad y con apenas tres años de vida.

La llegada del argentino generó un antes y un después en el país, que tuvo picos de audiencia y de asistencia a los estadios nunca vistos.

El interés estadounidense por el fútbol llegó a su máximo histórico y tendrá en el Mundial otra prueba clave para continuar su crecimiento y meterse de a poco en la vida cotidiana de sus ciudadanos, siendo este el reto más complejo de todos.

Por el momento, el fútbol se ha nutrido de diferentes impactos a lo largo de su historia, pero aún no logra transformarse en rutina en EE.UU. como lo hacen los deportes más tradicionales.