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El trasatlántico FIFA se queda sin ratas

La cacería seguirá. De los que reptaron y treparon. Cada detenido aporta nombres y pruebas. Getty Images

LOS ÁNGELES -- Entre reptar y trepar sólo hay una diferencia: el reacomodo de letras. Porque, para ambas acciones, es preciso arrastrarse.

Es el precio de la ambición: no poder vivir de pie. Reptar y trepar. Habilidades psicomotrices del delito de cuello blanco.

Trepar y reptar. Coreografía de la ambición desmedida de poder y dinero en la FIFA, con el futbol como inocente pretexto, o como prostituido recurso.

El FBI no se detiene. Coloca grilletes y abre procesos. Y claro: negocia indultos, amparos y fianzas, a cambio de más nombres, más cohechos, más delitos. Los Judas cobran 30 monedas de libertad.

Y la FIFA es una pirámide que nunca termina de colapsarse. Y en la cúspide de esa pirámide --trepar y reptar -- hace malabarismos de equilibrista desesperado Joseph Blatter. Y claro, de su salud depende la salud de muchos otros.

Es simple: si a Blatter le da un resfriado a sus secuaces diseminados en el mundo les da neumonía.

Hay 16 objetivos. Al final el menú de la vergüenza pública es muy breve: resistir y defenderse, o declararse culpable, delatar a otros y devolver dinero.

La sensación de libertad se ajusta a los salvavidas del naufragio. Dirigentes de Conmebol y Concacaf prefieren encender el ventilador. Y estercolar a sus prójimos y alguna vez compinches, y devolver unos dolaritos que seguramente sobran en su opulencia bancaria.

En total son 40 millones de dólares que ya algunos han prometido devolver, porque, por un accidente o desliz de su ética o moral, recibieron de manera indebida. Usted disculpe su voracidad.

¿Reptar y trepar? Claro que sí. Y para escapar hay que acomodar el cuerpo en la misma posición: arrastrándose.

Nada de heroísmos. Escribía la poetisa china Xiao Hong: "Es mejor ser el fantasma de un soldado caído, a ciudadano de una nación esclavizada".

Para estos presuntos delincuentes de cuello de seda en la FIFA, sus fantasmas siempre estarán esclavizados. La inmundicia suele ser eterna.

Es claro: la libertad en soledad y en la miseria moral y financiera, es mejor que cualquier jaula suiza o estadounidense de lujo.

Concacaf y Conmebol se hunden. Aportan un día sí y otro también un sospechoso, y lo hacen sistemáticamente, con asiduidad y puntualidad de segundero suizo de esos relojes de 48 mil dólares que algunos han recibido, como uno de los regalos más ínfimos en el derroche y en la derrama de cohecho de este coleccionable #FIFAGate, que ha enloquecido Twitter, con más de seis millones de trinos en unos cuantos meses con este hashtag.

¿Cuándo caerá Blatter? Es una pregunta mal formulada. Se escucha mejor algo así como "pero, ¿algún día caerá Blatter?".

Y ya en ese tono, ¿qué prodigioso milagro ocurre que en el balompié más rico de Concacaf, el mexicano, todos resultan ser blancas e inocentes palomitas? En un futbol modelo de trampa, ¡resulta que para el FBI no hay ningún tramposo?

La cacería seguirá. De los que reptaron y treparon. Cada detenido, cada interrogado, aporta nuevos nombres y nuevas pruebas.

El barco de FIFA se queda sin ratas. El trasatlántico de lujos y dispendios, ese Sodoma y Gomorra acorazado y flotante, será pronto un barco fantasma.

Y de ahí sólo se sale como se llegó. Sí: reptando y trepando.