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Texans México: inspiradoras campeonas en el futbol americano femenil equipado

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Las Texans México es el equipo de futbol americano femenil equipado que venció la adversidad para ganar un título enfundado en los colores del equipo de la NFL


Son un grupo de chicas que sumaron los corazones y el talento para obtener la gloria en el futbol americano equipado: las Texans México.

Integrantes de la Liga Femenil de Fútbol Americano Equipado (LIFFAE) a nivel amateur, las Texans Mexico son las actuales campeonas de su división, tras obtener el título del torneo de Otoño.

Un logro anclado en la resiliencia, la disciplina, el amor al juego y la empatía mutua en un roster que incluye a mujeres de entre los 13 y los 42 años, que alternan el deporte de las tacleadas con ocupaciones como estudiantes, profesionistas, mamás y amas de casa.

Su desempeño en el mundo de los emparrillados se asemeja al también desarrollado por Andrea Martínez, la primera jugadora en la historia de la Liga Mayor; Gabriela Martínez, como referí en la NCAA estadounidense; las 12 de Oro, ganadoras de los World Games en 2022, o Ana Garza, la primera coach en el futbol americano profesional de México.

“Es un grupo de chicas muy valientes, de mucho carácter”, narra Juan Alonso Muñoz, head coach de las Texans México. “Ganamos el campeonato a pesar de ser un equipo que en su mayoría apenas jugaban su primera o segunda temporada”.

Tras una etapa en la que formaron parte del programa de Centinelas, en 2025 se unieron al Club Texans como el equipo de futbol americano equipado femenil.

La resiliencia, la disciplina, el amor al juego y la empatía conformaron los pilares que les llevaron a ganar el título, el cual también significó el primero del Club Texans, el cual juega con los colores y el logotipo de los Houston Texans, equipo integrante de la división Sur de la Conferencia Americana de la NFL.

El equipo comenzó a promocionarse en redes sociales y fue así que llegaron a las 23 jugadoras con las que enfrentaron la temporada, algunas de ellas responsables de jugar tanto a la ofensiva como a la defensiva y así recorrer la ruta al campeonato de la categoría Arena Libre 9 vs. 9, en la que participaron 35 equipos.

Primer pilar: la resiliencia

“A pesar de que nos fue bien durante la temporada regular, terminamos con la espina clavada de que sólo perdimos dos partidos, ambos por marcador cerrado y contra el mismo rival, las Quetzales”, recuerda Alonso, conocido también como “Coach Caballo”.

La temporada fue caminando y con ella se sumaron los buenos resultados. De la mano de un staff de coaches que cuenta, en su mayoría, con la experiencia de haber jugado en la Liga Mayor, el equipo implementó un sistema de juego que, por ejemplo, a la ofensiva les permitió tener su propia versión de la jugada “Tush-push”.

Una vez instaladas en la final, las Texans Mexico se enterarían que su rival sería el mismo que tanto les hizo sufrir: las Quetzales.

“Ahí fue que las chicas mostraron una gran resiliencia. En la semana previa a la final todas hablaron de la mentalidad que se necesitaba para derrotar a un rival que parecía que ya les tenía tomada la medida”, declara Alonso.

Peor aún, la final se jugaría en la sede de Quetzales, en una cancha ubicada en un lugar alejado del estado de México y en el que fueron recibidas con gritos y la hostilidad de la porra local.

“El partido y el marcador se mantuvo muy cerrado hasta el ultimo cuarto. Fue entonces que una gran llamada y ejecución de nuestra ofensiva nos permitió irnos adelante en el marcador. Luego, nuestra defensiva aguantó y ganamos 18-13”, narra Alonso, en tono emocionado.

Pese a la improbabilidad, la resiliencia de las Texans México les había dado el campeonato.

Futbol americano femenil equipado: un terreno árido

A diferencia de lo que acontece con el futbol americano varonil y el flag football, hoy de moda y consolidado como el “juguete favorito” de la NFL, el futbol americano femenil equipado carece de apoyo y difusión.

Los tres a cuatro mil pesos que cuesta cada temporada deben ser desembolsados por las jugadores, sin importar que sean estudiantes, profesionistas o mamás, algunas de ellas sin pareja.

Dependiendo del equipo y al club que se pertenezca, cada jugadora debe adquirir el calzado, las vendas o la utilería que no le puedan ser proporcionada por el equipo.

Además, cada jugadora desembolsa el costo de sus traslados a los campos de entrenamiento entre semana y al del juego en los fines de semana. Muchas ocasiones los partidos son en horarios nocturnos debido a la saturación que se tiene con las categorías infantiles, juveniles e intermedias en muchos de ellos.

“Hace falta estructura, patrocinios, y una base de jugadoras que empiece a practicar el futbol americano equipado desde edad más temprana”, comenta Miguel Caro, presidente de la LIFFAE.

La inscripción a la liga, les asegura a los equipos contar con planillas arbitrales de buen nivel, muchos de ellos también arbitran en la Liga Mayor, además de contar con el servicio médico y una ambulancia en cada partido.

“Desafortunadamente no hay difusión, y por tanto, hay pocos patrocinadores, por lo que la opción de crecimiento y practica por el momento se vislumbra lento”, acepta Caro.

Segundo pilar: la disciplina

Paulina Alegría juega como quarterback de las Texans México. Es ingeniera y desde hace ocho años se enamoró del futbol americano equipado.

“Lo fui a ver y me encantó el sonido del choque de casco contra casco”, recuerda Paulina, para quien practicar deportes es una constante.

Sin embargo, acepta que el máximo reto con el que se encontró al comenzar a jugar el futbol americano equipado fue “el nivel de disciplina que se requiere”.

"En ningún otro deporte me había topado con la disciplina que te imponen los coaches y que tu misma debes tener para que aguantes los partidos, el golpeo de las rivales, cargar la utilería”, asevera Paulina, una fanática de los Baltimore Ravens, a quien este deporte le dio también un plus para enfrentar la vida cotidiana.

“Soy muy chiquita, de complexión delgada, muchas veces no entiendo cómo es que pude enfrentarme a jugadoras mucho más altas y pesadas que yo y sólo pienso que es la disciplina que me ha dado este deporte”.

Tercer pilar: amor al juego

Valeria Ríos Meza practicó el baile desde los cuatro, hasta los 16 años.

Lejos aceptar la etiqueta de ser una “niña rosa”, recuerda siempre sentirse atraída por el futbol americano equipado y su rudeza, quizás por los años en que vio a sus tíos, exjugadores de Centinelas, y a sus dos hermanos cómo lo practicaban.

“Si tengo un carácter fuerte, me considero ruda y en el contexto de mi familia, creo que por eso se me desarrolló el amor al juego”, declara Valeria, quien juega como tackle a la ofensiva y también a la defensiva con las Texans México.

Hoy, a los 20 años, alterna las tacleadas con su labor como estudiante en la escuela de Medicina Superior.

Acepta sentirse feliz cada vez que entra al emparrillado con la utilería puesta. El casco, las fundas, las hombreras, la transforman: “me hacen sentir más segura, más valiente”.

Aunque sabe que día a día es complicado alternar la vida personal, los estudios, los amigos y tener novio con el futbol americano, está decidida a seguirlo practicando el tiempo que sea posible.

Simplemente por amor al juego.

Cuarto pilar: empatía

“Nadie es mejor que todas juntas”. La frase se convirtió en uno de los referentes motivacionales adoptados por los coaches y las jugadoras a lo largo de la temporada de las Texans México.

“Se logró una comunión especial, porque luego extendimos este vinculo con las familias de las jugadoras y nuestra porra”, asegura Alonso.

También nació un vinculo más cerrado. Más íntimo. Se trató de la empatía que las jugadoras generaron entre ellas. En el que se apoyaban unas a otras frente a las adversidades extradeportivas.

Así, las jugadoras de las Texans México sintieron que el campo para entrenar también era un espacio seguro, para compartir si tenían problemas de dinero, con la pareja, las tareas de los hijos. O si tenían un problema de salud.

Para sentirse mejor, muchos de esos temas no necesitan de un consejo o una frase.

Sólo se necesitaba otra cosa.

Un abrazo.