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¿Terminará la NBA en Disney World? ¿En Las Vegas? Las interioridades de una decisión inminente

Por un tiempo, la concentración en Las Vegas era la idea más popular entre las propuestas manejadas para la reanudación de la NBA: una ciudad que sirviera de burbuja para varios equipos a pelear en los playoffs, congregados en una cuarentena entre distintos hoteles de casino y estadios interconectados.

Ha pasado cierto tiempo desde que se diera a conocer la idea, y quienes tienen la oportunidad de conversar con el comisionado de la NBA Adam Silver, aún lo perciben escéptico al respecto. Aún se necesita convencerle de que jugar concentrados en Las Vegas es la mejor idea. A criterio de algunos de los veteranos jugadores estrellas con mayor influencia en la liga, ese es un concepto tranquilizador, ya que estos mantienen su preocupación por la posibilidad de que algunos compañeros más jóvenes tengan dificultad de mantener la paciencia necesaria para mantener fortalecido un ambiente de burbuja en Las Vegas.

Mientras confronta situaciones que van desde la tentativa reanudación de la liga hasta la necesidad de negociar varios aspectos económicos y competitivos, Silver debe mantener una estrecha sociedad con la Asociación Nacional de Jugadores de Baloncesto (NBPA, por sus siglas en inglés), el sindicato que vela por los derechos de los atletas de la NBA. Hoy, más que nunca, dueños de equipo y jugadores necesitan encontrar un nivel de cooperación y consenso permanente. Ambas partes se mantienen entrelazadas en su objetivo de reiniciar y replantearse el futuro de este deporte.

Alrededor de la NBA, una abrumadora mayoría de ejecutivos de alto nivel mantienen su ánimo y optimismo con respecto a la posibilidad de que el baloncesto pueda reanudar la temporada. A pesar de ello, el camino sigue lleno de obstáculos. Si existe una lección que Silver ha aprendido con respecto al impacto causado por el coronavirus, es que la pandemia ha obligado a distintos líderes de todos los ámbitos a explorar planes de contingencia sobre planes de contingencia, para replanteárselo todo y volverlo a evaluar por enésima vez.

Silver, resistente a establecer cronogramas relativos a las decisiones más importantes que aguarda el mundo de la NBA, estableció el 1º de mayo como punto de partida. No se llegaría a ninguna decisión significativa antes de esa fecha. Dentro y fuera de la NBA, existe una sensación de inquietud ante la llegada del viernes... y las decisiones que deberán tomarse, más temprano que tarde.

Tal como expresó el gerente general de un equipo de la NBA con respecto al reto confrontado por Silver en el clima actual: "Es difícil liderar por consenso en medio de una crisis".

Por los momentos, la NBA sigue barajando distintas sedes tentativas. El complejo hotelero y de casinos MGM Grand ha sido uno de varios candidatos que han presentado un plan para servir de nueva casa a la NBA (y quizás también a la WNBA) con un grupo conformado por tres hoteles conexos, según han informado fuentes vinculadas a la negociación. Algunos han propuesto planes para concentrar la liga entre distintas regiones. Se ha discutido la factibilidad de utilizar los complejos de entrenamiento de los distintos equipos. La posibilidad de establecer como sede a Walt Disney World en Orlando, que cuenta con distintas instalaciones para la práctica del baloncesto y varios hoteles, ha cobrado impulso.

Aprovechando la coyuntura de la pandemia, según expresan fuentes, los partidos disputados sin la presencia de aficionados podrían ser captados con cámaras robóticas de televisión, que permitan mostrar ángulos innovadores y más cercanos a la acción. Los relatores y comentaristas televisivos podrían narrar los encuentros desde sitios remotos. Las discusiones han incluido la factibilidad de que los equipos solo mantengan un personal esencial in situ, cuyo total podría oscilar entre 30 y 35 personas, incluyendo jugadores.

Silver ha reiterado a los equipos su disposición a que la temporada termine proclamando un equipo campeón. Desde entonces, si la oficina del comisionado de la NBA había tenido dudas con respecto a que el proceso de toma de decisiones sería doloroso y divisivo en estos tiempos difíciles, el pasado fin de semana sirvió de recordatorio del profundo análisis del cual serán objeto todas y cada una de sus decisiones. El proceso de reapertura de los complejos de prácticas, para que los jugadores pudieran hacer entrenamientos breves e individuales, que es simple en teoría, terminó convirtiéndose en un acalorado intercambio verbal entre los ejecutivos de la liga y los respectivos equipos.

Con los complejos de entrenamientos cerrados, aparte del acceso vedado a prácticamente cualquier centro de actividad física con la excepción de gimnasios caseros privados, la NBPA compartió con los ejecutivos de la liga la ansiedad de los jugadores sobre la probabilidad de volver a contar con acceso a las instalaciones de cada equipo. Se expresó el temor ante la posibilidad de que los jugadores comenzaran su éxodo hacia gimnasios no autorizados, después de la reapertura de distintas actividades económicas en estados tales como Georgia y Florida.

Mientras la NBA definía con varias agencias de salud y expertos médicos los detalles relativos a las precauciones y procesos necesarios para que los equipos pudieran volver a abrir complejos de prácticas en los mercados que han iniciado la desescalada de restricciones y confinamientos obligatorios, la oficina del comisionado divulgó en la tarde del sábado las generalidades de un plan a través de un memorándum dirigido a prácticamente la mitad de los propietarios de equipos., ESPN dio a conocer la noticia en cuestión de horas. Casi de inmediato, la gerencia de la NBA pudo percibir el rechazo de los equipos a la idea. Los gerentes generales de distintas franquicias pasaron las jornadas del sábado y domingo intercambiando impresiones entre ellos y con la propia NBA a través del teléfono; intentando comprender el propósito de la idea, su tentativo cronograma de ejecución, cómo se tratarían los distintos aspectos de seguridad... al igual que las distintas alternativas que podrían manejar los equipos con sede distinta a los mercados seleccionados.

Para la jornada del lunes, tras haber sostenido conversaciones con los distintos equipos, la NBA reprogramó la tentativa reanudación de prácticas para el 8 de mayo, entregando a los equipos un memorándum de 16 páginas, en el cual establecía los procedimientos necesarios para que los jugadores puedan volver a los complejos de entrenamientos.

Silver ha insistido, tanto en público como en privado, que no puede procurar que su liga acapare pruebas para la detección del coronavirus con el fin de reanudar una temporada de baloncesto si el público en general y profesionales de la medicina no cuentan con acceso masivo a dichos exámenes. Una vez que la NBA compartió con los equipos sus lineamientos relativos a los protocolos a seguir para que los jugadores regresen a los entrenamientos, ésta prohibió la práctica de pruebas de despistaje a los jugadores a menos que éstos muestren síntomas del COVID-19, según indican fuentes.

La NBA ha calculado requerir un total aproximado de 15,000 pruebas desde la reanudación de la temporada hasta su tentativa conclusión, según expresan fuentes. Varias empresas fabricantes pueden asegurar a la NBA la provisión de dichos exámenes, pero no pueden garantizar al público estadounidense la plena satisfacción de los requerimientos de la población en general.

Obviamente, las finanzas también jugarán un rol preponderante en la toma de cualquier decisión. La NBA deberá sopesar las consecuencias financieras de reanudar una temporada abreviada... o de cancelar por completo lo que resta del torneo. La devolución de salarios percibidos por jugadores debido a la cancelación de partidos, al invocar la cláusula de fuerza mayor del actual contrato colectivo, mitigará el impacto financiero de las pérdidas asumidas por los dueños de equipos. Las ganancias generadas por los contratos de derechos televisivos a nivel nacional seguirán llegando a las franquicias, con la advertencia de que la NBA deberá buscar formas de subsanar el inventario perdido de partidos y auspicios para compensar a las distintas cadenas.

La NBA incrementó sus líneas de crédito en $650 millones, para totalizar $1.2 mil millones en capacidad de endeudamiento, buscando así proteger su flujo de caja; y bien podría solicitar un nuevo aumento, según indican fuentes.

El reto de Silver no solo radica en salvar la temporada, sino también en limitar los daños económicos que se sentirán durante los años por venir. El comisionado debe plantearse consecuencias que van mucho más allá de los aspectos geográficos necesarios para finalizar una comprometida temporada 2019-20, incluyendo además el calendario de la venidera campaña.

Dentro de la NBA existe el apoyo a la idea de una temporada 2020-21 a iniciarse en diciembre, prologándose hasta finales de julio o agosto, según indican fuentes. Silver ha comenzado a preparar a los equipos para asumir la posibilidad de atrasar el comienzo del próximo torneo, lo que ayudaría a manejar las preocupaciones sentidas alrededor de la liga ante las probables consecuencias a largo plazo y que van más allá de finalizar o no la actual temporada.

Mientras más se demore la NBA en iniciar el próximo torneo, los equipos tendrán mayores probabilidades de volver a contar con la presencia de aficionados en las tribunas, especialmente si tomamos en cuenta las proyecciones manejadas por los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) con respecto a una posible segunda oleada de infecciones virales. Los temores de la población a llenar un estadio (incluso adhiriéndose a los lineamientos de distanciamiento social en las tribunas) se mantendrán presentes sin una vacuna o tratamientos, especialmente en las regiones de Norteamérica más afectadas por el virus.

Hasta entonces, el debate interno en la NBA se desarrolla entre comités y más comités: comités de dueños de equipos para analizar temas económicos, comités para analizar los aspectos relativos a derechos televisivos y medios de comunicación y el tradicionalmente influyente comité de competitividad, conformado por propietarios de equipos, gerentes generales y entrenadores.

Los periodos llegan a su fin, los miembros rotan, pero la crisis actual motivó a la NBA a tomar una decisión notable con respecto a su comité de competitividad, recuperando el intelecto y credibilidad de dos miembros cuyos mandatos habían llegado a su fin en fechas recientes: R.C. Buford, Jefe Ejecutivo de los San Antonio Spurs y Masai Ujiri, presidente de los Toronto Raptors.

Dicho grupo se ha convertido en un panel de consultoría que ayuda a definir la planificación necesaria para el tentativo retorno a las canchas. Por ejemplo, cuando Brad Stevens, quien es uno de los miembros del comité, diseña un cronograma detallado para reanudar los campamentos de entrenamiento, éste se convierte en una idea que se comparte, analiza y discute. No hay escasez de ideas entre la comunidad de la NBA; pero las soluciones efectivas son otra cosa.

Hoy, más que nunca, el mandato de Silver radica en recopilar toda la información y sintetizarla hasta convertirla en decisiones. Han pasado casi dos meses desde la suspensión de la actividad deportiva y crece la urgencia para que la NBA concrete un plan de acción. El calendario marca, a partir de hoy, el mes de mayo. Más temprano que tarde, ha llegado el momento de las decisiones difíciles para el comisionado de la NBA.