SAN DIEGO -- Grítalos Javier. Grita, Chicharito, los dos goles al Norwich.
Llénate los pulmones de gol Hernández, que en dos partidos has dado dos victorias al Manchester United.
¡Grítalos Javier, grítalos! Para quienes han perdido la fe en ti. Para quienes mantiene la fe en ti. Para el único que no ha perdido la fe en ti mismo.
¡Grítalos Chicharito, grítalos! Para quienes dicen que no debes volver a la selección mexicana por tus obscenidades en cancha ante Panamá y Costa Rica. Y para quienes imploran tu regreso por estas metódicas proezas en la mejor Liga del Mundo.
¡Grítalos Hernández, grítalos! Para quien te tuvo una fe desmesurada y te entregó el balón para el manchón de las fatalidades. Y para quienes deploran, e imploran, que no vuelvas a plantarte ante la inminencia de gol que es el penalti.
¡Grítalos Javier, grítalos! Para quienes se plantan con fe absoluta en que los ungidos del gol en México, Raúl Jiménez y Oribe Peralta, son suficientes ante Nueva Zelanda. Y para quienes arguyen que sumar a un hombre que asesina en la estratósfera de Inglaterra, puede ser un aniquilador entre los rascacielos de Nueva Zelanda.
¡Grítalos Javier, grítalos! Para que Miguel Herrera deje de verte con mirada entrecerrada de incertidumbre y desconfianza. Y para que argumentes que ustedes los europeos son culpables, pero no tan culpables como para cargar solos el holocausto, y ser el agua sin contaminar con que se lavan las pútridas manos los federativos mexicanos.
¡Grítalos Javier, grítalos! Para escaparte del sarcófago en el que tú mismo te metiste, y del que tú clavaste la última de las estacas del suicidio público, abanicando balones, errando penales, exorcizando la gloria del gol con el Tri. Y para que en el mismo acto te redimas, te inmoles nuevamente, y resucites en estos tiempos de urgencia donde pululan rencorosas almas en pena.
¡Grítalos Javier, grítalos! Porque en tiempos de crisis abundan los que se rinden, pero faltan los que se rebelan a las traiciones y emboscadas de su propio destino. Y porque el futbol mexicano es un camposanto sobrepoblado de cadáveres de tantos que nunca se dieron a sí mismos la segunda oportunidad, antes de reclamarla a otros y de otros.
¡Grítalos Javier, grítalos! Para que tus propios miedos alejen las arpías de los miedos ajenos. Y para los que nunca han titubeado por tu futuro, a pesar de tu titubeante pasado inmediato con la selección mexicana.
¡Grítalos Javier, grítalos! A Moyes, a Ferguson, a Rooney, a Van Persie, porque en ellos has encontrado la solidaridad de soldados de una misma guerra. Y para que quienes viven en la verde trinchera del abandono, comprendan que las crisis son revanchas constantes y no sentencias de muerte eterna.
¡Grítalos Javier, grítalos! Para que alegren tus noches de ermitaño en las que te han enclaustrado tus despatarrados yerros con el Tri, irónicamente en universos de inferioridad futbolística como los páramos conkakafkianos. Y para que el edicto se mantenga intacto: el goleador permanece intacto, en igualdad de condiciones, en la igualdad de las lealtades.
Grítalos Javier, grítalos.
Pero especialmente para que el misterio prevalezca: debajo de un mismo número, ese 14 que canonizó inmortalmente Johan Cruyff, habita una fantasía de gol cuando se viste de rojo histórico, y habita un fantasma, a veces sin gol, cuando se viste de ese verde con tan endeble historia.
