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Jonathan y el títere en turno, figuras de Rayados

ATLANTA -- Monterrey sale derrotado, pero con vida. 1-0 cae en Pachuca. juego de Ida de la Final del Clausura 2016.

Y Rayados sigue amparado por sus mejores hombres. Los mismos que ante Tigres y América: Jonathan Orozco y el emisario de Decio de María, esta vez Luis Enrique Santander. Judas sobran.

Supurante aún la herida del americanismo por el penalti marcado por Roberto García Orozco, por la presunta mano de Samudio, ahora Santander perpetra otro crimen con la impunidad de su silbato a sueldo.

Una clarísima mano de Efraín Juárez que implicaba penalti y expulsión, Santander, en posición inmejorable para observarla, simplemente dijo que había sido hombro y pecho.

Curioso sin duda. Al América lo sentencia García Orozco porque el balón le pega en el hombro y en el pecho a Samudio. A Monterrey lo perdonan porque Santander dice que el balón pegó en pecho y hombro, aunque claramente se ve el balón estrellarse en el antebrazo.

La doble moral de siempre. Y la doble moral es un signo evidente de corrupción. En las mismas aulas de los contubernios, por lo visto, les enseñan diferentes formas de marcar penaltis. O los condicionan, para marcarlos o no, según el color del uniforme.

A favor del Monterrey sí, en contra del Monterrey no, parece ser la consigna en esta Liguilla. El atraco tiene víctimas, pero, seguramente, ningún condenado por el delito.

En el trámite, Pachuca fue superior. Sin duda. Exigió en los estertores del juego a una pirueta de personaje de héroe de artes marciales de Ang Lee. El remate reclamaba red y Orozco se contorsionó exponiendo el espinazo para enviarla por encima de la red.

Y mientras Hirving Lozano sufrió para superar la doble marcación, Franco Jara, una estatua en juegos anteriores, arrebató para un remate letal de cabeza, aprovechando la pésima marcación de Basanta.

Y por Monterrey, Cardona consiguió permiso para quedarse en México, pero su atención está ya en Colombia. El físico rechoncho del colombiano deambuló por la cancha, como en el juego de Ida ante América.

Y sin el desertor Carlos Sánchez, los Rayados ofrecían poco al ataque, a no ser un par de explosiones del egoísmo extremo de Pabón.

Pachuca saca pues la peor parte. Pierde al colombiano Murillo y sólo le queda esperar enterarse, este viernes, quién será el emisario de Decio para el juego de Vuelta.

La ventaja parece escasa. Pachuca deberá mejorar sustancialmente. El peso del estadio visitante, la posibilidad de que los abúlicos adversarios despierten, y la desazón por los antecedentes arbitrales ignominiosamente innegables en torno a Monterrey, devalúan esa ventaja de 1-0 que tienen los Tuzos.

Y Rayados ya lo sabe: ha sido declarado inocente de todos sus pecados. Y su adversario, aparentemente, como con Tigres y América, ha sido declarado culpable de toda su inocencia.