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Luis Suárez, el uruguayo que le da la espalda a los premios de la FIFA: "Nunca voy a ir a una gala"

El delantero no olvida el maltrato sufrido tras el Mundial 2014. Stu Forster/Getty Images

Hay huellas que quedan en el alma. Hay dolores que el cuerpo no olvida. Las lágrimas de un hijo son propias. Luis tiene claras todas aquellas imágenes que vivió en el Mundial de Brasil 2014. Después del error que cometió, al morder al italiano Giorgio Chiellini en pleno partido, recibió la sanción más dura de la historia del fútbol. La FIFA ni siquiera le permitía acercarse a una cancha. Tan insólito como real. Luis Suárez no lo olvida.

En los años 2016 y 2017, el salteño formó parte de la lista de candidatos a recibir el premio The Best, el mayor galardón que otorga la FIFA al mejor jugador del mundo. En 2016 estuvo cerca. Terminó entre los cinco primeros por detrás de Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Antoine Griezmann y Neymar.

Suárez formó parte del once ideal y, como tal, le correspondía viajar para recibir la distinción en la gala de la FIFA realizada en Zúrich. Sin embargo, los jugadores de Barcelona nominados en el once ideal del año, Gerard Piqué, Andrés Iniesta, Luis Suárez y Lionel Messi no viajaron. Esa semana el equipo jugaba contra Athletic de Bilbao por la Copa del Rey y priorizaron el descanso.

Al año siguiente, en 2017, Suárez volvió a estar en la lista de candidatos al premio The Best. Pero en marzo de ese año, en una nota con el programa de radio El Transistor de Onda Cero, dejó en claro su pensamiento y que no había perdonado a la FIFA por la sanción que le aplicó en el Mundial de Brasil.

A uno se le puede sancionar, se le puede suspender, pero prohibirle ir a un centro deportivo a ver por ejemplo un entrenamiento de mi sobrino, a un partido de alguien, tener esa prohibición me parece lo más injusto que me tocó vivir. No lo entendía, para nada. Dame 10, 15, 20 partidos, pero tratarme como me trataron me dolió y cuando tuve los juicios que tuve con los abogados de la FIFA dando sus razones, fue aún peor”.

El salteño fue contundente al afirmar que jamás iría a una gala del máximo organismo del fútbol mundial. “Soy consciente de que me equivoqué, pero también soy consciente de que soy un ser humano. Ellos lo tienen que entender. Tienen que ponerse en la piel de una persona y saber lo que hieren. No tengo ningún problema en decir que nunca voy a ir a una gala de la FIFA”.

Y concluyó diciendo: “Delfi (su hija) y mi señora estaban prontas para tomar el avión para viajar a Rio al partido con Colombia (por los octavos de final del Mundial) y decirles que no suban, imaginen el dolor. Que mi hija me pregunte porqué no juego. Me dolió lo mal que me trataron”.

Luego de aquel incidente, la FIFA hizo gala de su poder y suspendió al salteño por nueve partidos oficiales con Uruguay (empezando a contar desde el duelo ante Colombia por octavos de final); prohibición de ejercer cualquier clase de actividad relacionada con el fútbol (administrativa, deportiva o de otra clase) durante cuatro meses; prohibición de ingresar a los recintos de cualquier estadio mientras durara la sanción, incluyendo en los que jugara Uruguay; más una multa de 100.000 francos suizos.

LA REACCIÓN DE MUJICA Y LA RENUNCIA DEL MAESTRO
Una vez conocida la sanción, el entonces técnico de la Selección de Uruguay, Oscar Tabárez, renunció en su cargo a la FIFA. Lo hizo de forma inesperada y sorprendiendo al representante del organismo que ocupaba la mesa en la conferencia de prensa brindada en Rio.

El maestro habló de la “severidad excesiva” de una sanción “mucho más volcada a las opiniones de la artillería mediática que explotó inmediatamente después del partido”. Y antes de brindar su apoyo al jugador y renunciar a sus posiciones dentro de la FIFA en el Grupo de Estudios Técnicos y en la Comisión de Estrategia, dijo: “No estoy justificando nada y no creo que no se deba sancionar, pero siempre se debe dar una oportunidad al que se equivoca”.

La pena generó bronca en Uruguay al grado de que el presidente de la República de entonces, José Mujica, se expresó cuando fue a recibir a la delegación al aeropuerto: “En la FIFA son una manga de viejos hijos de puta”, dijo al tiempo que se tapó la boca con la mano. Su esposa, la senadora Lucía Topolansky, que estaba a su lado, sonrió y dijo que adhería a las palabras del presidente.