Durante más de dos décadas,Lionel Messi fue una presencia permanente en la Selección Argentina. Llegó como un adolescente que despertaba ilusión, atravesó años de críticas y finales perdidas, estuvo cerca de cerrar su historia en medio del dolor y terminó construyendo una etapa que modificó para siempre la relación del fútbol argentino con su equipo nacional. Ahora, después de anunciar su retiro, comienza otra época.
Su salida deja una pregunta inevitable: ¿qué queda cuando se marcha el jugador que durante tantos años ocupó el centro de la escena? La respuesta aparece en los títulos, en los récords y en una generación de futbolistas que aprendió a competir a su lado. También aparece en la manera en que los hinchas volvieron a relacionarse con la Selección después de años de frustraciones.
Messi se va con 207 partidos y 125 goles, ambos registros que lo ubican como el futbolista con más presencias y el máximo goleador de la historia argentina. Ganó la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial 2022 y la Copa América 2024. También conquistó el Mundial Sub-20 de 2005 y la medalla de oro olímpica de Beijing 2008. Su ciclo abarcó 21 años, seis Mundiales y una cantidad de partidos suficiente para atravesar varias generaciones de jugadores.
Pero los números cuentan apenas una parte de la historia. El verdadero cambio se encuentra en el camino que recorrió la Selección junto a él. Argentina pasó de mirar a Messi como la gran esperanza para terminar con una sequía de títulos a despedirlo como el capitán de una generación campeona del mundo y dueña de una identidad competitiva que tendrá que sobrevivir a su ausencia.
De la esperanza a la exigencia: cuando Messi cambió la vara
El comienzo estuvo marcado por la expectativa. Messi llegó a la Selección Mayor después de haber sido campeón del mundo Sub-20 en 2005 y rápidamente apareció como el futbolista llamado a liderar el futuro argentino. Tenía talento, personalidad futbolística y una capacidad para decidir partidos que ya lo distinguía en Barcelona.
También cargaba con una comparación inevitable. La camiseta número 10 pertenecía a una historia que tenía a Diego Maradona como referencia máxima y cada actuación de Messi era observada bajo esa sombra. Durante años, Argentina esperó que aquel chico rosarino pudiera reproducir con la Selección lo que hacía cada fin de semana en Europa.
Después aparecieron las dos finales consecutivas de Copa América contra Chile. En 2015, Argentina perdió por penales. En 2016, volvió a caer en la tanda decisiva y Messi falló su remate. El golpe fue tan fuerte que anunció su renuncia a la Selección. “La Selección se terminó para mí”, dijo aquella noche.
Tenía 29 años. Ese momento permite entender cuánto cambió después la historia. En aquel entonces, Messi medía su relación con Argentina desde la frustración de las finales perdidas. Diez años más tarde, en la despedida definitiva, escribió una frase completamente diferente: “Amo, amé y amaré siempre estar en la Selección”.
Entre esas dos declaraciones transcurrió una transformación que también alcanzó a la propia Selección.
La generación que aprendió a ganar con Messi
El regreso de Messi coincidió con la construcción de una nueva Argentina. Tras Rusia 2018, Lionel Scaloni encontró un grupo joven que terminó desarrollando una relación diferente con el capitán. Messi dejó de cargar individualmente con las expectativas y empezó a formar parte de un equipo que asumía responsabilidades a su alrededor.
La Copa América 2021 fue el primer gran punto de quiebre. Argentina derrotó a Brasil en el Maracaná y Messi consiguió finalmente su primer título con la Selección Mayor. Después llegó la Finalissima contra Italia y, un año más tarde, el Mundial de Qatar.
El proceso produjo algo todavía más importante que los trofeos: una generación entera de futbolistas creció compartiendo vestuario con Messi y aprendió de su manera de competir.
Lautaro Martínez lo explicó después de su despedida: “Me quedo con todo lo que nos enseñaste afuera: a no rendirnos, a seguir intentando después de cada golpe, a trabajar en silencio y sobre todo, a creer siempre en nosotros”.
Lisandro Martínez también puso el acento en esa influencia: “Nos enseñaste que las acciones valen mucho más que las palabras, a competir, a creer, a no bajar los brazos nunca y a representar a la Selección Argentina como se debe”.
Las palabras de ambos permiten mirar el legado desde un lugar distinto. La influencia de Messi no quedó limitada a sus goles o asistencias. Los jugadores que compartieron sus últimos años hablan de hábitos, mentalidad, liderazgo y perseverancia. Son elementos que pueden permanecer dentro del plantel incluso después de su salida.
Enzo Fernández fue todavía más gráfico al describir el vacío que deja: “Hoy me cuesta imaginar la próxima concentración sin vos. Salir a la cancha y no verte adelante, con la 10”.
Esa frase revela hasta qué punto Messi había pasado a formar parte del paisaje de la Selección. Para futbolistas que llegaron después, él era una presencia que parecía permanente.
Messi y el fin de las comparaciones con Maradona
Durante mucho tiempo, la discusión sobre Messi estuvo condicionada por una pregunta: ¿podría hacer con Argentina lo mismo que Maradona había hecho en 1986?
La Copa del Mundo de Qatar terminó con esa comparación. Messi levantó el trofeo después de marcar dos goles en la final contra Francia y convertir su penal en la definición. A los 35 años, alcanzó el título que había perseguido desde su debut mundialista. La historia podía haber terminado ahí.
Sin embargo, Messi siguió. Ganó otra Copa América en 2024 y volvió a disputar un Mundial en 2026. Llegó a su sexta Copa del Mundo, alcanzó otra final y recién después decidió cerrar su ciclo internacional.
Rodrigo De Paul, uno de los compañeros que mejor representa la generación que creció a su lado, destacó precisamente esa capacidad de resistencia. “Tu amor incondicional por nuestro país, tus batallas internas para nunca abandonar, tu fortaleza para siempre aguantar las injusticias, tu liderazgo y bondad hacia cada jugador que entró a un entrenamiento para hacerlo sentir en casa”, escribió.
Después fue contundente: “Solo puedo decir gracias: sos el más grande de todos los tiempos”.
La frase tiene un peso especial porque proviene de uno de los futbolistas que acompañó a Messi durante el período de mayor éxito de la Selección. De Paul no habla únicamente del jugador que veía dentro de la cancha. Habla del compañero que vio atravesar las derrotas, regresar después de la renuncia y convertirse en capitán campeón del mundo.
Messi terminó construyendo su propio lugar en la historia argentina. La comparación con Maradona dejó de ser una discusión permanente y pasó a formar parte de una historia mucho más amplia: dos futbolistas de épocas diferentes, dos maneras de liderar y dos capítulos irrepetibles.
La camiseta que Messi convirtió en una identidad
Hay otro cambio profundo que puede medirse desde las propias palabras del protagonista. Durante sus primeros años, Messi tuvo que convivir con críticas que cuestionaban incluso su vínculo con Argentina.
La distancia geográfica, su vida en Barcelona y la comparación permanente con Maradona alimentaron una discusión que parecía interminable. Messi era argentino, pero una parte del debate público discutía constantemente cuánto representaba a su país.
Con el tiempo, aquella discusión perdió sentido. La Copa América de 2021 modificó la relación. El Mundial de Qatar la llevó a otro nivel. Las imágenes de Messi levantando la Copa en Lusail, abrazado a sus compañeros, terminaron de convertirlo en uno de los grandes símbolos de la camiseta.
Su despedida lo confirmó. “Gracias Dios por hacerme argentino”, escribió. También dejó una definición que resume su relación con el equipo nacional: “Siempre dejé todo, no solo los últimos años que se ganó todo, antes también y siempre peleé y me dejé todo por esta camiseta”.
La AFA respondió con una frase que sintetiza cómo cambió esa percepción: “La camiseta de la Selección Argentina es tu bandera. Y el amor de nuestro pueblo por vos será para siempre”.
La relación que alguna vez estuvo marcada por preguntas terminó convertida en una identificación absoluta.
Messi ya no necesitaba explicar cuánto quería jugar para Argentina. Su historia hablaba por él.
¿Qué queda ahora que Messi no estará?
El desafío empieza ahora. Argentina tendrá que aprender a vivir sin el futbolista que durante 21 años ocupó un lugar central en cada convocatoria, cada Mundial y cada gran competición.
La próxima generación tendrá una ventaja enorme: muchos de sus referentes actuales fueron formados futbolísticamente dentro de una Selección que aprendió a ganar. Lautaro Martínez, Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Cristian Romero, Lisandro Martínez y otros campeones compartieron vestuario con Messi y participaron de una etapa que cambió las expectativas alrededor del equipo nacional.
Eso también explica por qué el futuro puede ser diferente al escenario que Messi encontró cuando llegó. La Selección ya conoce el camino hacia los títulos. Tiene futbolistas que vivieron finales, que atravesaron derrotas, que ganaron una Copa América y que levantaron una Copa del Mundo.
Messi deja una cultura competitiva que sus compañeros describen con palabras muy concretas. Lautaro habló de “no rendirnos”. Lisandro, de “competir, creer, no bajar los brazos nunca”. Enzo recordó todo lo aprendido. De Paul destacó su capacidad para resistir.
Ahora tendrán que trasladar esas enseñanzas a una Selección que tendrá otro rostro.
Messi cerró su despedida con una frase que también marca el cambio de roles: “Ahora voy a ser uno más de ustedes, alentando y bancando siempre desde afuera”.
Durante más de dos décadas, Argentina miró a Messi buscando una respuesta. Esperó goles, asistencias, gambetas, títulos y noches inolvidables. Lo vio fallar, llorar, regresar, ganar y levantar finalmente la Copa del Mundo.
Ahora será Messi quien mire a Argentina desde afuera.
El próximo 10 tendrá una responsabilidad enorme. El próximo capitán también. Los nuevos jugadores deberán construir su propia historia en una camiseta que Messi ayudó a llenar de nuevos significados.
Los récords pueden caer. Los goles pueden ser superados. Incluso puede aparecer otra generación capaz de ganar títulos.
Lo que resulta imposible de repetir es el recorrido.
Messi llegó cuando Argentina todavía buscaba recuperar la gloria de sus grandes generaciones. Atravesó años de frustraciones, soportó una presión extraordinaria y terminó entregando una etapa de cuatro títulos con la Selección Mayor, incluida la Copa del Mundo que durante tanto tiempo había sido una deuda pendiente.
Di María, otro símbolo de esa generación, encontró una manera precisa de explicar lo que significó compartir ese camino: “Solo sé que nací en el siglo correcto para poder verte jugar, disfrutarte y, además, compartir todos estos años con vos en la Selección”.
La historia de Messi con Argentina terminó.
La historia de Argentina después de Messi acaba de comenzar.
Y ya nada será lo mismo.
