La Selección Argentina abre una página diferente. El Mundial 2026 terminó con la Albiceleste nuevamente entre los dos mejores del planeta y dejó atrás una generación que marcó una época con Lionel Messi como bandera. Ahora comienza un recorrido de cuatro años con un destino particularmente atractivo: el Mundial 2030, que tendrá a Argentina como uno de los países protagonistas de las celebraciones por el centenario.
El punto de partida tiene una exigencia enorme. Durante la era de Lionel Scaloni, Argentina disputó cinco grandes competencias y alcanzó las semifinales en todas: ganó la Copa América 2021, la Finalissima 2022, el Mundial de Qatar, la Copa América 2024 y volvió a llegar a la final del Mundial 2026. La Selección quedó instalada entre los principales equipos del mundo y ese estándar pasa a formar parte del nuevo desafío.
El camino inmediato tendrá otro carácter. Habrá espacio para observar futbolistas, ensayar sociedades, distribuir responsabilidades y encontrar respuestas para posiciones que durante años estuvieron ocupadas por nombres muy consolidados. También habrá una nueva Copa América en 2028 y, después, un Mundial que tendrá una particularidad histórica: Argentina será local de uno de los partidos del centenario y ya tiene garantizada su clasificación.
Lionel Scaloni entiende que el fútbol también cambia y que la Selección tendrá que hacerlo a su manera. “El fútbol va evolucionando constantemente. Más allá de eso, nosotros creemos más en los futbolistas, en las personas, que hacia donde va el fútbol”, explicó recientemente. Esa frase funciona como una declaración de principios para un ciclo que deberá encontrar respuestas nuevas sin perder aquello que convirtió a Argentina en una selección competitiva durante tantos años.
Scaloni y la misión de sostener el estándar que dejó la generación campeona
El primer objetivo tiene una dimensión competitiva. Argentina deberá demostrar que su lugar entre los mejores puede mantenerse mientras cambia buena parte de los protagonistas. El desafío está en conservar hábitos, exigencia y ambición dentro de un grupo que tendrá otra composición.
La estadística reciente establece una vara muy alta. Desde la llegada de Scaloni, Argentina convirtió cada gran torneo en una instancia de protagonismo. La continuidad de ese rendimiento explica por qué el nuevo proceso empieza con expectativas tan grandes. Esa regularidad se destaca al repasar una etapa marcada por títulos y presencias consecutivas en las instancias decisivas.
El entrenador, además, no plantea que la Selección deba perseguir cada tendencia táctica que aparezca en el fútbol internacional. “Nosotros creemos que es mejor una idea de futbolistas que llevamos adentro que hacia donde van los demás. Respetamos nuestra idiosincrasia. Hay épocas más verticales, otras de posiciones”, señaló.
La búsqueda tendrá entonces un componente futbolístico muy concreto: conservar una estructura competitiva mientras se incorporan nuevas herramientas. Argentina deberá saber cuándo presionar, cuándo juntar pases, cuándo acelerar, cómo defender lejos de su arco y cómo atacar cuando los rivales le cedan pocos espacios. El nuevo ciclo tendrá que demostrar esas respuestas en partidos que, progresivamente, tendrán mayor importancia.
La referencia de los últimos años estará presente en cada evaluación. Para los jugadores que continúan, el desafío será sostener su nivel y asumir responsabilidades diferentes. Para los que llegan, la tarea será demostrar que pueden integrarse a un equipo acostumbrado a competir por títulos.
Argentina y el objetivo de ampliar el universo de futbolistas disponibles
La segunda meta aparece en la convocatoria y en las decisiones que tomará Scaloni durante las próximas ventanas internacionales. Argentina necesita aumentar la cantidad de jugadores capaces de competir por un lugar y de responder cuando el equipo los necesite.
El entrenador ya explicó cuál será el criterio. “De cara a lo que viene, seguramente intentaremos meter jóvenes, si realmente lo merecen. Esa es nuestra intención en los partidos que vienen. Que puedan sumarse a nuestra idea de juego”, afirmó el 19 de septiembre en la entrevista que el concedió al canal chino Migu.
La convocatoria ampliada para los amistosos de septiembre y octubre refleja esa intención. A los futbolistas jóvenes que ya tuvieron protagonismo en Europa se sumaron nombres del fútbol argentino y jugadores que buscan consolidarse en el exterior. Entre ellos aparecen Agustín Giay, Santiago Castro, Román Vega, Leonel Flores, Tobías Andrada, Ezequiel Fernández, Santiago Simón y Valentín Gómez. La nómina llegó a 37 futbolistas.
Cada convocatoria puede funcionar como una evaluación diferente. Hay jugadores que necesitan sumar experiencia internacional, otros que deberán demostrar que pueden sostener el ritmo de la Selección y algunos que competirán directamente por lugares donde todavía existe una sucesión abierta.
Scaloni también dejó claro que la edad por sí misma no será un argumento para quedarse o entrar. “La edad no es sinónimo de nada. Se quedarán o vendrán nuevos si rinden bien en sus equipos”, explicó.
Eso transforma el nuevo ciclo en una competencia permanente. Los jóvenes tendrán oportunidades, pero también deberán aprovecharlas. Los futbolistas experimentados conservarán su lugar mientras mantengan el rendimiento necesario. El plantel que llegue a 2028 debería ser, en consecuencia, más amplio y con mayor cantidad de alternativas probadas.
Encontrar nuevos referentes dentro del grupo de la Selección Argentina
Hay otro objetivo que excede las posiciones y los sistemas tácticos: Argentina tendrá que repartir responsabilidades. Durante mucho tiempo, una parte importante de la conducción futbolística y emocional estuvo concentrada en figuras que ya no estarán.
La transición empezó a verse en los propios protagonistas. Lautaro Martínez habló recientemente sobre la salida de Messi y reconoció el impacto que tuvo la noticia: “Sabíamos que en algún momento iba a llegar, pero cuando llega es fuerte por todo lo que significa Leo para la selección y para nuestro país”.
El delantero del Inter también mostró cuál puede ser su nuevo papel dentro del grupo cuando se refirió a Julián Álvarez y al momento que atravesaba el atacante: “Más allá de compartir plantel y posición, es un amigo y el momento que está atravesando no es fácil”. Luego definió a su compañero como “uno de los mejores del mundo”.
Son señales de una Selección que deberá construir referentes en diferentes sectores del campo. Emiliano Martínez tiene experiencia internacional y títulos; Cristian Romero se convirtió en una pieza central de la defensa; Rodrigo De Paul conoce como pocos la dinámica del grupo; Lautaro y Julián representan dos alternativas ofensivas de elite; Enzo Fernández y Alexis Mac Allister tienen cada vez mayor peso en el mediocampo.
También aparecerá una tarea menos visible: transmitir los códigos internos a los recién llegados. Scaloni lo resumió desde una perspectiva que atraviesa todo el proyecto: “La persona va por delante del futbolista”. Y explicó por qué esa mirada fue importante en el último Mundial: “Tuvimos que tomar decisiones y tener confianza en ellos”.
El nuevo ciclo necesitará que esa cultura continúe circulando. Los referentes tendrán que sostenerla y los jóvenes tendrán que incorporarla. La Selección puede cambiar de nombres sin perder los comportamientos que la hicieron competitiva.
El 2028 será el primer examen del nuevo proyecto de la Selección Argentina
Si bien se vienen tres amistosos ante Bolivia, Burkina Faso y Benín, donde se despide Messi, la Copa América de 2028 aparece como una fecha clave dentro del camino, más allá de los duelos de Eliminatorias CONMEBOL. Para entonces habrá pasado suficiente tiempo como para que las primeras pruebas de este ciclo hayan dejado conclusiones y para que varios de los futbolistas jóvenes que hoy aparecen como proyectos tengan un recorrido internacional considerablemente mayor.
El torneo tendrá una importancia especial porque será la primera gran competencia continental posterior al Mundial 2026. Argentina llegará como bicampeona vigente de América, después de los títulos obtenidos en 2021 y 2024. La sede todavía no está definida, pero el torneo está previsto para 2028.
Ese campeonato permitirá medir cuánto avanzó el proceso. Para ese momento deberían estar más claras las respuestas en diferentes puestos, las sociedades del mediocampo, las variantes ofensivas y la jerarquía disponible para afrontar partidos eliminatorios.
También será una instancia para comprobar qué futbolistas de la generación que hoy aparece detrás de los referentes logró convertirse en una presencia habitual. Nico Paz, Franco Mastantuono, Matías Soulé, Gianluca Prestianni y otros jóvenes tendrán tiempo para evolucionar en sus clubes y competir por un lugar en la Selección.
La Copa América puede funcionar así como un punto de control. El objetivo será llegar con un equipo reconocible, alternativas confiables y una estructura suficientemente madura para afrontar otra competencia de máxima exigencia.
Construir desde ahora la Selección Argentina para el Mundial 2030
El horizonte final del proceso está marcado. Argentina ya tiene asegurada su presencia en el Mundial 2030 junto con Uruguay y Paraguay, debido a que los tres países albergarán los partidos especiales del centenario.
El escenario tendrá además un componente simbólico enorme. FIFA estableció que Argentina disputará uno de los encuentros del centenario como local antes de que el torneo continúe formalmente en España, Portugal y Marruecos. La Selección tendrá así una cita mundialista en casa dentro de un campeonato que celebrará los cien años de la Copa del Mundo.
La clasificación asegurada modifica una parte importante del calendario. Argentina no tendrá que atravesar las Eliminatorias para conseguir su boleto y podrá utilizar esos años para concentrarse en la evolución del equipo. Las ventanas internacionales, los amistosos y la Copa América adquirirán todavía más valor como espacios de preparación competitiva.
Por eso, 2030 empieza mucho antes de 2030. El equipo que juegue ese Mundial deberá construirse durante este período, con una mezcla entre los futbolistas que todavía tienen recorrido por delante y los jóvenes que hoy comienzan a pedir espacio.
Para llegar allí habrá que resolver primero una cuestión institucional. El contrato de Scaloni termina en diciembre de 2026 y el entrenador todavía no confirmó su continuidad. En su última entrevista, sin embargo, dejó abierta la puerta: “Nosotros intentaremos hacerlo si es que se puede”.
También explicó parte de sus dudas después de un ciclo tan intenso: “La sensación es que estos chicos nos han dado mucho a nivel de contagio por la gente, y eso va a ser muy difícil de repetirlo”.
La continuidad del entrenador será una de las primeras decisiones importantes, aunque el desafío excede cualquier nombre. Argentina necesita que el proyecto pueda sostenerse, desarrollar futbolistas, renovar liderazgos y mantener una metodología que permita competir en los grandes escenarios.
El nuevo ciclo mundialista tendrá entonces varias estaciones. Los próximos amistosos servirán para ampliar el mapa; 2028 permitirá medir la primera etapa competitiva; y el próximo Mundial marcará el resultado de todo ese trabajo. Entre una fecha y otra habrá una tarea mucho más cotidiana: encontrar futbolistas, formar un equipo, repartir responsabilidades y sostener la exigencia.
Argentina ya sabe qué significa llegar hasta el último partido de un Mundial. Ahora comienza otro desafío: construir durante cuatro años una Selección capaz de volver a estar allí cuando llegue el momento.
