Newman: El arte de resolver en la incomodidad y el corazón de una tercera línea imparable

Hablar del presente de Newman, el actual monarca del rugby de Buenos Aires, es menciona que ostenta una racha de 16 triunfos en fila, mira a todos desde la cima de la tabla de posiciones y goza de una ventaja de 24 puntos sobre el quinto, que pelea desesperadamente por ingresar a las semifinales. Ese aspirante a colarse en la mesa del título es Hindú, el histórico rival al que el Bordó despachó con un contundente 40-20 por la 20° fecha del URBA Top 14 Copa Macro, un resultado que no dejó lugar a dudas.

La brecha numérica entre los de Benavídez (85) y los de Don Torcuato (61), el primero y el quinto, es elocuente. Solo una catástrofe deportiva los dejaría afuera de las semifinales: tendrían que perder los seis encuentros restantes y esperar que sus perseguidores sumen una buena cantidad de puntos en al tabla de posiciones. Pero, a la luz del juego que despliegan cada sábado, ese escenario se tiñe de utópico.

Si bien el Bordó no es un equipo exento de fisuras, goza de un carácter de acero, una mentalidad inquebrantable y, sobre todas las cosas, una admirable predisposición para revertir la adversidad. Ya le había ocurrido frente a Alumni en el scrum durante la primera etapa de la fecha anterior y volvió a sufrir ante Hindú, por momentos, en esa misma faceta del juego.

Al diseccionar uno de los muchos puntos altos del Cardenal, emerge como un faro una tercera línea de una fiereza conmovedora, tanto en ataque como en defensa. Sus integrantes se multiplican en el campo de juego como si estuvieran clonados, aportando cada uno virtudes específicas que elevan a Newman. Allí asoman tres guerreros curtidos en mil batallas, dueños de una perseverancia encomiable. Joaquín de la Vega y Faustino Santarelli ofician de alas, mientras que Rodrigo Díaz de Vivar se calza la 8, cediéndole la cola del scrum a Santarelli únicamente cuando abandona la cancha para el ingreso de Jerónimo Ureta. Son, literalmente, un tren de carga en movimiento capaz de demoler cualquier muro de ladrillos que se les ponga enfrente.

Para Joaquín de la Vega, la victoria ante el Elefante tuvo sus matices: “en lo que fue el palo por palo el trámite fue mucho más parejo que el resultado, sabíamos que Hindú era un equipo que con pelota era muy peligroso. Me parece que lo pudimos aguantar cuando olieron sangre, pudimos sostenerlo y las que tuvimos las capitalizamos”. En su propio análisis el Cid Bordó, Rodrigo Díaz de Vivar, fue autocrítico: “tuvimos momentos en el partido en donde por ahí no fuimos lo suficientemente sólidos en defensa como para recuperar la pelota como a nosotros nos gusta, pero creo que el equipo estuvo y cuando hubo que apretar, apretamos”.

El octavo tocó un tema que no pasa por alto, esa inestabilidad que los rodea por momentos en el partido y allí el forward agrega que es inevitable: “va a suceder, es imposible que no suceda. Creo que el laburo que hacemos es cómo salir de esa incomodidad”. Justamente una de las grandes virtudes de este conjunto en 2026 es, precisamente, su capacidad para reinventarse cuando no tiene la sartén por el mango. Es en esos instantes de zozobra donde estos tres mosqueteros entran en escena para torcer el rumbo, funcionando como el latido vital de un corazón que se niega a claudicar.

Sabemos que vamos a transitar incomodidad, nos pasa en todos los partidos y es volver a conectar, es no frustrarse, me parece que el gran aprendizaje está ahí”, dice de la Vega, y aporta un concepto que pinta de cuerpo entero al Cardenal: “Newman tiene una caja de herramientas o muchos lugares en los cuales hacer pie. No viene el scrum, vamos a la defensa de line, no viene la defensa de line, vamos al maul, no viene ninguna de esas dos, vamos a esa primera defensa. Tenemos muchos mecanismos en base a la intensidad que los tenemos que sostener”.

La visión de Díaz de Vivar trasciende los ochenta minutos y se enfoca en las entrañas de un club que alista a 11 equipos en su Plantel Superior: “todos sabemos que tenemos todavía un montón de cosas para mejorar, para seguir trabajando y creo que para eso estamos. Donde más disfrutamos nosotros es en el laburo, en el día a día. Cualquiera que venga a ver un entrenamiento de martes, un entrenamiento de jueves, es el reflejo de para qué está el club. Y es para seguir laburando, seguir mejorando, no saciarnos con nada. Hoy la acumulación de partidos ganados es un poco el fruto de eso” y se encarga de aclarar: “no nos quedamos con esto, vamos a seguir redoblando”.

“Me parece que la tercera línea de Newman -dice Santarelli- se caracteriza por ser muy combativa. A quien le toque jugar, sabemos lo que cuesta estar acá y lo que hay que pelear, para poder sacar los partidos adelante. Me parece que la clave está ahí, en el combate”. En sintonía, Díaz de Vivar afirma que “es una tercera línea sólida, que le gusta correr, que le gustan las patas, le gusta el contacto, le gusta poner la pelota adelante y sobre todo le gusta laburar. A su turno, de la Vega destaca la sinergia del tridente: nos complementamos, tenés a Faustino que revienta a tackles, mete 50 por partido, después Rodrigo que te pone adelante, cada uno con lo suyo en el line pudiendo abrir la cancha también, me parece que tenemos mucha intensidad, cada uno ocupando su rol, qué tenemos que hacer y buscando lo mejor para el equipo.

Los tres coinciden en que la exigencia interna los robustece. De la Vega se explaya sobre este concepto al afirmar que “las cinco, seis, siete personas que pueden jugar en esos tres lugares, cada vez que le toca tenemos que dejar lo máximo posible y si tenés que descansar sabés que te entra Mateo Montoya que es un oso, entonces me parece que es una competencia muy sana que eleva mucho la vara porque esto es la punta y la competencia viene de abajo empujando”. Desde su perspectiva, Díaz de Vivar remata: “La competencia interna nos alimenta, nos da esa fuerza y esa energía para salir a buscar todos los partidos”.

Con los pies firmemente anclados sobre la tierra, el triunvirato coincide en la fórmula del éxito: “mejorar”, “trabajar” y corregir detalles. Tienen muy en claro que esta impresionante racha todavía no entregó su fruto final. De la Vega, asumiendo la voz de mando, subraya una verdad ineludible: “en el momento que descansás en el resultado estás al horno. Y más cuando tenés cosas en las que debés seguir trabajando y somos conscientes de eso y laburamos en eso”. Newman no es el equipo perfecto, pero esa prodigiosa “caja de herramientas” cuenta cada día con más recursos para sortear escollos, mantener la firmeza de sus convicciones y, por sobre todas las cosas, continuar alimentando el gran sueño del bicampeonato.