América 3-3 Cruz Azul, la gracia de morir matando

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LOS ÁNGELES -- Sin la estirpe de Clásico, tiene todas las cicatrices abiertas y fascinantes de una rivalidad extrema. Un antagonismo casi genético. América 3-3 Cruz Azul.

Porque Águilas y Cementeros no juegan a matar o morir. Juegan a matar y morir. En lenguaje taurino, a morir matando y a matar muriendo.

Y eso se agradece, ya sea desde el manicomio del linaje del fanatismo o desde la comodidad veleidosa del ateísmo hacia ambos clubes. Cuando la fe y la esperanza vivifican el deporte, vivificando los atuendos.

3-3, de todo, con todo, por todo, para todos. Como debe ser la exhumación final de las inquinas y envenenadas rivalidades. En casos así, hasta la paupérrima tibieza que suele representar un empate, se gana el respeto. La igualdad en el marcador hace desiguales las sensaciones.

Porque los personaje accidentales que irrumpen e interrumpen en un partido de futbol donde el odio competitivo cotiza personalidades, estuvieron presentes. Para mal de intereses particulares. Y para bien de los que anhelan 90 minutos de pasión. Que gocen los generosos y ruñan los cicateros.

Recordemos que en el arrebato pasional, el futbol es un teatro donde hasta los más imperfectos subliman perfecciones. Y hasta los perfectos sucumben de manera imperfecta. Los ídolos desfallecen y resucitan en 90 minutos. Y los parias también.

1. Con la solidaridad del Papa Francisco al apapachar la camiseta azul de los indigentes de títulos por 18 años, el Cruz Azul se endereza de dos infiernos: el del 3-1 adverso y el de su propia abulia, conformismo o el tan cacareado #SíndromeCruzAzulino.

2. En ese proceso cuesta arriba, contracorriente ajena y propia, yendo del sepulcro del 3-1 a la exaltación del 3-3, Cruz Azul encuentra un revulsivo con un guerrero de piernas fatigadas, como Chaco Giménez, pero también gracias a dos expulsiones, perpetradas por el silbante Alfredo Peñaloza, y quién sabe si tramitadas divinamente en el Vaticano. Con nueve amarillos, al irse Oribe y Darwin, los celestes conmemoran a Judas.

3. Pero reclutemos en el recuento los momentos magníficos. El prodigio de gol tejido con seda por Darwin, Oswaldito y Oribe en el 3-1. O el gol emancipador de Rojas para el 3-3. O la definición del Chaco a 15 segundos de agradecer al cielo por entrar de relevo, en lugar del apático Vázquez, una deshonra para La Masía.

4. Y en las épicas de todos los espectáculos hay de villanos a villanos. Canallas magníficos como Hannibal, gourmet de las entrañas, hasta mequetrefes del mal como Alfredo Peñaloza, quien irónicamente, a base de torpezas, enriqueció el drama inventando un penalti, una roja, y perdonando el destierro a Sambueza.

5. Y si el marcador sangra para éxtasis de todos, mientras más se le inflige castigo, la sangre aparece en los ojos de los bravucones. Tomás Boy no se redime, pero es redimido por el vértigo del 3-3, y se olvida que tras el 1-0, plegó banderas y tocó a carga al rival americanista. Quería tragarse vivos a todos, después de que se lo había tragado su mezquindad.

6. El saldo, una espectáculo que convierte las uñas en ambigús botaneros de la desesperación. Desde el minuto dos con el gol del 'Conejo' hasta el minuto 90 con el tanto del 'Chino'. Irónico: Cruz Azul abrió con el protagonismo y cerró con el protagonismo. El alfa y el omega del azoro, le pertenecen.

Al final, América sale dañado. Visita a Tigres. Oribe y Darwin se pierden la cita. Moisés Muñoz sigue con un pedazo de falange de Guerrón hostigando a la niña del ojo izquierdo, y el oftalmólogo y Nacho Ambriz se preguntan si es mejor tuerto que el rey de los ciegos, Hugo González.

Grave que El Nido pierda puntos y juegos importantes por expulsiones de pelmazos como ha ocurrido en sólo dos meses en juegos ante Pumas en Semifinales, este sábado contra Cruz Azul y en el Mundial de Clubes.

Hasta cuándo en El Nido, además de bobos y mentecatos, los que se ganan esas tarjetas rojas, seguirán además inmunes e impunes. Si son culpables de arruinar una semana de trabajo, deberían descontarles una semana de sueldo... o más.

¿Cruz Azul? Que se cuelgue la medalla al pecho. Decolorada, cierto, por las dos expulsiones, y por ese marasmo sin testosterona ni dignidad del minuto dos hasta el 65, cuando 'Chaco' le echó su corazón encendido y resucitador al fogón desfalleciente de La Máquina.

¿Cómo un equipo abstemio de copas de Liga 18 años puede darse el lujo de la abulia y la apatía en una partida de rivalidad?

Sin embargo, la recapitulación es con ese alborozo por dos equipos que en momentos distintos, se atrevieron a la inmolación sadomasoquista de morir matando y de matar muriendo.