Todas las miradas iban hacia él. El seleccionado de Bosnia acababa de eliminar a Italia para consumar una de las grandes hazañas futbolísticas de su historia. Y ahí estaba Edin Dzeko, héroe nacional otra vez. Visiblemente lesionado en el hombro derecho de su cuerpo inmenso, que ya va por las cuatro décadas de soportar golpes. Doce años después de la presentación en Brasil 2014, llevaba otra vez a los balcánicos al Mundial 2026.
El festejo se extendió durante días por las mismas calles de Sarajevo en las que Dzeko atravesó una infancia a la que la palabra “difícil” le queda corta. Una historia conocida hace años sobre el delantero tiene que ver justamente con esos días atravesados por la guerra. Cuando tenía seis años, su madre no lo dejó salir de su casa a pasar un rato con sus amigos. Poco después, la tragedia: una bomba cayó en el lugar y todos los chicos que estaban allí murieron. “No pude aprender a jugar en la calle, pero todo aquello me hizo más fuerte”, aseguró Edin años después.
Por eso, y también porque la independencia de Bosnia se concretó en 1992, cuando Dzeko estaba a punto de cumplir seis años, no es exagerado pensarlo como uno de los símbolos de una patria que sigue en construcción. Y que crece de la mano, entre otras cosas, de su seleccionado de fútbol.
Con un perfil más bajo que otros sitios del planeta como Brasil, Francia, España o Argentina, los Balcanes se han convertido con el paso de los años en uno de los semilleros más constantes de talento futbolero. Lo ha evidenciado hasta los 90 una Yugoslavia que se metió dos veces entre los cuatro mejores de la Copa del Mundo. Encontró una continuidad en Croacia, que con algo menos de cuatro millones de habitantes se subió al podio en los últimos dos Mundiales. Bosnia también es parte de ese legado, con Dzeko como mejor exponente.
El apodo más hiriente para Dzeko
Los primeros pasos de Dzeko en el fútbol fueron en Zeljeznicar, equipo de la capital bosnia que se caracteriza por trabajar muy bien sus divisiones juveniles. Jugaba como centrocampista y no era justamente el proyecto al que le tuvieran más confianza en el club. Lo veían alto y con poco manejo, algo reiterado en la carrera de muchos delanteros de área, aunque nadie se había dado cuenta todavía de todo lo que podía dar en esa posición.
El primer sobrenombre que recibió era elocuente: “Kloc”. Las posibles traducciones: “poste de luz” o, simplemente, “tronco”. Así pasaba sus días hasta que poco después de cumplir 19 años algo cambió: el entrenador checo Jiri Plisek, que había llegado a Zeljeznicar luego de haber entrenado a los seleccionados juveniles de su país y tenía el ojo acostumbrado a detectar el talento allí donde otros no lo veían, recomendó a los dirigentes de Teplice, en su país natal, que apostaran por él.
Dos años más tarde, ya como delantero y después de haber roto redes por toda República Checa, Dzeko se fue a jugar para Wolfsburgo en la Bundesliga. Aquel “poste de luz” estaba por ser uno de los mejores delanteros del mundo.
El debut soñado y la construcción del héroe de Bosnia
Al mismo tiempo que se ganaba un nombre en el fútbol de clubes, empezó a hacerse más conocido para los hinchas de su país gracias a sus buenas actuaciones en los seleccionados juveniles. Así fue como llegó, con apenas 21 años, una chance en el equipo de mayores en la que demostró que estaba hecho para grandes cosas. Fue por las Eliminatorias para la Eurocopa, cuando Bosnia recibió el 2 de junio de 2007 a una Turquía que todavía contaba con algunas de las glorias que habían logrado el tercer puesto en el Mundial 2002, como el arquero Rustu Recber y el goleador Hakan Sukur.
Aunque el prestigioso rival estuvo dos veces arriba en el marcador, los bosnios consiguieron salir adelante. Cerca del final del primer tiempo, cuando el visitante se imponía 2-1, Dzeko se olvidó de los nervios del momento y clavó en el ángulo un remate espectacular desde el borde del área para el empate parcial. En la segunda etapa, la hazaña se completó con un gol de cabeza de Adnan Custovic para el 3-2 sobre la hora.
Aquel golazo del debut fue apenas el comienzo de una historia de amor que está por cumplir 19 años y que en 2013 tuvo uno de sus capítulos más vibrantes, cuando con Dzeko como gran figura Bosnia consiguió llegar nada menos que a un Mundial. Quedó para siempre el recuerdo del debut en Brasil 2014 contra un gigante como Argentina, con el que se dio pelea hasta el final antes de perder 2-1. Y aunque la caída 1-0 ante Nigeria eliminó toda chance de clasificación, hubo tiempo para ganarle 3-1 a Irán. Como para llevarse en el bolso la que hasta hoy es la única victoria de Bosnia en la competición y que Edin, dueño de uno de los gritos, mostrara que también hacía goles en las Copas del Mundo.
Una carrera soñada sin final a la vista
Con un rol clave en la conquista de la Bundesliga en 2009, en la que anotó nada menos que 26 goles, Wolfsburgo fue el punto de partida a la cima del fútbol para Dzeko. Manchester City, Roma, Inter, Fenerbahce y Fiorentina disfrutaron de su talento y de su olfato anotador a lo largo de una carrera profesional exitosa que lleva más de dos décadas, y contando. Este año volvió a Alemania para aportar a la causa de Schalke 04, que busca regresar a la Primera División. La apuesta salió más que bien tanto para el club como para el delantero, que sumó nada menos que seis goles en ocho partidos jugados hasta que la lesión en el hombro ante Italia le puso un freno.
La vigencia de Dzeko, que ya estaba clara con sus rendimientos en Schalke, se hizo todavía más patente con la camiseta de su país. Bosnia se había quedado muy cerca el año pasado de conseguir la clasificación directa al Mundial, en un partido en el que necesitaba vencer a Austria como visitante y llegó a estar en ventaja pero finalmente igualó 1-1. Tuvo entonces que encarar en marzo de 2026 el repechaje y necesitaba de su goleador en plena forma. Así lo tuvo.
En la semifinal con Gales en Cardiff, el local se imponía y Bosnia estaba a un paso del adiós. Pero a los 41 minutos del segundo tiempo apareció Dzeko para cabecear una pelota parada en el primer palo, como en sus mejores épocas, y poner el 1-1 que no se movió hasta la definición por penales, donde Bosnia consiguió hacer la diferencia para acceder al encuentro decisivo.
Un gigante para derribar a otro
La final por la clasificación es una de esas historias que quedarán en el recuerdo no solamente de los bosnios sino de todo el mundo del fútbol. Fue contra una potencia histórica. Una Italia necesitada, que buscaba volver a los Mundiales después de 12 años y temprano en el partido se puso en ventaja. Bosnia se fue arriba a puro centro: con Dzeko como referente, llegó otra vez a un empate agónico, en este caso a través de Tabakovic, y volvió a forzar la definición desde los doce pasos.
Antes de los penales en los que se terminó de concretar la hazaña, Dzeko tuvo que hacer algo que no suele estar en su lista de opciones: dar un paso al costado. Un choque con Davide Frattesi, al filo de que se cumplieran los 120 minutos, le generó la mencionada lesión en el hombro que le imposibilitó incluso participar del sorteo para definir el arco.
Consumada ya la clasificación, Dzeko les dedicó el logro a aquellos amigos que murieron el día en que lo salvó una decisión de su madre. Ante la prensa, dejó entrever que su salida anticipada del partido pudo haber sido una señal divina. “Creo que fue algo del destino que eso me pasara en el último segundo del partido y que entonces no pudiera patear un penal. Un compañero lo hizo en mi lugar, convirtió y al final ganamos. Quién sabe: tal vez si pateaba yo lo erraba. Todo se siente como si hubiera venido desde arriba”, afirmó a los periodistas en medio del clima de euforia.
Se puede creer o no en el destino, pero no sería raro que esa imagen de él mirando a sus compañeros mientras se definía la historia sea un anticipo de lo que está por venir: el traspaso de mando a una nueva generación de futbolistas. Esos que, por ahora con él como referente, buscarán ante Canadá, Suiza y Qatar superar la fase de grupos, lo que no se pudo lograr en el Mundial pasado.
Dzeko, de todos modos, no se apura. Poco antes de que comenzara el repechaje, hizo una advertencia a la prensa cuando le consultaron si ya tenía fecha para su retiro. “Perdón, pero no puedo responder eso todavía. Yo no planifico tanto. Me siento bien y en todo caso tendré que escuchar lo que dice mi cuerpo en estos meses. Pero todavía tengo goles para hacer. Incluso en el seleccionado”.
Es palabra de goleador. Y en Bosnia se ilusionan con que siga mucho tiempo más.
