¿Podría Infantino perder presidencia tras rechazo de sus planes?

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¿La FMF está a favor de la FIFA? (4:31)

Infantino ya creía contar con los números necesarios para convertir su reelección en un mero trámite, pero todo cambió esta semana.


Gianni Infantino lucha por mantenerse en el cargo de presidente de la FIFA, y es posible que ya haya perdido una batalla que ni siquiera esperaba tener que librar.

Tras una semana de errores de cálculo desastrosos respecto a su control e influencia como la figura más poderosa del fútbol mundial, el intento de Infantino de vender una participación en futuras Copas del Mundo —proyecto descartado el viernes por la noche— amenaza ahora con arruinar sus planes de lograr la reelección en 2027. En términos futbolísticos, Infantino ha entrado en el tiempo de descuento tras los 90 minutos reglamentarios con una ventaja de 3-0, pero una serie de decisiones imprudentes y errores ha dilapidado esa renta, dejándolo a un solo traspié de una derrota decisiva.

Pero, ¿qué probabilidades hay de que Infantino, de 56 años, sea destituido o se vea obligado a dimitir? ¿Se considerará su decisión de cancelar estos polémicos planes como un movimiento que salva su puesto o como una muestra de debilidad que finalmente precipita su salida?

Existe un procedimiento que podría llevar a su destitución, diez años después de su elección como sucesor del desacreditado Sepp Blatter, pero no es un camino fácil para sus opositores. Se requiere que 43 federaciones miembro soliciten una moción de censura contra Infantino; sin embargo, sus detractores necesitarían un candidato alternativo creíble, y hasta ahora nadie ha dado el paso para desafiarlo. Además, existe un plazo límite —el 18 de noviembre— para que un rival anuncie su candidatura antes de la votación prevista en el Congreso de la FIFA, que se celebrará en Rabat (Marruecos) el 18 de marzo del próximo año.

Infantino ya creía contar con los números necesarios para convertir su reelección en un mero trámite, pero todo cambió esta semana. El ego, la vanidad y la soberbia han conspirado para dejar a Infantino en una posición tan vulnerable al frente de la FIFA que el escenario impensable de su caída se ha convertido ahora en una posibilidad real.

Sus intentos de acelerar la venta de una participación accionaria valorada en 20.000 millones de dólares en una nueva empresa de la FIFA FIFA Forward Enterprise (FFE)— a una firma de inversión encabezada por Joshua Kushner (hermano de Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump) han suscitado condena y hostilidad a nivel mundial. Y ello a pesar de que la propuesta de Infantino incluía un pago inmediato de 20 millones de dólares a cada una de las 211 asociaciones miembro de la FIFA, seguido de otros 66 millones antes de 2037, siempre que el plan fuera aprobado por la mayoría de las naciones.

Las confederaciones de la UEFA (Europa), la Concacaf (Norte y Centroamérica) y la AFC (Asia) han rechazado el plan, lo que implica la oposición de un total combinado de 143 asociaciones miembro. Infantino necesitaba 106 votos para sacar adelante su propuesta; por tanto, con solo 68 votos aún en juego entre África, Sudamérica y Oceanía, el proyecto ha quedado totalmente descartado.

Pero la situación ha trascendido la mera cuestión numérica.

La confirmación por parte de la UEFA de que las 55 naciones europeas —incluida la campeona del mundo, España— boicotearán todos los torneos de la FIFA si no se abandona el plan ha acabado con cualquier posibilidad de que la propuesta prospere; al fin y al cabo, es poco probable que una Copa del Mundo sin España, Alemania, Inglaterra y Francia resulte atractiva para los multimillonarios que pretenden hacerse con una porción del lucrativo negocio mundialista.

Además, el hecho de que dos altos ejecutivos de la FIFA se pronunciaran el viernes en contra del intento unilateral de Infantino de imponer su plan —Carlos Cordeiro, expresidente de la Federación de Fútbol de EE. UU. y asesor de la FIFA para el grupo de trabajo de la Casa Blanca sobre el Mundial, dimitió en señal de protesta, mientras que el director de operaciones Kevin Lamour afirmó que el personal se sintió "engañado" por la falta de transparencia en la planificación del esquema con inversores privados— deja claro que el control de Infantino sobre el poder se debilita casi a cada hora.

Dicho esto, Infantino es un hombre con amigos y socios poderosos. Ha forjado una estrecha alianza con Trump, la familia real de Catar y el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman; mientras conserve su respaldo, sería insensato e ingenuo darlo por acabado. Sin embargo, los líderes poderosos suelen prescindir de quienes ya no les son útiles; si el plan de Infantino realmente se ha esfumado, podría descubrir que sus influyentes amigos dejan de atender sus llamadas rápidamente, y esa realidad dará alas a sus detractores en el mundo del fútbol.

Los críticos de Infantino ven a un hombre desesperado por aferrarse al poder, un poder que, no obstante, se debilita debido a sus numerosos errores. A pesar de haber logrado un enorme incremento en los ingresos de la FIFA desde 2016, ha llevado la vergüenza, la humillación y el escarnio a la organización.

Infantino fue criticado por otorgar a Arabia Saudita la sede de la Copa Mundial masculina de 2034 sin un proceso de licitación completo y adecuado. Se ganó las burlas al idear la forma de incluir al Inter Miami en la edición inaugural del Mundial de Clubes de la FIFA el verano pasado, simplemente para garantizar la participación de Lionel Messi en el torneo. Sin embargo, su estilo autocrático y dictatorial alcanzó nuevos niveles antes y durante la Copa Mundial de 2026.

Todo comenzó con su decisión de crear el Premio de la Paz de la FIFA, que se otorgó unilateralmente a Trump en diciembre. En julio, Trump reconoció haber llamado a Infantino para que ayudara a conseguir que se anulara la tarjeta roja mostrada al delantero estadounidense Folarin Balogun, permitiéndole así jugar el partido de octavos de final contra Bélgica.

La actitud servil de Infantino al rodearse de políticos y celebridades durante la Copa del Mundo avivó aún más la animadversión que tanto los aficionados como otros dirigentes futbolísticos sentían hacia él.

Ahora libra batallas en varios frentes: por su audaz plan de venta de activos —que se vio obligado a descartar—, por su intento de ampliar la Copa del Mundo de 48 a 64 equipos, por su pugna con la UEFA y, en última instancia, por mantenerse en la presidencia de la FIFA.

Infantino está perdiendo aliados y envalentonando a sus enemigos a un ritmo alarmante; su intento de sacar rédito del éxito de la Copa del Mundo podría resultar ser el error que lo aparte del poder y del mundo del fútbol.