El pulso del puntero: Lucas Marguery, el medio scrum que hace cantar al Cardenal

Que Newman es un torbellino no es una apreciación subjetiva, lo dictan los números. Arrasa en cada presentación y el sábado, tras vencer a Alumni por 29-19, sumó la friolera de 15 triunfos en fila que lo ubican como líder absoluto en el URBA Top 14 Copa Macro. En el corazón de esa columna vertebral cuenta con una de las cartas más codiciadas del rugby local: Lucas Marguery, el medio scrum que viene de consagrarse en el Súper Rugby Américas con la camiseta de Pampas.

Como un director de orquesta que jamás desafina, Marguery, con sus 28 años que estrenó la última semana, mueve los hilos del Cardenal con la precisión de un relojero: encuentra siempre la partitura exacta que exige cada pasaje del partido. Junto a Gonzalo Gutiérrez Taboada conforman la pareja de medios del momento; una bisagra táctica que se convirtió en una auténtica pesadilla para los rivales de turno cada fin de semana.

Hace tres fechas que se volvió a calzar la camiseta titular número 9 del conjunto bordó y el conductor no tardó en desplegar su repertorio. Conducción, visión periférica, lectura rápida del juego y la convicción exacta para empujar hacia adelante a un pack de forwards que debe batallar contra las inclemencias del clima y del trámite, como ocurrió ante los de Tortuguitas, donde el scrum bordó perdió pie y el line, por momentos, amenazó con perder el equilibrio.

“El mérito estuvo en ese primer tiempo en quedarnos en partido, analiza Marguery al recordar el 19-19 parcial, en el que su equipo debió sobreponerse a dos tries penal de scrum y a otro try de maul. Para colmo de males, el propio medio scrum vio la tarjeta amarilla y poco después lo siguió el pilar Miguel Prince en una tarde que en Benavides pintaba como el clima: cielo gris y con una llovizna constante.

Pero la adversidad es un concepto que en Benavídez suele encontrar respuesta rápida: en el complemento, la narrativa cambió. Aunque el scrum siguió bajo tormenta, el Cardenal ajustó la posesión, alejó el juego de su propio ingoal y capitalizó sus momentos. Un try del Cid Bordó, Rodrigo Díaz de Vivar, sumado a la conversión y un penal de Gutiérrez Taboada, terminaron por sellar el 29-19 definitivo.

Tenía muchas ganas de volver al club y el equipo venía muy encaminado. Entonces el desafío es intentar potenciarlo y seguir agregándole cosas”, sostiene el jugador de Newman. Sobre la serenidad para destrabar cotejos de semejante temperatura, aclara: “Hace años venimos trabajando y nos hemos enfrentado a este tipo de partidos con este tipo de rivales muchas veces. Esa experiencia ayuda a que el equipo juegue tranquilo, entender por dónde estaba pasando el partido y corregir en base a eso”.

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Tarjeta roja y azul en la misma jugada: el fuerte impacto en Alumni vs Newman

“El club y el equipo no va a terminar después del campeonato, hay que seguir metiéndole”, remarca sobre la filosofía sin descanso que los alimenta semana a semana. Y sobre la racha positiva, agrega: “Este tipo de partidos y los que pasaron también ayudan y se genera una bola de nieve muy positiva que da confianza, motivación y también tranquilidad como para hacer mucho foco en el juego”.

Acostumbrado a levantar trofeos —con un título de la URBA, un Nacional de Clubes y la reciente obtención del Súper Rugby Américas, todos luciendo la cinta de capitán—, sus aspiraciones personales no se detienen, aunque prefiere dejar que el destino hable en la cancha: “En lo personal hoy quiero intentar sumar, mejorar, agregarle cosas a mi juego que siempre faltan, porque el jugador perfecto no existe. Siempre estoy abierto a oportunidades y cosas que vengan. No sé si es un tema que estoy todo el tiempo pensando, sino que es algo que tiene que fluir y dejar que el trabajo pague y que venga lo que tiene que ser”.

Al ser consultado sobre un eventual llamado para integrar el sistema de seleccionados nacionales, responde con franqueza. Su paso a Pampas tuvo un objetivo claro: “Meterme en el sistema fue para probar cómo era y competir. Obviamente esas ganas, esa ambición de querer estar está y fueron parte de la decisión. Con lo cual está presente eso y funciona como motivación personal para seguir trabajando”.

Esa agresividad felina en el suelo, la velocidad mental para soltar la pelota y el dinamismo arrollador que muestra dentro del campo de juego entran en una pausa absoluta cuando suena el silbato final. Lejos de las pulsaciones elevadas del partido, Lucas Marguery sopesa cada palabra antes de hablar. Analiza, razona y elabora conceptos pausados con la misma claridad quirúrgica con la que lee los huecos de la defensa rival. Entiende que, tanto en el rugby como en la vida, el liderazgo no solo se ejerce con las manos en el barro, sino también con la lucidez estratégica de quien sabe exactamente hacia dónde quiere ir.