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Si ocurre en el mundo, ocurre en el "mundo tenis"

El nuevo Papa León XIV se confesó un fanático del tenis. EPA

El tenis es el deporte itinerante por excelencia. Cambia de ciudad, país, región y continente sin solución de continuidad. La particularidad que tuvo 2025 fue que en el paso de los torneos por tres sitios ocurrieron eventos que cambiaron el mundo o, al menos, impactaron en la opinión pública.

SE JUEGA EN ROMA, SE ELIGE PAPA

Caso emblema el de León XIV que fue elegido como Santo Padre el 8 de mayo. Los 133 cardenales electores en cónclave lo propusieron para ser el 267º Papa en la historia de la Iglesia católica. En esa misma semana, el calendario marcaba la acción justamente en Roma (Masters y WTA 1000) y, durante el partido entre el italiano Fabio Fognini y el británico Jacob Fearnley, todo el Foro Itálico lo conoció públicamente. En el cambio de lado del 2-5 del primer set, en la pantalla del estadio central se mostró una imagen del propio Prevost asumiendo su nueva función.

El Bonus Track es la pasión de Sumo Pontífice por el tenis. De hecho, semanas después, recibió a Jannik Sinner (por entonces número uno del mundo).

LA OREJONA SE ENSUCIÓ CON POLVO DE LADRILLO

Apenas unos días después coincidió la final de la Champions League con Roland Garros. Y que el PSG se consagre por primera vez en su historia (5-0 sobre el Inter de Milán en el Allianz Arena de Múnich) de la máxima competencia europea de clubes. Por ello, no sorprendió el clima festivo que se respiró en los frondosos pasillos del Bois de Boulogne.

Horas después, con la "Orejona" en suelo francés, fue el propio Ousmane Dembélé, figura del equipo campeón exhibió el trofeo ante una Philippe Chatrier colmada, justamente en la previa del partido entre Novak Djokovic y Cameron Norrie.

DÍA NEGRO EN EL DEPORTE BLANCO

Por último y quizás en un recuerdo más doloroso que otra cosa, se produjo el accidente y muerte de Diogo Jota, futbolista del Liverpool, en el momento exacto de la disputa de Wimbledon. ¿Tiene que ver? Al máximo torneo inglés le costó pero tomó una extraordinaria decisión de romper 148 años de tradición.

Francisco Cabral, tenista portugués, fue el que tomó la iniciativa y recibió permiso para romper el estricto código de vestimenta en honor a su compatriota. Un crespón negro lo recordó.