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Justin Verlander, el hijo pródigo al que Tigers aún espera 

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Los managers del Clásico que pueden llegar a las Mayores (6:40)

Ernesto Jerez, Luis Alfredo Alvarez, Enrique Rojas, Guillermo Célis y el Duke Hernández debaten sobre las posibilidades de llegar a dirigir en la MLB de esta grupo de managers que se destacaron en la última edición del Clásico Mundial. (6:40)

El reencuentro de Justin Verlander con Tigers no ocurrió según el plan, el as ya tiene una derrota y un ingreso a lista de lesionados


Si, además de aficionado, eres un romántico del beisbol, la noticia del regreso de Justin Verlander a los Detroit Tigers seguramente te emocionó. El reencuentro del hijo pródigo con la franquicia en la que comenzó una brillante carrera arriba del montículo para, quizá, vivir su última temporada profesional. Un guión ideal que, al final, no resultó como el pitcher y el equipo esperaban.

Justin Verlander debió ser este domingo algo más que el cuarto abridor del tercer juego de la serie ante St. Louis Cardinals. A sus 43 años, su regreso con los Tigers representaba la escena perfecta: luces encendidas en Comerica Park, transmisión nacional, un público dispuesto a aplaudir no sólo a un lanzador, sino a uno de los grandes símbolos recientes de la franquicia. Sin embargo, lo que estaba pensado como celebración terminó en decepción con el ingreso del pitcher a lista de lesionados, debido a una molestia en la cadera.

Y el desencanto va más allá, reabre una pregunta incómoda: ¿la salud será un tema constante en el regreso de Verlander?

El derecho fue colocado el sábado en la lista de lesionados de 15 días por inflamación en la cadera izquierda, en un movimiento retroactivo al miércoles, que lo deja elegible para volver, si todo marcha bien, el 16 de abril. El club no quiso correr riesgos, sobre todo, después de que su primera apertura del año, el lunes en Arizona, dejó dudas sobre el momento real que vive el diestro: cinco carreras permitidas y seis hits en apenas 3.2 entradas de trabajo, con tensión inicial en la cadera.

La decisión golpeó a Detroit. Por un lado, se esfumó el plan casi de guión cinematográfico de verlo abrir el juego del domingo ante los Cardinals, escaparate ideal para un reencuentro con la ciudad que lo vio crecer como as y como leyenda. Por el otro, dejó en pausa el arranque de un experimento cargado de nostalgia y expectativas: el regreso del brazo que encabezó la rotación durante una década dorada.

Además, Verlander llegó este año para insertarse en lo que muchos ven como una de las rotaciones más completas del beisbol. Tarik Skubal (1-1, 0.69), como el as zurdo, Framber Valdez (1-0, 0.75), otro zurdo de sobrada calidad y de peso probado en octubre, Jack Flaherty (0-1, 7.56), que, si bien arrancó titubeante, aporta profundidad y Casey Mize (0-0, 1.50), quien completa el grupo con su proyección y talento. Desde que Detroit firmó a Valdez y a Verlander, el plan quedó trazado: ellos cinco, la base para el manager A.J. Hinch, quien ya ajustará sus fichas.

Al hablar de la situación de Verlander, no se trata de cualquier lanzador veterano que administra sus últimos cartuchos en Grandes Ligas. Con 43 años y 39 días cumplidos al subir al montículo en su primera apertura de este 2026, se convirtió en el segundo pitcher más veterano en abrir un juego en la historia de los Tigers, sólo detrás de Kenny Rogers, quien lo hizo con 43 años y 309 días el 8 de septiembre de 2008.

Los números de su trayectoria son argumentos sólidos para ingresar al Salón de la Fama: Novato del Año en 2006, estandarte de la rotación campeona de la Liga Americana y pieza central del banderín que llevó a los Tigers a la Serie Mundial de 2012, además de una campaña inolvidable en 2011, cuando ganó el MVP, la Triple Corona de pitcheo y el Cy Young de la Americana (24-5, 2.40 de efectividad y 250 ponches). A ello se suman múltiples temporadas de 200 entradas lanzadas y actuaciones en octubre que quedaron grabadas en el imaginario reciente de Detroit. Después se reinventó con Houston, añadió un par de Cy Youngs y presumió anillos; el círculo pareció cerrarse donde todo comenzó.

Ése fue el trasfondo emocional que explica la reacción de Comerica Park, el viernes, cuando Verlander apareció en las presentaciones previas al juego y participó en el lanzamiento de la primera bola como receptor de su ex compañero Brandon Inge: una imagen que condensó generaciones, recuerdos y la promesa de un último baile juntos.

La realidad, sin embargo, se impuso con la frialdad de un parte médico. Verlander, quien regresó en febrero con un contrato de un año y 7.86 millones de dólares como agente libre, reconoció que la cadera empezó a molestarle durante su salida en Arizona.

Aunque el derecho realizó trabajo reciente y reportó mejoría, su caso requiere evaluación día con día, a la espera de su regreso al montículo y de que pueda firmar una temporada similar a la del año pasado, con San Francisco Giants, cuando abrió 29 juegos y consumió 152 entradas, una cifra notable para un lanzador de 42 años en el mejor beisbol del mundo.

¿Es este impasse un ingrediente adicional en la expectativa en torno al regreso de Justin Verlander a casa o el presagio de una temporada marcada por las lesiones? Los románticos preferimos tomar la primera opción, claro, pero sólo el tiempo dirá cómo termina la historia del retorno del hijo pródigo a Tigers.