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Cómo el Home Run Derby se convirtió en el pasatiempo nacional de Estados Unidos*

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Carolina Guillén: 'Carlos Santana es un buen prospecto para ganar el HR Derby' (3:31)

El evento se llevará acabo el lunes con nuevo formato, 8 contendientes y un millón de dólares para el ganador. (3:31)

*Este año, por primera vez en su historia, Major League Baseball entregará un premio de $1 millón al ganador del Derby de Jonrones. Este premio podría convertirse en un pie de página de la historia. Aunque, por el contrario, podría significar algo más. ¿Cuáles son las probabilidades de que este premio en metálico cambie el mundo de los deportes para siempre? Digamos, un 15%. En otras palabras, lo siguiente podría convertirse en una historia de la vida real.

Major League Baseball no tenía idea de lo que estaba haciendo y durante muchos años, no podía entender lo que hizo. En ese momento (corría el año 2019), parecía ser una solución sensata a un problema menor. Y en una industria valorada en $10 billones, ¿qué cambio iba a propiciar un mísero millón de dólares?

Poco sabía Major League Baseball que el premio de siete cifras conferido al campeón del Derby de Jonrones de ese verano cambiaría a los deportes de formas que, viendo en retrospectiva, parecían inevitables, aunque en ese momento los cambios solo eran objeto de especulación. Durante la siguiente centuria, el Derby de Grandes Ligas ascendería hasta convertirse en uno de los Cuatro Grandes Deportes del mundo. A criterio de muchos, el derby desplazó al béisbol tradicional; para otros tantos, el derby lo salvó de caer en la apatía.

1- El ascenso del Jonrón (1919-1958)

El Derby de Jonrones de 2019 se celebró en el año centenario del jonrón. Antes de la llegada de Babe Ruth, ya existía el cuadrangular; quienes practicaban béisbol tenían que denominar de alguna forma el suceso en el cual un jugador conseguía ligar algo que iba más allá del triple. Sin embargo, antes de la incursión de Ruth en la pelota mayor, nadie intentaba batear un jonrón: simplemente ocurrían y de forma muy esporádica. Después, Ruth sumó 29 jonrones en 1919, superando equipos completos y dejando de lado una exitosa carrera como pitcher. Se convirtió en el mejor jugador de la historia, la mayor celebridad de Estados Unidos y cargó al resto del deporte en hombros hacia su futuro.

En el camino, Ruth también inventó algo similar a un derby de jonrones. Cuando Ruth arrollaba con su bat por todo Estados Unidos, los aficionados llenaban los estadios locales para verle disparar cuadrangulares. Todas las reglas y protocolos establecidos en el béisbol fueron arrojados por la ventana: se le daban instrucciones claras a los pitchers locales para que éstos le lanzaran de cierta forma favorable a Ruth o éste se quedaría sobre el plato hasta que consiguiera conectar un pitcheo. Durante los intermedios entre partidos de exhibición que formaban parte de dobles tandas, Ruth se paraba al plato y disparaba jonrón tras jonrón, buscando superar récords de distancia para ese parque o como forma de recompensar a los aficionados que habían pagado dinero para ver algunos batazos de larga distancia. Este fue el origen filosófico del concurso de jonrones: La búsqueda por parte de una sola persona con el objetivo de conectar jonrones se había hecho más mercadeable, más relevante que el béisbol que se jugaba en esas tardes bajo las verdaderas reglas del deporte.

En 1933, Ruth ganó un concurso de batazos largos (que podría ser considerado un “derby” en su fase embrionaria) al conectar una pelota y llevarla a 395 pies de distancia. Durante las décadas siguientes, los concursos de jonrones se convirtieron en una constante durante los eventos de exhibición. Ted Williams, Ralph Kiner, Joe DiMaggio y otras súper estrellas se salían del libreto y hacían cosas que eran, de muchas formas distintas, más memorables que los partidos en sí.

“El evento deportivo más grande que jamás haya visto”, según expresó en una ocasión el gran slugger Frank Howard, ocurrió cuando Ted Williams participó en un concurso de jonrones para recaudar fondos para caridad. “Ted debía tener 53, 54 años. Mientras los otros estaban bateando, él permanecía en el dugout, haciendo swing a un bate y preparándose. Era el último en batear, por supuesto y cuando se paró allí, sabías que ya estaba listo. Con el primer pitcheo, conectó un batazo hacia la segunda base. Con el segundo pitcheo, una línea veloz sobre la primera base. El tercer pitcheo, lo llevó hasta la pista de seguridad. Cuarto pitcheo, la puso sobre el bullpen. Quinto pitcheo, la bateó a 30 filas sobre la tribuna del jardín derecho. Luego, arrojó su bate por los aires y se marchó de regreso al dugout. El evento deportivo más grande que jamás haya visto”.

2- La masificación del derby (1959-2018)

En 1959, un comentarista deportivo de Los Ángeles llamado Mark Scott creó Home Run Derby, un concurso televisivo transmitido que presentó un elenco de participantes extraordinariamente talentosos en lo que fue, esencialmente, un programa de concursos sobre cuadrangulares. En el primer episodio, Willie Mays se enfrentó a Mickey Mantle en una ronda de práctica de bateo competitiva con mucho en juego. Mantle logró remontar y ganó $2.000 en un estadio de béisbol vacío y silencioso en el Sur de California.

El programa apenas duró una temporada al aire (Scott murió de forma inesperada), sin embargo, ayudó a que la estructura básica del Derby de Jonrones había sido codificada, documentada en formato de cine y respaldada por premios en metálico por sumas cuantiosas y el poderoso atractivo de peloteros estrellas. En 1974, el programa CBS Sports Spectacular presentó una competencia entre Hank Aaron y Sadaharu Oh, campeones del jonrón en dos hemisferios. En 1984, Gatorade patrocinó un “concurso de bateo de jonrones Super Slam” durante el transcurso de la temporada, en el cual los sluggers competían entre sí en tandas previas a partidos de Las Mayores buscando la clasificación. Greg Luzinski, un slugger veterano en su última temporada en activo, ganó el concurso y se hizo con $50.000. Nueve meses después, buscando agregar una novedad a los eventos del Juego de Estrellas en Minnesota, Major League Baseball incorporó el Derby al programa del Clásico de Mitad de Temporada. No fue televisado en ese momento; sin embargo, 46.000 aficionados hicieron acto de presencia, pagando $2 cada uno en una taquilla recaudada para fines benéficos. Uno de los niños sentados sobre el outfield le robó un cuadrangular a Ryne Sandberg. Todo el evento fue objeto de dos frases publicadas en el diario The New York Times.

Es demasiado palpable que la versión televisiva del espectáculo transmitida en los años 60 estuvo adelantada a su tiempo. Demostró la fluidez con la cual podían interactuar el derby y el medio televisivo, con acción vertiginosa, ángulos cerrados de cámara que serían imposibles de lograr en un partido de verdad, reglas fáciles de entender y un puntaje que no requería conocimientos por parte del televidente, además de una charla entre el comentarista y el bateador rival, que reposaba en la cabina de transmisión entre rondas. En la época en la cual la tecnología televisiva era en blanco y negro y de baja resolución, era prácticamente imposible ver la trayectoria de esos profundos elevados y mucho menos apreciar su esplendor. No obstante, para 1993, cuando ESPN comenzó a transmitir el derby durante la semana del Juego de Estrellas, la tecnología ya había alcanzado el potencial necesario para captar el derby en toda su majestuosidad.

Los derbis de los próximos 25 años nos presentaron algunos de los momentos más memorables de la historia del béisbol. Este formato nos puede ofrecer el punto culminante de relatos que capturaron la atención de los aficionados (Josh Hamilton bateó un récord de 28 cuadrangulares en una sola ronda en 2008, después de su regreso al béisbol luego de luchar contra la adicción a las drogas) o suspenso puro (Bryce Harper ganador en el estadio de su equipo mientras se acababa el tiempo en 2018) o momentos de humor (Cody Bellinger riendo incrédulo al presenciar la insólita actuación de Aaron Judge en 2017). El béisbol, el deporte, a veces opacaba la calidad de sus jugadores y lo sumamente mejores que son, comparados a los peloteros de generaciones anteriores. A pesar de ello, los derbis de jonrones hicieron de ese progreso generacional algo evidente y obvio: Si Ryne Sandberg ganó el Derby en 1990 con tres jonrones, Giancarlo Stanton lo hizo en 2016 con 61. Los televidentes eran capaces de apreciar semejante logro y así lo hicieron: La hazaña de Judge y Stanton en el Derby de 2017 fue presenciada por una cifra de audiencia similar a la que sintonizó el Juego de Estrellas al día siguiente.

Sin embargo, mientras el Derby se hacía más popular, surgieron problemas con los incentivos. Una cifra creciente de peloteros (especialmente los mejores entre los mejores) no querían formar parte de algo que no tenía incidencia en nada (el Derby) si afectaba su preparación para algo que sí tenía consecuencias (los partidos de verdad). En consecuencia, Major League Baseball intentó conseguir que el Derby tuviera relevancia, utilizando la única herramienta capaz de hacer que cualquier cosa tenga importancia: el dinero. El ganador del concurso en su edición 2019 se llevaría un millón de dólares. El ganador de ese concurso bien pudiera recibir la mitad de dicha cantidad por jugar durante la totalidad de la temporada de béisbol.

3. El nacimiento de un nuevo deporte (2019-2039)

Aquel fue el primer gran momento, el premio del millón de dólares. (El Derby se hizo tan popular que, en posteriores negociaciones colectivas, el premio fue aumentado a $2 millones, luego a $5 millones, después a $10 millones, hasta que BLD se separó de MLB, se convirtió en una entidad sin fines de lucro y estableció bolsas directamente de las ganancias). El próximo gran momento fue en 2020, cuando —en reconocimiento a la popularidad de los prospectos del béisbol— MLB ordenó que los contendientes de cada liga en el Derby incluyeran al menos un prospecto de liga menor. Y uno de esos prospectos de las menores —Oneil Cruz, un bateador de poder zurdo en la organización de los Pirates— ganó el evento. Un jugador que apenas devengaba $30,000 anuales en Doble A ganó un millón de dólares, y de repente la naturaleza de la competencia cambió. El premio ya no era solamente un incentivo para atraer a las superestrellas a participar. Los fans activamente apoyaron a los menos favorecidos, deseosos de verlos llorar de emoción mientras aceptaban un jugoso cheque.

El desfavorecido prospecto se convirtió en una parte tan importante de la narrativa del espectáculo que MLB fue más allá: un prospecto aficionado (técnicamente, un aficionado recién seleccionado, para no violar las reglas que en ese momento prohibían a los jugadores de colegio recibir compensación) también debería ser incluido. Y así la liga comenzó a dar uno de sus espacios a un aficionado no-prospecto: sencillamente, un individuo en sus 30 años capaz de batear, escogido en previas competencias. Era fácil justificar el usar un espacio para ello, dado que el aficionado —con un swing y régimen de entrenamiento dedicado a perfeccionar lo requerido bajo el formato del Derby— frecuentemente superaba a los Grandes Ligas en el certamen. Pronto, MLB dejó de efectuar un Derby anual y pasó a presentar media docena de ellos, todos en horario estelar. Y luego, más.

Dos cosas quedaron claras a partir del éxito de los jugadores fuera de las mayores en el Derby: las habilidades requeridas para batear 40 jonrones en diez minutos contra lanzamientos adecuados a 70 mph eran muy diferentes a las que se necesitan para conectar un cuadrangular cada cuatro días frente a un ‘cutter’ a 94 mph; y dos, que las habilidades propias del Derby podían ser desarrolladas con el enfoque adecuado. Para los bateadores de grandes ligas que ganaban $35 millones por temporada, los incentivos no favorecían desarrollar tales habilidades propias del Derby, especialmente no a costas de las tradicionales herramientas de bateo. Pero para una gran cantidad de musculosos jugadores de liga menor, los incentivos si lo ameritaban. Las ligas menores obligaban a hacer largos viajes en carretera por una paga terrible y posibilidades extremadamente lejanas de llegar a las mayores, pero el Derby ofrecía la oportunidad de hacerse rico. Algunos de estos jugadores de las menores comenzaron a entrenar con un coach de ‘swing’ para desarrollar capacidades propias del Derby en cuanto a fortaleza, técnica y estámina. Algunos de ellos hicieron fortunas. (Tim Tebow, un ícono del football, había intentado y fallado, entre burlas de algunos observadores, de convertirse al béisbol tradicional, pero intentó y tuvo éxito, a finales de sus años 30, con el derby).

Las estrellas del derby eran de todas las formas: algunos de ellos gigantes importados de competencias de El Hombre Más Fuerte, que usaban colosales bates de 55 onzas. (A diferencia del béisbol tradicional, los bates rara vez se quiebran en el derby. Un jugador daba un nombre a su bate, alrededor del cual se desarrollaban cuentos mitológicos. Los bates pasaban de manos, bien por venta o como legado. Algunos bates eran tan famosos como sus propietarios. Otras estrellas eran técnicos del control del bate que perfeccionaron el acto de batear bolas apenas unos pies más allá de lo necesario, una y otra vez, sin jamás cansarse o tomar un swing malo. Cuando Anthony David ‘A.D.’ Power, un coach de escuela superior de Fresno, conectó de cuadrangular en 165 swings consecutivos en 2034, Mike Trout lo calificó del más grande atleta del mundo. Nike dio a Power un acuerdo de endoso por $100 millones. Su bate pasó a manos del Salón de la Fama del Béisbol —el último souvenir del derby que sería enviado a Cooperstown—. Toda la memorabilia futura iría al Salón de la Fama del Derby, en Linden, California.

4. El derby moderno (2040-2119)

El Home Run Derby que Aaron Judge ganó en 2017 tiene poca similitud con la Big League Derby Championship Series en la que el gran bisnieto de Judge, Han Judge, competirá este mes.

Para 2040, Big League Derby se dio cuenta de que el deporte no seguiría creciendo sin innovar. Necesitaba dar cierta variedad al público, y comenzó por reconsiderar el espacio físico. Todo el greenage vacío de un diamante de béisbol y de un jardín sería, para los peritos, un lienzo gigante. Las sedes construyeron escenarios en el jardín central y tuvieron los actos musicales más grandes durante los conciertos, detrás de la seguridad de las redes.

Lanzaron espectáculos de fuegos artificiales desde la segunda base, los jonrones atravesaron las luces de bengala y las nubes de humo. Ellos construyeron bermas en las que los espectadores podían sentarse en los jardines, para que los fanáticos pudieran ver los jonrones volar directamente sobre sus cabezas. (Redes de quince pies detrás del montículo de lanzadores). Debido a que no había necesidad de territorio sucio, ni lanzamientos descontrolados, los espectadores podían rodear al bateador, como en un torneo de golf: los asientos (y las redes) comenzaron 6 pies atrás plato de home, con más asientos (y redes) a 40 pies frente al bateador, una experiencia de observación aterradora, aunque totalmente segura.

Luego, BLD se dio cuenta de que no tenía que seguir el diseño restrictivo de un estadio de béisbol. Los campos de derby se construyeron en la costa, con plataformas para lanzadores y bateadores y objetivos de jonrones erigidos como mini islas a 400 pies de distancia; en las mesetas de montaña; a través de vías cubiertas; y en el centro de las ciudades, las "cercas" demarcadas por edificios de 26 pisos. Algunos derbies tenían 220 grados de territorio justo; otros tenían solo 150 grados, para agregar dificultad. Los partidos que no eran de la liga a menudo se filmaban en jaulas de bateo y se transportaban, mediante efectos digitales y producción de televisión, a la luna, o por encima de las nubes, o en mundos de fantasía poblados por gigantescos monstruos reptiles que atacaban los jonrones.

La competencia se hizo más elaborada, y los torneos siguieron sus propias reglas: las rondas de bateo de velocidad podrían intercalarse con las rondas más pacientes, que esperan por tu lanzamiento; las máquinas de pitcheo podrían usarse para lanzar strikes perfectos progresivamente más rápidos, hasta que los bateadores tuvieran que batear lanzamientos de 135 mph en las rondas finales; y en las competiciones por equipos, zurdos y diestros con equipos opuestos batearían simultáneamente en una carrera de una sola cámara entre sí. Cada competencia también tenía sus propias peculiaridades de puntuación: puntos extra por batear un lanzamiento que estaban fuera de la zona de strike; progresivamente mayores recompensas por jonrones consecutivos; requisitos para que los jonrones sean rociados a diferentes partes de las gradas; y puntuación basada en la distancia total, o jonrones más largos, además del número de jonrones.

Algunas personas lo odiaban, naturalmente, al igual que otras personas odian cualquier deporte. Muchos fanáticos del béisbol tradicional lo odiaban, pero nunca fue la intención de ser un reemplazo del béisbol tradicional. Era una alternativa claramente distinta. No ofrecía nada del ritmo pausado del béisbol tradicional, pero tampoco tenía ninguna de esas cosas que volvían locos a muchos fanáticos del béisbol: prácticamente no había lesiones ni cirugías en los codos, ni errores de árbitro, ni problemas de ritmo de juego, ni ponches, no hay bolas de foul, no se pasan horas tratando de rastrear a los relevistas anónimos que se agitan en las entradas medias y tardías, sin paros laborales. En Big League Derby, la celebridad de los jugadores podría destacarse fácilmente, en lugar de suprimirse. Las estrellas más grandes de este deporte se encontraban fácilmente, en primeros planos, en celebraciones, siempre en la pantalla y despejadas incluso con un casco de bateo. Y un fan casual podría participar en un concurso y entender de inmediato quién ganaba, cómo funcionaba el juego y que una bola que viajaba tan lejos era algo que debía contemplarse.

5. El juego del 'béisbol' de hoy

El béisbol no es casi la fuerza cultural que alguna vez fue. Algunos culpan a Big League Derby. Pero fue claro para muchos, incluso en 2019, que este descenso ya estaba en marcha.

La base de fans había envejecido mucho, y la competencia por la atención de los jóvenes espectadores por parte de otros entretenimientos y tecnologías se había vuelto abrumadora. Mientras tanto, el estilo del deporte y el ritmo de juego habían alejado a muchos espectadores, y MLB, desconfiando de hacer algo radical y arriesgando las inmensas ganancias actuales de sus propietarios, haría poco más que modificar las reglas. Una pelota de béisbol más animada llevó a más jonrones y más ganancias a corto plazo, pero esos jonrones paradójicamente exacerbaron el estilo y los problemas de ritmo de juego que hicieron que el juego moderno se estancara. (Los historiadores aún debaten qué tan activamente la MLB "permitió" esta bola más viva).

Cuando Big League Derby se separó de la Major League Baseball, llevándose a muchos de los mejores rivales del deporte tradicional, el béisbol enfrentó una crisis. ¿Cómo podría competir, con solo dos jonrones por partido, contra un deporte que tuvo 40 jonrones entre comerciales? La búsqueda perpetua del béisbol para cambiar el nombre de sí mismo para los niños comenzó, por fin, a parecer desesperado. Y así, el deporte volvió a ser lo que había sido al principio: un juego de etiquetas muy complicado y animado.

Las gradas fueron arrancadas, y las paredes de los jardines se movieron hacia atrás y se elevaron a 100 pies, de modo que casi todas las bolas justas se mantendrían en juego. Las bases se movieron 2 pies más cerca una de la otra para fomentar el baserunning y los corredores de base. Los guantes de campo estaban restringidos a 9 pulgadas. Cada equipo podía llevar solo tres lanzadores por juego. La zona de strike se expandió, y las bolas de foul no fueron diferentes de otros strikes, sin importar el conteo. La velocidad, la defensa y la habilidad de poner la pelota en juego fueron las habilidades más valoradas en el deporte. De todos modos, pocos verdaderos perezosos eligieron el béisbol sobre el derby en ese punto.

Algunas personas lo odiaban, naturalmente, al igual que otras personas odian cualquier deporte. Pero el béisbol estaba activo de nuevo. Era un deporte que se encogía, pero no moribundo. Los fanáticos del béisbol amaban el béisbol.

Para el fanático de derby, la frase "home run" es una expresión idiomática, su significado se separa del significado original y literal de sus palabras componentes. No hay hogar No hay que correr. Un jonrón es lo que haces en un derby de jonrones, nada más.

Pero en el béisbol, la frase se ha vuelto cada vez más literal. Después de Babe Ruth, un jonrón rara vez requería correr. Después de Babe Ruth, a veces parecía que el deporte en sí rara vez requería correr. Ahora, sin embargo, un jonrón es lo que una vez fue: 15 segundos de correr, correr, correr, hasta que el bateador resbala a salvo. Él está en casa.