Manny Pacquiao desea pelear antes de fin de año, la noticia es oficial y confirma algo que siempre presumíamos, se mantendría en el negocio más allá de su último combate cuando dijo que ya era un boxeador retirado. Es difícil considerar que regresa a un hombre que peleó por última vez el 9 de abril y el 12 de julio anuncia que desea pelear antes de fin de año. "Manny seguirá boxeando" y debemos analizar la razón para no irse.
No es una novedad que si bien para el filipino ya pasaron sus buenos tiempos, son tan malos los tiempos actuales en boxeo que su presencia aún es comercialmente atractiva. Hay buenos rivales a disposición y hay flexibilidad entre algunas promotoras rivales lo que permite la existencia de mejores oportunidades comerciales.
Tanto en 140 como en 147 libras vivimos un momento de convulsión mediática, a partir de la salida de Floyd, la aparición de varias figuras de calidad (Terence Crawford, Viktor Postol, Danny García, Keith Thurman, Jessie Vargas, Kell Brook o el Errol Spence) o el ascenso de Kell Brook a los medianos para retar al monarca indiscutido: Gennady Golovkin. Si a ello sumamos la reciente aventura provocada por el retador oficial de Danny García al título CMB, Amir Khan, que también optó por subir a las 160 libras, perder por KO contra Canelo Álvarez y llevarse un buen cheque por ese riesgo. Estos episodios han creado un río revuelto donde parece que Manny Pacquiao desea pescar.
El boxeo-deporte en este 2016 va perdiendo de manera inexorable su pelea desigual contra el boxeo-negocio. El escenario actual prioriza el status de cada boxeador, como elemento negociable o mejor dicho, como un elemento al cual se le pone precio. Para nuestra desazón, el resultado de las peleas comienza a transformarse en algo secundario.
La pelea Amir Khan vs. Canelo Álvarez fue una clara muestra de ese hecho. El británico fue una pobre víctima que cobró muy bien su exposición al riesgo de un KO aterrador, pero que previo a ese combate, fue vendido como un ex campeón que había enfrentado a otros grandes campeones antes de retar a Canelo. La misma política publicitaria parece que está desarrollando el equipo de GGG para justificar la desigual batalla contra Brook: "A diferencia de Khan, solo sube dos categorías, esta imbatido y nunca fue noqueado" dijo Abel Sánchez, entrenador de Golovkin.
El palmarés justifica cualquier desatino en bien de mejores recaudaciones. El efecto Canelo y el camino que parece haber elegido Golovkin, marcan un nuevo rumbo que hace propicia la continuidad de Pacquiao en el negocio. El filipino ya es una leyenda repleta de condecoraciones. Verlo frente a cualquier figura del presente que no logra despegar hacia el gran mercado, lo impone valor agregado a su presencia. Thurman, García, Crawford, Postol o Jessie Vargas, son rivales potenciales y hasta el mismo Adrien Broner, por más que ese posible duelo se considere caído.
Manny Pacquiao no tiene nada que probar, ni títulos que ostentar ni legado que aumentar. El dinero debe ser el único incentivo para una figura política y social a quien esa condición le genera un gasto enorme de dinero. A ese factor, el gasto, se suma algo que muchos analistas políticos daban como una intención cuando Pacquiao decidió postularse al senado: la presidencia de Filipinas.
El boxeo, para una intención de ese tamaño (ir por la presidencia de su país) es la mejor plataforma promocional del PacMan. Sus victorias lo hicieron congresista, luego senador y ahora le podrían dar el premio mayor. No olvidemos que sus batallas épicas suelan paralizar a su país donde es un verdadero héroe nacional. Enfrentar a rivales accesibles y bien posicionados, le permitirán el ingreso de dinero que compense sus gastos y mantendrán su figura en el único plano de exposición pública donde Manny es indiscutible: el boxeo.
Es obvio que hubo una tormenta perfecta que propició una oportunidad imposible de eludir para el filipino. La falta de grandes eventos en el futuro cercano, una buena oferta económica, la presencia de rivales a elección, todos con títulos pero sin peso mediático para revivir el PPV y que físicamente no plantean una aventura imposible para el aburguesado Pacquiao, le obligaron a repensar su primera decisión de retirarse.
El filipino, no dudo, fue convencido para manejar esta nueva etapa de su carrera como si se tratara de una estrategia política, destinada a exponer su pasado y su ilustre nombre con un fin meramente comercial. A los efectos de sus posibles ambiciones presidenciales, la movida es inteligente. En lo deportivo, sin embargo, su decisión es parte de la debacle de este deporte y nunca un ayuda para su resurrección. Manny mostró en las últimas peleas que para ver su mejor versión hay que recurrir a los antiguos videos en las redes sociales. Agobiado por sus responsabilidades políticas, inmerso en la vorágine social que le demanda su cargo político y camino a celebrar sus 38 años de existencia, imaginar algo diferente en sus próximas peleas sería pecar de inocentes. Por el contrario, que pese a su magia extraviada en el ayer Manny aún mantenga atractivo para la afición boxística, es una clara muestra de que vamos por mal camino.
