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Munguía vs. Allotey y Fury vs. Wallin se dividen la fiesta mexicana

El britànco Tyson Fury parece ser aficionado del estilo de boxeo mexicano. Top Rank/Mikey Williams

Por primera vez, dos grandes eventos convocan a la afición boxística en la noche de la más importante fecha patria mexicana. No será un segundo sábado de septiembre igual a todos. El 2019 rompe la tradición boxística por la raíz y cambia el escenario en lo que puede ser un preámbulo del futuro cercano. Un experimento que si da resultado anulará para siempre la condena de asistir a la fiesta de un solo protagonista respaldado por una cartelera inexpresiva y sin emoción. Como ha sucedido en más de una oportunidad en años recientes.

Tanto Munguía vs. Allotey como Fury vs. Wallin, tendrán atractivas peleas de respaldo y en lo que de antemano puede considerarse un acierto promocional, se apuesta al conjunto y no a la repetida venta del show de una sola estrella. Tampoco está el PPV como una inevitable obligación para los eternos encargados de solventar la fiesta, los fanáticos que asisten en Estados Unidos, y el show se podrá ver en dos plataformas que permiten una mejor administración de la asistencia visual.

No hay necesidad de optar por una sola cartelera, se pueden ver y disfrutar los dos eventos con la misma expectativa. Y si el tema es elegir una pelea estelar sobre la otra, hay razones para presenciarlas por igual: Fury es un show por sí mismo y Munguía afronta el desafío de subir al siguiente escalón enfrentado a la responsabilidad de ser protagonista, bajo nueva conducción y en su última batalla en las 154 libras..

El escalón de subida o de bajada de Munguía

Jaime Munguía (33-0 con 26 KOs) llega a su pelea contra Patrick Allotey (40-3 con 30 KOs) como el gran favorito. También llega bajo una presión que podría ser asfixiante debido a la no escrita obligación de ganar con autoridad para que la fiesta mexicana sea una fiesta de verdad. A ello suma un cambio en su esquina, un posible cambio en su boxeo y la necesidad de responder al mismo a la hora de ejecutar su plan de pelea ¿Lo conseguirá? De eso se trata.

El mexicano se probará a sí mismo y les probará a muchos de qué está hecho y cuán lejos podrá llegar en su carrera. Son, precisamente, este tipo de peleas las que definen el futuro en la carrera de campeones jóvenes como Munguía, llamados a alcanzar ambiciosas metas.

El rival elegido, el ghanés Patrick Allotey, es un oponente decente, de respeto y con la necesaria experiencia para ser un peligroso examinador. Precisamente su estilo de boxeo (buena defensa y con calidad técnica) establecerían de antemano que estamos frente a un clásico choque de estilos. Sin embargo, hay reparos en ese aspecto a lo veremos en Munguía debido a los cambios que haya introducido Erik Morales a su nuevo pupilo.

“El Terrible” ha dicho que no le puede quitar el espíritu agresivo a Munguía y su trabajo ha sido más en mejorar esa agresividad y dotarla de mayor intelecto táctico, algo que el boxeo de Munguía estaba ‘pidiendo a gritos”. Sin embargo, si bien esos cambios eran necesarios la duda pasa por la forma de incorporarlos a la rutina de un púgil joven, pero que lleva muchos años en el profesionalismo peleando de la misma manera y conviviendo con los mismos errores.

Esta vez y como nunca, el trabajo del entrenador tendrá un peso decisivo en el desempeño del campeón y principal figura del espectáculo. Por esa razón el combate entre Munguía y Allotey tiene tantas expectativas: por los muchos rivales que debe vencer el campeón, empezando por los nervios y siguiendo por los cambios a su estilo, en una prueba en lo previo accesible, pero que en el ring podría transformarse en una pesadilla. Algo que en buena medida mataría la expectativa de llegar al peso mediano como una figura de primer nivel.

El show de Fury y la incógnita de Wallin

No hay mucho que esperar del Fury-Wallin. No hay títulos en juego por más que al británico le gusta jugar con ese invento de ‘campeón lineal’ que adoptó no hace mucho tiempo. Tampoco hay un rival que pueda comprometer su victoria ni tampoco otra expectativa que saber en qué momento el pleito se acaba por la vía rápida.

En el caso de este combate la atracción pasa por otros rumbos. Lo que, si viva antes, sin duda, es una buena razón para conectarse temprano a ESPN+. Hay buenas peleas de respaldo como la de José Pedraza vs. José ‘Chon’ Zepeda o presentación de púgiles en camino a grandes cosas como Emanuel Navarrete o Félix Valera. Lo de Fury será el complemento y necesariamente una oportunidad de verlo en el teórico preámbulo de su revancha contra Deontay Wilder a comienzos de 2020.

Nadie duda que el británico vencerá sin problema, la expectativa es ‘cómo y cuándo”. En el cómo se incluye su show personal, no olvidemos que es un púgil excéntrico o tal vez un artista del ring con todo lo que ello involucra. En el cuándo, el tiempo que el sueco durará de pie en la batalla, por mérito propio o por decisión salomónica de Fury.

Es que Wallin, por más que esté invicto en su palmarés, no tiene ni el boxeo ni la experiencia ni la personalidad suficiente como para comprometer la victoria de su encumbrado rival. Que le haga una pelea decente, que haya mejorado esa endeble defensa y que sobreviva un largo tramo de la pelea, sería suficiente recompensa para quienes asistan al show de Fury.

Lo importante en su actuación, por paradoja, pasa por lo que venga después: esa revancha contra Wilder o la propia inquietud que demuestra el británico cuando alega que el campeón pesado CMB planea dejarlo plantado y no enfrentarlo, ya que estaría negociando ir contra el vencedor de Andy Ruiz Jr. vs. Anthony Joshua, del 7 de diciembre. Es de esperar que Fury hable al final sobre esa pelea, seguramente hará vaticinios sobre el resultado de la pelea en Arabia del 7 de diciembre y por no ser menos, se anotará también para enfrentar al vencedor.

Como en cada presentación de Fury, el condimento de su extravagante personalidad será tan o más importante que se actuación boxística que ante un rival como Wallin, seguramente, será algo secundario o solo un motivo para pasarla bien asistiendo a una pelea de boxeo.