Esa noche del 10 de febredo de 2016 en Córdoba, el estadio Mario Alberto Kempes se transformó en un escenario de epopeya. San Lorenzo no solo jugó, sino que pintó con fútbol un lienzo de autoridad, dejando a Boca Juniors sin respuestas y a los hinchas cuervos con el corazón latiendo al ritmo de cada gol. Fue un 4‑0 que no solo marcó un resultado y la conquista de la Supercopa Argentina, sino que escribió un capítulo eterno en la memoria del Ciclón.
Fernando Belluschi abrió la cuenta con un disparo que no solo significó el primer gol, sino el primer latido de una sinfonía que culminaría en cuatro, mientras Pablo Barrientos y Nicolás Blandi se encargaron de escribir el resto del relato con precisión y ritmo. Esa goleada no fue casualidad: fue la materialización de un plan perfecto, de un equipo que entendió la final como un escenario donde el fútbol debía ser a la vez arte y contundencia.
La Supercopa Argentina como altar de gloria para San Lorenzo
Cada edición de la Supercopa Argentina es un duelo entre campeones, pero la cuarta quedó marcada por la superioridad de San Lorenzo. El Ciclón llegó con hambre y estrategia, consciente de que enfrentaba a Boca, un rival histórico que nunca se rinde.
Desde el pitazo inicial, el equipo de Pablo Guede impuso su ritmo: presión alta, posesión inteligente y una movilidad ofensiva que desarmó la defensa xeneize que paró Rodolfo Arruabarrena. Cada ataque era un mensaje, cada combinación, una declaración. El 4‑0 final no fue solo un resultado; fue la confirmación de que San Lorenzo había dominado la noche de punta a punta, demostrando su capacidad de convertir las finales en memorias imborrables.
Los protagonistas de la epopeya de San Lorenzo ante Boca
Fernando Belluschi, maestro del mediocampo, inauguró el marcador y encendió la chispa de la goleada. Pablo Barrientos, con su doblete, mostró que el talento puede combinarse con precisión quirúrgica, mientras Nicolás Blandi cerró la obra con un gol que hizo vibrar a todo el estadio.
Pero la victoria fue colectiva. Néstor Ortigoza y Mussis dominaron el mediocampo, los laterales ejercieron presión constante y el equipo entero ejecutó el plan de Guede con sincronía perfecta, neutralizando cada intento de reacción de Boca. En palabras de Guede tras el partido: “Fue una noche soñada, donde todo salió según lo que trabajamos. Mis jugadores jugaron con corazón y cabeza".
🙌 Se cumplen 9 años de aquel inolvidable 4-0 a Boca, en la final de la Supercopa Argentina.
— San Lorenzo (@SanLorenzo) February 10, 2025
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El impacto en Boca y la memoria del Ciclón
Para Boca, el 4‑0 fue un golpe que resonó más allá de la cancha. La prensa destacó la falta de reacción y cuestionó decisiones tácticas, mientras los hinchas lloraban por un resultado que difícilmente olvidarían.
Para San Lorenzo, cada gol fue un eco de orgullo y esperanza. La victoria significó mucho más que un trofeo: abrió las puertas a la Copa Sudamericana 2016, donde llegó a semifinales, y consolidó la identidad de un equipo que podía desafiar a cualquier gigante del fútbol argentino. Como dijo Belluschi después del partido: “Jugamos como un equipo que se respeta y confía en sí mismo. Hoy, el Ciclón mostró su corazón”.
San Lorenzo y una noche para la historia
El 10 de febrero de 2016 no fue solo un partido; fue un relato de fútbol convertido en mito. Cada pase, cada gol y cada reacción del Kempes quedó grabada en la memoria colectiva. San Lorenzo no solo ganó, sino que imprimió su marca en la historia de la Supercopa Argentina, recordando que los equipos se hacen grandes no solo por los títulos, sino por cómo los consiguen.
Esa noche, el Ciclón enseñó que la épica puede medirse en goles, pero también en convicción, planificación y unidad. Fue una demostración de fútbol que sigue siendo recordada como una de las goleadas más emblemáticas contra Boca Juniors en la historia reciente, un recuerdo imborrable para la hinchada azulgrana y un ejemplo de cómo se construyen leyendas en la cancha.
