Era tal la locura del momento que ni importó si Santiago Beltrán se había adelantado en el último penal. Los jugadores salieron corriendo a abrazar a su héroe -una vez más- y el Monumental explotó, en este caso de alegría y euforia, a diferencia de lo que había pasado minutos antes.
River, en definitiva, eliminó por penales a San Lorenzo en un partido que será recordado por mucho tiempo y jugará los cuartos de final del Torneo Apertura 2026.
Acto I: De la tranquilidad a la bronca
Pese al enojo que había generado la derrota ante Atlético Tucumán en Núñez hace apenas una semana, en un partido sin mucha importancia pero que se sumaba al fracaso en el Superclásico -y a meses de pálidas acumuladas-, el Monumental recibió al plantel, que entresemana había ganado un partido épico contra Carabobo en Venezuela, con cierto cariño.
Cierto cariño, claro, se traduce como tímidos aplausos y escasos silbidos, un clima cálido teniendo en cuenta lo que se vivió durante buena parte de los últimos meses en el Estadio Antonio Vespucio Liberti.
Beltrán, Montiel, Acuña y Quintero, seguramente los más queridos por el público, fueron los que más aplausos motivaron, mientras que Colidio, Bustos y Galoppo, los más apuntados, sin tanta saña como otros días más oscuros.
En definitiva, tratando de tirar todas las patas riverplatenses -léase plantel, cuerpo técnico, hinchada y dirigencia- para el mismo lado, parecía una buena idea apoyar a un equipo que sigue obteniendo buenos resultados pero no convence ni un poco en el juego.
Este domingo, sin embargo, River salió con más actitud. No jugó bien, está claro, pero mostró mucho más que en otros partidos. 11 contra 11, durante media hora, fue muy superior al Ciclón, haciendo ancha la cancha y mostrando movilidad y fluidez para acercarse a Gill, pero falló en el pase y el toque final, otro karma del Millonario.
No obstante, cuando San Lorenzo se puso en ventaja jugando con 10, esa tranquilidad sostenida por nudos que aflojan con un soplido, aprovechando concesiones defensivas, se fue por la borda.
Esos tímidos aplausos, de repente, eran murmullos. Y esa bronca iba in crescendo a la par que el reloj avanzaba irremediablemente hacia los 90 minutos.
Acto II: De la bronca a la ruptura
Luego, lo que durante tantos años se hizo cosa del pasado y ahora ya es costumbre: silbidos y un cancionero fresco con temas como "Movete, River, movete", "A ver si nos entendemos, los jugadores y la popular" o "Escuchen, los jugadores".
Por la magia de Juanfer Quintero, el mejor jugador de fútbol del equipo, el Millonario llegó al empate. Pudo ganarlo sobre la hora, frente a un equipo que buscaba aguantar la igualdad, pero no pudo. Parecía que no le iba a salir nada, ni en un contexto favorable. Y encima, en el comienzo del alargue, pasó a perder de nuevo.
Ahí el Monumental terminó de explotar. El "que se vayan todos", sucedido casi inmediatamente por el centro-gol del colombiano, que repudió a su propia hinchada, es un tema diferente. Casi de rotura.
El presente de River, desde mediados de 2025, primero con Marcelo Gallardo y ahora con Eduardo Coudet, que se sigue sosteniendo en resultados y en carisma, es muy malo en lo futbolístico.
Nadie puede argumentar que el Millonario juega bien, pero además, en paralelo, se genera un desencuentro constante con el hincha que no le permite salir de un espiral negativo que parece no tener fin.
Los jugadores, salvo contados referentes y juveniles, juegan en Núñez con un peso, como tratando de no equivocarse. Y eso también va en contra de la creatividad, de la inventiva, de hacer algo diferente.
Acto III: De la ruptura a la locura
River estuvo eliminado muchas veces en una sola noche. Fue perdiendo durante buena parte del partido, remó de atrás desde el comienzo hasta el final del alargue y estuvo al borde del abismo en los penales. Que haya clasificado es un milagro.
Días después de darle un tinte épico a una victoria en Venezuela por Sudamericana, el equipo de Coudet volvió a hacerlo en un clásico, pero jugando 90 minutos 11 contra 10.
Esos problemas ya ocuparán a Coudet, que es el primero en saber que tienen que mejorar demasiado (y lo dice en cada oportunidad, pese a tratar de agarrarse de lo -poco- bueno), pero en definitiva River se terminó metiendo por la ventana en cuartos de final.
Antes de los penales, una canción que ya es cábala para esa instancia ("Yo soy de River, de River de corazón") acompañó al equipo. En la tanda no hubo tiempo para más que festejar y, principalmente, sufrir.
San Lorenzo tuvo tres 'match points', dos de ellos con penales propios, pero se encontró con Beltrán y con su propia ineficacia. River, a contracorriente de lo que le había pasado toda la noche, no falló con Montiel y Freitas y terminó festejando una victoria tan sufrida como emotiva.
River y una noche que necesitaba... demasiado
En la próxima instancia, el River de Coudet recibirá a Gimnasia y Esgrima La Plata, que eliminó a Vélez en el Amalfitani y completó un casi pleno de la Zona B, cuyo único equipo que falló fue Independiente Rivadavia, el líder.
El partido con el Lobo será este miércoles, casi inmediatamente, y en el calendario hasta el final del semestre también aparecen los partidos en el Monumental contra Red Bull Bragantino y Blooming, buscando sellar la (encaminada) clasificación a octavos de final de la CONMEBOL Sudamericana, además de hipotéticos cruces de semis -se aseguró también la localía- y final.
Pero antes de Gimnasia, River disfrutará mucho de esta noche, con el hándicap de que Boca quedó eliminado un día antes, algo que la hinchada pudo gozar poco, apenas un rato en la previa y cuando terminaron los sufridos penales.
No tanto por ganarle por penales a San Lorenzo ni por avanzar a cuartos de final, tópicos que incluso bien pueden ser una exigencia, sino por la manera: River necesita que lo de este domingo sea, de una vez por todas, un punto de partida. Ese triunfo bisagra que cambia las vibras y le permite salir del bucle de negatividad.
Si bien de la mano del Chacho ya venía ganando con sufrimiento, lo de este clásico superó cualquier otra prueba de los últimos tiempos, tanto con Gallardo como Coudet. Ni la insulsa clasificación ante Libertad por la Libertadores, también en los penales, se asemeja a este triunfo, quizás tampoco las últimas victorias en Superclásicos, que ya quedan un poco lejanas.
River necesitaba demasiado un triunfo como el de este domingo. Y, a partir de ello, evocando la unión que pide su DT, tratará de ganarse a su público y, por qué no, soñar con un título. Son apenas tres partidos...
