Ángel Di María tardó más de dos años en dar una asistencia en Champions League.
Desde noviembre de 2013 no ponía un pase a gol en la competencia continental. Entonces atendía en Madrid, donde aún se le recuerda -- y añora -- como el hombre que hizo posible ‘la Décima’, por encima del famoso ‘minuto 93’ de Sergio Ramos. Desde entonces, el argentino ha pasado por un Mundial frustrado por una lesión, dos controversiales cambios domiciliares, el primero al sentirse poco valorado, el segundo, por la necedad ajena.
Aunque parecía trastabillar en sus primeros días en París, se ganó pronto la confianza de Laurent Blanc, que lo ha defendido contra viento y marea cuando más arreciaban las críticas al juego del equipo. El francés sabía que su jugador, tarde o temprano, iba a brillar. No tardó mucho y hace rato que en Francia se asume con naturalidad la magia del Fideo y que comparta protagonismo con Ibrahimovic. Que sin él, PSG pierda la mitad de su capacidad en creación.
Ante el Chelsea en la ida de los octavos de final de la Champions League fue mucho más. Amo y señor del campo, hizo lo que quiso con el Chelsea. Aparecía por cualquier banda, filtraba, pases, desarmaba en dos movimientos el centro del campo del cuadro inglés. Los volvió locos, sobre todo a César Azpilicueta, que lució mientras cubrió a los mortales.
El Fideo es difícil de contener, ya no digamos defender. Es la clase de jugador que sabe qué va a hacer dos movimientos antes, que en segundos desestabiliza hasta a la defensa mejor posicionada y encima corre. Buscó romper por donde fuera a la defensa Blue durante un rato, hasta que se cansó y recurrió a la magia. Le bastó un hueco minúsculo entre dos defensas para calcular el desmarque de Cavani y ponerle un paso soberbio para que el uruguayo decidiera.
Con la del martes, Ángel Di María sumó 11 asistencias en lo que va de la campaña entre Liga y Champions; 14, contando la Copa de la Liga de Francia. Más que cualquier otro jugador en el país galo. De acuerdo con los números de la UEFA, llegó a diez asistencias en las últimas cuatro temporadas de la UCL, más que cualquier otro jugador.
La jugada de la noche después de hacer todo el trabajo pesado; se dice fácil, pero hacer cinco regates en un partido de eliminatoria directa de Champions League y perder sólo un balón en el proceso requiere algo más que talento y suerte. Lo mismo que para poner cuatro pases filtrados -- más que ningún otro jugador en todo en el partido.
El gol era fundamental para los parisinos, que necesitaban revertir la ligera ventaja en la eliminatoria que el Chelsea había tomado al empatar 1-1 gracias al tanto de visitante antes de jugar la vuelta en Stamford Bridge y con la actuación que estaba dando Di María era cuestión de tiempo para que sucediera ya sea desde sus botas -- tuvo hasta cuatro intentos -- o las de algún socio, pues en cuanto el argentino decidió tomar el control no lo volvió a soltar.
