LIVERPOOL -- Jürgen Klopp insinuó que no creía que Liverpool pudiera hacer un milagro contra Barcelona en la Champions League, y el lunes reconoció que un "hermoso fracaso" quizá sería lo máximo a lo que su equipo podría aspirar contra los campeones de España.
Vamos, Jürgen, hay que tener más fe. Sus jugadores demostraron que son capaces de cualquier cosa, pero nada puede superar la paliza de 4-0 que le propinaron a Barcelona cuando tenían todas las de perder.
Luego de la derrota por 3-0 en el partido de ida de la semifinal en el Camp Nou, cuando Liverpool fue volteado por la genialidad de Lionel Messi, Klopp y sus jugadores llegaron con muy pocas esperanzas al partido de vuelta en Anfield. Y encima, tendrían que arreglárselas sin dos delanteros claves --Mohamed Salah y Roberto Firmino-- por lesiones.
Pero esto es Liverpool, y esto es Anfield, y, bueno, todos los mitos y las historias fantásticas sobre este lugar se hicieron realidad en una noche inolvidable de fútbol vibrante y audaz. Barcelona, el poderoso Barcelona, fue despachado sin piedad con dos goles de un delantero improvisado (Georginio Wijnaldum) y otros tantos de un jugador (Divock Origi) que estaba de préstamo en Wolfsburg a esta altura de la temporada pasada.
Ésta fue la noche de Liverpool, no se equivoquen. Fue un resurgimiento memorable, más histórico que cualquier otra cosa que haya visto este estadio, pero Barcelona jugó su parte de una manera que no podría haber imaginado en sus peores pesadillas.
Supuestamente había aprendido la lección tras el revés de la temporada pasada en Roma, cuando quedó eliminado con una derrota por 3-0 en el Estadio Olímpico, pero esto fue peor. Barça colapsó. Quizá arrancó el partido creyendo que lo tenía ganado --demasiado complaciente, arrogante-- y Liverpool lo castigó sin piedad.
Pero esto es lo que Liverpool hace en Anfield en sus partidos europeos, independientemente de quién esté a cargo en la línea de banda. Desde el gol del triunfo de David Fairclough contra Saint-Etienne en 1997 y el "gol fantasma" de Luis García que alcanzó para superar a Chelsea en 2005 hasta la increíble remontada contra Borussia Dortmund en 2016 y el vapuleo a Manchester City la temporada pasada, Anfield convierte a los hombres de rojo en superhéroes cuando la gloria europea está en juego, y Barça se convirtió en la última adición de renombre a su larga lista de víctimas.
Sin embargo, el ruido del Kop sólo fue uno de los ingredientes de esta impactante victoria. La hinchada fue el jugador número 12, pero Klopp y sus hombres fueron los arquitectos y los constructores de un triunfo que llevó a Liverpool a la final, que se disputará el mes próximo en Madrid.
Alisson, el arquero de Liverpool, formó parte del equipo de la Roma que obró su propio milagro contra Barcelona la temporada pasada, y reconoció que ese resultado fue un factor en su preparación para este cruce.
"Intentas visualizarlo antes del partido, pero es casi imposible de hacer, imaginar que las cosas funcionarán tal como quieres", le dijo Alisson a Sky Italia. "Me sucedió el año pasado con Roma. Y volvió a suceder esta noche".
Para dar vuelta la serie, Liverpool tuvo que hacer todo bien. No podía darle a Barcelona la oportunidad de condenarlo con un gol visitante, que habría obligado al equipo local a marcar cinco, y tuvo que aprovechar cada una de las oportunidades que se le presentaron.
Pero la suerte le sonrió a Liverpool a los siete minutos, cuando el cabezazo desviado de Jordi Alba le cayó a Sadio Mané, quien asistió a Jordan Henderson. El capitán de Liverpool irrumpió en el área grande y pateó al arco, pero su intento fue atajado por Marc-Andre ter Stagen. Sin embargo, el arquero de Barça sólo pudo cachetear la pelota, y Origi convirtió a seis yardas para darle a Liverpool el mejor arranque.
Anfield se sacudió, pero Barcelona respondió con fuego, mientras que Messi forzó a Alisson a atajar un tiro por encima del travesaño a los 14 minutos. Luis Suárez, alguna vez el mimado de Anfield, se convirtió en su enemigo mentiras que se entreveró en feos enfrentamientos con Andy Robinson y Fabinho, haciendo que sus viejos seguidores lo trataran de tramposo y le cantaran echándolo de la cancha.
La pasión en las gradas impulsó a los jugadores de Liverpool, pero llegó el descanso y el partido estaba 1-0. Liverpool necesitaba dos goles más. De todas maneras, Wijnaldum, un sustituto en el descanso por el lesionado, Robertson, se ganó un lugar en la historia de Liverpool al anotar dos veces dentro del lapso de 120 segundos, en los minutos 54 y 56, para elevar el nivel del equipo de Klopp en el global.
Si Anfield se sacudió después del primer gol de Origi, ahora ya era un terremoto desde los cimientos lo que se sentía, porque el público comenzó a sentir que Barcelona se estaba poniendo de rodillas. Incluso Messi parecía aturdido al ver las escenas a su alrededor.
"Después de esos dos goles, el partido se nos fue de las manos", dijo el entrenador de Barcelona, Ernesto Valverde, después del partido. "No pudimos marcar y ellos nos pasaron por encima”.
Valverde fue acertado en sus comentarios. Barcelona se vio arrasado. El mejor equipo de España simplemente se paralizo cuando tuvo que enfrentar la intensidad y la sed de victoria de Liverpool.
Aunque la historia no terminó 3-0. Barcelona todavía sabía que estaba a un gol de hacer girar el péndulo a su favor y seguir en carrera hacia Madrid. Pero el mundo se les vino encima en el minuto 79, cuando Origi convirtió otra vez para que el partido pasara a 4-0 y dejara a Liverpool adelante en el global.
Barcelona se durmió en un rincón, con el cruce de Trent Alexander-Arnold a Origi agarrándolos completamente desprevenidos. Origi todavía tenía que dejar a la pelota adentro del arco, pero esto es Anfield, de modo que era seguro que iba a terminar allí.
Con el partido 4-0, miles de seguidores de Liverpool comenzaron a reservar sus pasajes a Madrid, mientras que la misma cantidad de catalanes comenzaron a cancelar sus reservas de hoteles. Esta fue la noche de Liverpool y fue una que ninguno de los que estuvo en Anfield se olvidará jamás.
"Todo el partido fue demasiado", dijo Klopp. "Fue arrollador. Enfrentamos, quizá, al mejor equipo del mundo. Ganar nunca es fácil, pero ganar así, sin haberles permitido marcar un gol, no sé cómo lo hicieron. Es increíble.
"Vi a James Milner llorando en la cancha después del partido. Esto significa mucho para todos nosotros. Es la mejor fase del fútbol. Hay cosas más importantes en la vida. Pero crear esta atmósfera emocional juntos es algo realmente especial”.
¿Un fracaso hermoso? Tal vez no. La sexta copa europea de Liverpool los estará esperando para que la levanten el próximo mes.
